Contextos

El Estado Islámico produce extraños compañeros de cama

Por Pablo Molina 

Gráfica del WSJ sobre los extraños compañeros de cama que ha hecho el Estado Islámico.

El esfuerzo internacional emprendido para combatir al Estado Islámico (EI) agrupa a Estados y otros actores políticos con los intereses más dispares. De hecho, las relaciones bilaterales de algunos de los países que han comprometido su participación en la lucha contra el EI son inexistentes, cuando no abiertamente signadas por la hostilidad. Si a los Gobiernos comprometidos en la batalla contra el EI añadimos a grupos étnicos como los kurdos o terroristas como Al Qaeda, también interesados en que desaparezca el califato del terror, tenemos un entramado difícil de desentrañar.

Así las cosas, el diario norteamericano The Wall Street Journal ha elaborado un gráfico que contribuye notablemente a explicar por qué adversarios clásicos como Arabia Saudí, Irán e Israel están en estos momentos y en esta cuestión en un mismo bando.

Irán y EEUU, embarcados en las negociaciones sobre el programa nuclear de la República Islámica, tienen en común su deseo de ver un Gobierno fuerte en Bagdad que contribuya a estabilizar el país, una parte del cual está bajo el yugo del EI. Rusia y China, poderes antagónicos a EEUU, se han prestado a colaborar en este esfuerzo conjunto por la amenaza terrorista que el EI supone también para sus intereses, a pesar de las fuertes discrepancias que les separan de Washington a cuenta de la propia guerra siria, en la que China y Moscú apoyan sin fisuras a Bashar al Asad.

Los kurdos, pueblo repartido por Turquía, Siria, Irak e Irán, forman parte del esfuerzo bélico contra el EI a pesar de que estos cuatro países se han mostrado siempre refractarios a cualquier reconocimiento de la soberanía kurda sobre parte de sus territorios. La amenaza del EI es tan grave y cercana que la necesidad de colaboración prevalece en los cálculos de unos y otros.

Qatar, Turquía y EEUU han sido tres de los países que más abiertamente criticaron el golpe militar que acabó con el Gobierno islamista de Mohamed Morsi en Egipto. Pues bien, los cuatro países están de acuerdo ahora en que poner freno al EI es prioritario.

Pero sin duda la mayor paradoja la encontramos en el interés común de EEUU y Al Qaeda en erradicar el EI. La superpotencia mundial está dispuesta a acabar con una amenaza directa para las democracias occidentales. Por su parte, el grupo terrorista creado por Osama ben Laden no escapa a las amenazas de su criatura, decidida ahora a alzarse con la hegemonía en el terrorismo yihadista.

Tomen formalmente parte o no en la coalición internacional creada al efecto, lo cierto es que numerosos países que tradicionalmente han defendido intereses contrapuestos ahora se disponen a realizar un esfuerzo común para acabar con una amenaza formidable. Veremos cómo se reconfiguran las relaciones de todos estos actores una vez consigan derrotar al EI, si es que lo consiguen.