Revista de Prensa

El Estado Islámico sigue siendo temible

 

Estado Islámico

El califato terrorista ha perdido el 45% de su territorio en Irak y el 20% en Siria. Sin embargo, su poder destructivo está lejos de haber sido anulado, advierte el periodista Sheldon Kirshner.

[El Estado Islámico] ha acelerado el ritmo de sus ataques en Irak y Siria, donde tiene desplegados entre 18.000 y 20.000 combatientes. Durante el primer trimestre de 2016 lanzó 891 ataques, un aumento del 44% respecto a meses anteriores, y mató a 2.150 sirios e iraquíes.

La franquicia del Estado Islámico en Egipto radicada en la Península del Sinaí ha atacado oficinas del Gobierno, así como bases y patrullas militares. El pasado octubre (…) derribó un avión ruso con más de 220 pasajeros a bordo.

En Libia, donde el caos ha reinado desde el derrocamiento del dictador Muamar Gadafi, en 2011, el Estado Islámico ha conquistado ciudades y pueblos a lo largo de la costa mediterránea.

Jenna Jordan y Lawrence Rubin, de la Sam Nunn Scholl of International Affairs, titulan de esta forma el artículo en el que explican el tipo de política que la Casa Blanca está aplicando en la batalla contra la referida organización terrorista. Esa política de contención funciona contra la amenaza militar de un Estado, apuntan, pero no tanto cuando se trata de acabar con una ideología criminógena.

La contención no puede ser aplicada de la misma manera contra el EI, un adversario difícil de alcanzar que tiene rasgos de Estado, organización terrorista transnacional y movimiento social. Además, es mucho más difícil de contener una amenaza ideológica que una militar, como demostró la experiencia de EEUU con la Unión Soviética. Es esencial que los dirigentes políticos reconozcan lo que la contención puede y no puede hacer contra el EI.

En cambio, la contención debería ser comprendida como una manera de limitar la expansión territorial del EI en Irak y Siria, y no como un esfuerzo para destruir la organización. Esta es una tarea difícil en una temporada muy cargada de elecciones, donde las alternativas políticas van desde el bombardeo al acuerdo para enviar un gran número de tropas. Por tanto, para llevar al éxito los esfuerzos contra el EI, EEUU debería establecer tres expectativas realistas. La primera, debería dejar claro que EEUU puede contener al EI como Estado o grupo insurgente, pero no su ideología. En segundo lugar, EEUU puede evitar la expansión del EI en zonas periféricas mediante el fortalecimiento de la resistencia de las comunidades locales (…) Tercero, EEUU debería seguir fortaleciendo nuestras defensas contra los ataques en suelo estadounidense.

Las relaciones de Washington y Riad

Abderramán al Rashed, exdirector general del canal de Al Arabiya, resalta las similitudes entre las problemáticas relaciones de Arabia Saudí y EEUU al final de la II Guerra Mundial y las de ahora, signadas por la emergencia de Irán como gran potencia regional.

El abandono de Washington de su posición previa ha confundido todos los cálculos políticos de Riad y le ha hecho buscar otras opciones por primera vez desde la era del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt (…)

Si Washington quiere mantener intereses en el Golfo, debe aceptar el interés mutuo. Lo que está ocurriendo en la región debido a la inclinación política de EEUU hacia Irán no es un secreto. Como resultado, Egipto, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y otros países han mejorado sus relaciones con Rusia y China.

(…)

Algunos en Washington creen que las relaciones con Arabia Saudí y otros países del Golfo pueden ser reemplazadas con las relaciones con Irán, desde que los iraníes se han manifestado dispuestos a abrirse a Occidente y acabar con sus hostilidades.