Contextos

El Estado Islámico se enfrenta a la bancarrota

Por Pablo Molina 

Abu Bakr al Bagdadi
"El Estado Islámico se acerca a la bancarrota, pero el disciplinado fanatismo de sus integrantes y su férreo control de la situación en los territorios que subyuga pueden prolongar la agonía de manera impredecible"

Los golpes recibidos por el Estado Islámico en sus principales feudos, sobre todo por parte de la coalición internacional liderada por EEUU, han dañado severamente las principales fuentes de financiación con las que mantiene su maquinaria bélica. No solo eso: las penurias económicas por las que atraviesa, agravadas por el descenso acusado del precio del crudo (el contrabando de petróleo es uno de sus grandes negocios), están provocando rebajas salariales y drásticos racionamientos en las zonas controladas por los hombres de Bagdadi.

Tal y como detalla Associated Press en su último reportaje sobre el Estado Islámico, el califato terrorista trata a estas alturas de mantener a flote una vasta organización con aspiraciones estatales que se tambalea en el terreno financiero.

Atrás quedaron los tiempos en los que el EI cuidaba a sus hombres con altos salarios, ayudas por hijo nacido y viajes de luna de miel a gastos pagados. La situación en estos momentos es completamente distinta. No sólo se han eliminado las gratificaciones habituales a los yihadistas, sino que los sueldos han sufrido fuertes recortes: 

En Raqa, feudo del grupo en Siria, los salarios se han reducido a la mitad desde el pasado diciembre, la electricidad está racionada y los precios de los artículos básicos están disparados, fuera de control, de acuerdo con individuos que se han exiliado de la ciudad.

Aymen Jawad al Tamimi, un investigador del Middle East Forum que ha examinado documentos internos del EI, asegura que los problemas económicos del califato tienen su origen en el esfuerzo bélico, cada vez mayor, al que se ve obligado por el acoso de la coalición internacional. Según Tamimi, dos tercios del presupuesto total del EI va destinado a actividades militares, pero los combatientes de Faluya, en Irak, sólo comen ya dos veces al día.

Las restricciones presupuestarias no se limitan tan sólo a los terroristas. Los empleados públicos de las zonas que controlan (jueces, maestros, personal sanitario, etc.) han visto también cómo sus sueldos se reducen un 50 por ciento.

El Estado Islámico amenazó en su día con acuñar moneda propia y hacer caer el dólar. La realidad, hoy, es que exige el pago de las tasas a los habitantes de sus feudos precisamente en la moneda estadounidense, única manera de poder acceder al mercado internacional para aprovisionarse de armas y suministros.

Pero tal vez el dato que pone de relieve la gravedad de la situación financiera del EI es el cambio sustancial en el régimen de castigos impuesto en Mosul. En la tercera ciudad de Irak, los detenidos por la policía religiosa pueden evitar las fustigaciones pagando una multa en dólares. En Faluya, los familiares pueden obtener la libertad de un prisionero pagando 500 dólares, y salir de la ciudad entregando a los terroristas 1.000 dólares.

El Estado Islámico se acerca a la bancarrota, pero el disciplinado fanatismo de sus integrantes y su férreo control de la situación en los territorios que subyuga pueden prolongar la agonía de manera impredecible. De hecho Tamimi, el experto consultado por Associated Press, no cree que esté a punto de desencadenarse una revuelta contra el califato, sino que más bien estaríamos ante un declive que cada vez será más acusado. En todo caso, el hecho de que una organización terrorista que ofrecía como aliciente para el alistamiento un alto nivel de vida según los estándares de la región ya no pueda financiar esos gastos es un elemento del que pueden derivarse consecuencias de todo tipo en un futuro próximo.