Revista de Prensa

El Estado Islámico quiere que odies a los refugiados sirios

 

Estado Bandera del Estado Islámico de Irak y el Levante

La crisis migratoria con origen principal en el Gran Oriente Medio se ha convertido en un problema global que en no pocas ocasiones se está traduciendo en suspicacia y rechazo hacia los migrantes. Adam Taylor explica en las páginas de The Washington Post que eso es precisamente lo que quiere el Estado Islámico.

Si los refugiados musulmanes llegan a Europa y son bien acogidos, se socavará profundamente la legitimidad del Estado Islámico. Aaron Zelin, miembro del Instituto Washington para la Política de Oriente Próximo, ha analizado algunos de los mensajes que el EI ha dirigido a los refugiados que llegan a Europa desde Oriente Medio. Dichos mensajes dan la impresión de un profundo malestar e incluso de celos de que la población musulmana, que el EI quiere para su proclamado califato, prefiera vivir en tierra de “infieles” occidentales.

“¿Cambiarías lo que es mejor por lo que es peor?”, es el título de uno de los mensajes en video. Suena más como la nota de un ‘ex’ despechado.

John Hannah analiza para Foreign Policy la reciente victoria del Partido Justicia y Desarrollo en las elecciones legislativas turcas, que le ha permitido recuperar la mayoría absoluta perdida en los comicios de junio.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, preparó esas elecciones avivando el conflicto con los kurdos y maniatando a los medios incómodos. Su victoria, según Hannah, supone que el pueblo turco ha dejado atrás la última oportunidad para mantener un régimen democrático, respetuoso con los derechos humanos, para echarse en manos de un dirigente cuyas ambiciones carecen ahora de límites.

La mayoría de los observadores turcos interpretaron el intento de Erdogan claramente como un movimiento cínico condenado al fracaso, el acto desesperado de un déspota cada vez más paranoico, un aspirante a sultán sintiendo su poder escabullirse. La hipótesis predominante era que el pueblo turco había calado las intenciones de Erdogan, especialmente después de haber mostrado ese rechazo a sus ambiciones autoritarias tan sólo unos meses antes. Ciertamente, no iban a girar en redondo y a premiar la oleada incendiaria de Erdogan abrazándose al bombero, ¿no?

Falso. Eso parece ser exactamente lo que ha ocurrido. La decision de Erdogan de jugar con el conflicto kurdo tenía dos objetivos principales. Primero, agitar la histeria nacionalista tras el AKP. Segundo, reducir el apoyo al HDP. En ambos casos ha tenido éxito y de forma bastante espectacular.

David Pollock matiza en Mosaic un estudio de Daniel Polisar, publicado con anterioridad en el mismo medio, acerca de las ideas predominantes en el pueblo palestino en torno a su relación con el Estado de Israel.

Pollock sostiene, con sus propias encuestas, que los palestinos distinguen entre sus objetivos inmediatos y la visión a largo plazo.

(…) creo que la realidad es en algunos aspectos mejor de lo que supone Polisar y en otros, peor. Mejor: hay abundantes evidencias de que el público palestino, cuando se presenta un ‘acuerdo global’, está considerablemente más inclinado a aceptar el compromiso con Israel que cuando los asuntos se ven aisladamente. Esto se aplica incluso en las cuestiones más espinosas, como el futuro de Jerusalén, el ‘derecho de retorno’ o el reconocimiento como Estado judío. Peor: Polisar acepta la noción de que la mayoría de los palestinos apoyan la violencia a pesar de la constante oposición a ella de Mahmud Abás. De hecho, Abás y otros líderes palestinos envían constantemente una mezcla de mensajes en este asunto clave, oponiéndose a la violencia en abstracto mientras continúan glorificando individualmente a los terroristas en discursos oficiales, ceremonias y medios de comunicación.

Reuel Marc Gerecht explica en este artículo para la Fundación de Defensa de las Democracias la utilización que el régimen de Teherán está haciendo del grupo terrorista liderado por el califa Bagdadi, a fin de avanzar hacia la consecución de sus objetivos estratégicos.

Por debajo de las expresiones de preocupación, sin embargo, hay una estrategia más cínica. Irán está usando el ascenso del EI en Oriente Medio para consolidar su poder. El país es ahora el aliado clave para mantener en pie el régimen chií de Irak y el alauita de Bashar al Asad contra unos yihadstas tenaces y bien armados. En esas batallas, Teherán probablemente hará lo justo para estar seguro de que los suníes no conquistan las regiones chiíes de Irak y el enclave de Asad en Siria, pero nada más. Mientras tanto, en la estela del EI, Teherán fortalecerá sus propias milicias radicales chiíes.

El resultado podría ser una permanente desestabilización del corazón del territorio árabe. Eso sería un éxito para la República Islámica, que ha visto su suerte crecer, mientras Egipto y Turquía se han sumido en crisis y Arabia Saudí, uno de sus más serios rivales suníes, se ha empantanado en una guerra en el Yemen.