Revista de Prensa

El Estado Islámico está a las puertas de Israel

 

Convoy del Estado Islámico.

Fabrice Balanche, del Washington Institute, da la voz de alarma acerca de la existencia de células terroristas islamistas en la zona siria de los Altos del Golán, que el régimen de Asad ya no está en condiciones de controlar.

(La calma relativa a lo largo de la frontera israelí) es cada vez más frágil. El Estado Islámico es la amenaza más inmediata, seguido del Frente al Nusra, cuyos líderes podrían volver rápidamente su yihad anti Asad hacia Israel si las circunstancias lo aconsejan. Después de todo, la rama siria de Al Qaeda todavía cree que el objetivo definitivo de su batalla es la recuperación de Jerusalén y la destrucción de Israel…

(Además), atacar Israel tendría un valor añadido para el EI, especialmente dados sus recientes reveses en todas partes. La Historia nos enseña que golpear a Israel o mostrar apoyo a la causa palestina es un recurso frecuente de los déspotas árabes cuando están contra las cuerdas. Por ejemplo, cuando Sadam Huseín estaba siendo atacado por la coalición internacional en 1991, trató de movilizar al mundo árabe a su favor lanzando misiles contra Israel. Por ahora, el área controlada por la rama meridional del Estado Islámico está aislada del resto de su territorio, pero su conexión no es algo inalcanzable.

El parlamento israelí aprobó la pasada semana una ley que obliga a las organizaciones que reciban más de la mitad de sus fondos de gobiernos extranjeros a comunicar esta circunstancia. Los críticos denuncian que no se requiere lo mismo a las ONG financiadas por particulares. Eugene Kontorovich, del Kohelet Policy Forum, demuestra que esa distinción tiene toda la lógica.

Los gobiernos son, de hecho, diferentes de los individuos ricos. Los gobiernos tienen política exterior, reglas de comercio y votos en la ONU -y usan los grupos que financian en Israel para producir documentos que luego invocan cuando llevan a cabo dichas acciones. Las personas privadas no tienen poderes similares. Como una cuestión básica de integridad democrática, los grupos que dependen principalmente de los fondos gubernamentales no deberían poder exhibir su estatus de ONG sin, al menos, una aclaración en la letra pequeña.

Por otra parte, Israel tiene mejores razones para adoptar un enfoque diferente en este asunto que otras democracias occidentales, porque el sobredimensionado papel de estos grupos extranjeros -y específicamente los financiados por Europa- es particularmente grave en Israel. Proteger la integridad de la democracia israelí requiere reglas de transparencia especiales.

En torno a la polémica ley aprobada recientemente por el parlamento israelí, Elliott Abrams, del Council on Foreign Relations, apoya la tesis de que el Estado judío, acosado por decenas de organizaciones financiadas desde el exterior, tiene derecho a exigir que esa información relevante esté a disposición del público.

En Israel, muchos grupos izquierdistas que atacan incesantemente no solo al actual Gobierno y sus políticas, sino la legitimidad del país y la conducta de las IDF, han estado financiados ampliamente por países europeos. La nueva ley israelí no impide (la financiación extranjera) y no interfiere con la libertad de expresión; tan sólo dice que los datos financieros tienen que indicarse en todas las comunicaciones públicas por el grupo israelí perceptor. Sin duda el efecto neto será socavar la credibilidad de tales grupos, o eso me parece a mí -y presumiblemente a los redactores de la nueva ley. Si uno ve un lunes que los Países Bajos denuncian en voz alta a Israel ante la ONU y el martes que algunos grupos israelíes que denuncian al Gobierno están financiados por los Países Bajos, es muy fácil sumar dos más dos. En cualquier caso, se debería disponer de esa relevante información…