Contextos

El Estado Islámico prefiere a Trump

Por Pablo Molina 

Donald Trump.
"Un líder al mando de la principal potencia militar del planeta dispuesto a exacerbar el enfrentamiento con los islamistas es un regalo providencial que aceleraría la llegada de ese tremebundo apocalipsis"

Uno de los principales asuntos que se ventilan en la campaña electoral estadounidense es la política exterior de los dos principales candidatos. En este ámbito, uno de los grandes temas es la lucha contra el terrorismo islamista, en la que EEUU desempeña un papel primordial, pese a las reticencias de Obama a implicarse de un modo más directo en los escenarios de conflicto más acuciantes.

Precisamente esta reluctancia demócrata a involucrarse más directamente en la erradicación de la amenaza terrorista islamista es uno de los argumentos que Donald Trump utiliza para desmarcarse claramente de la actual Administración. El candidato republicano hace constantemente duros alegatos contra los grupos islamistas y promete acciones contundentes para librar a su país de esta amenaza, aunque ello suponga cometer una clara injusticia con los musulmanes moderados que viven en EEUU o tratan de llegar allí escapando, precisamente, del terror islamista.

Bajo estas premisas, Trump debería ser el enemigo principal de esos grupos, entre los que destaca por méritos propios el denominado Estado Islámico (EI). Sin embargo, según Mara Revkin y Ahmad Mhidi, el califato terrorista está encantado con la posibilidad de que el millonario empresario neoyorquino llegue finalmente a la Casa Blanca.

“Pido a Alá que entregue América a Trump”

Esa frase es de uno de los portavoces del EI, y por supuesto alude a un hipotético triunfo del magnate en las elecciones presidenciales estadounidenses del próximo mes de noviembre. En las redes utilizadas por el grupo terrorista para comunicarse con sus seguidores abundan mensajes de este tipo, hasta el punto de que incluso hablan de que “facilitar la llegada de Trump a la Casa Blanca debe ser una prioridad para los yihadistas, a cualquier precio”.

Los argumentos del EI para apoyar a Trump son coherentes con su estrategia global por cuatro razones fundamentales, sostienen Revkin y Mhidi:

Primero, la retórica antimusulmana de Trump apoya la narrativa del EI sobre un mundo bipolar en el que Occidente está en guerra con el islam. Segundo, el EI confía en que Trump radicalizará a los musulmanes en EEUU y Europa y los animará a cometer atentados de lobos solitarios en sus países. Tercero, los secuaces del EI creen que Trump sería un líder irracional e inestable cuyas decisiones impulsivas debilitarían a EEUU.

Finalmente, el EI da gran importancia a la profecía que dice que al final de los tiempos tendrá lugar una batalla decisiva entre los musulmanes y el resto del mundo, en la que el islam se alzará victorioso y dominará a todas las naciones. Desde esta perspectiva, un líder al mando de la principal potencia militar del planeta dispuesto a exacerbar el enfrentamiento con los islamistas es un regalo providencial que aceleraría la llegada de ese tremebundo apocalipsis.

Un desertor de la organización terrorista declaró:

Nos encanta cuando Trump dice cosas malas de los musulmanes porque deja muy claro que hay dos bandos en esta batalla: el islamista y el antiislamista.

Los defensores de Trump rechazan esta interpretación y por otro lado ponen de manifiesto que los musulmanes estadounidenses prefieren claramente en las encuestas a Hillary Clinton. Sea como fuere, lo cierto es que la campaña electoral estadounidense también está siendo seguida con mucha atención por los dirigentes califato terrorista.