Revista de Prensa

El Ejército libanés tiene un problema

 

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Elliott Abrams, del Council on Foreign Relations, analiza en este artículo la situación de las Fuerzas Armadas libanesas, apoyadas por EEUU, pero sospechosas de mantener también unas relaciones cada vez más estrechas con la organización terrorista de obediencia iraní Hezbolá.

Si es cierto que la cooperación entre el Ejército libanés y Hezbolá está aumentando, EEUU debe exigir que esta tendencia se detenga y sea revertida. Una cosa es que el Ejército libanés rechace enfrentarse a Hezbolá y otra muy distinta que colaboren de alguna manera. (…) Mi propia conclusión, por el momento, es que no debemos poner fin a la ayuda al Ejército libanés, pero tenemos que dejar muy claro que esta colaboración está en peligro. Los funcionarios libaneses tienen que darse cuenta de que si la congelación de la ayuda debilita al Ejército libanés, será algo inevitable, a menos que se mantengan más alejados de Hezbolá de lo que la tendencia actual parece sugerir.

El analista libanés Eyad Abu Shakra se muestra pesimista sobre el desarrollo de los acontecimientos en Siria, y arremete contra la actitud pasada y presente de la comunidad internacional.

Hoy, en lo que parece una carrera contrarreloj, lo que quedaba de la auténtica oposición está tratando de asumir el trago amargo de incluir en su equipo negociador a parte de la oposición espuria. De hecho, algunos de estos grupos han sido elegidos por Rusia, principal respaldo militar de Asad, mientras las próximas negociaciones parece que van a ser tan inútiles como las anteriores, dado que están bajo el mismo patronazgo internacional y el mismo enviado especial de la ONU.

Esto ocurre también después de que la comunidad internacional alterara sus prioridades desde el cambio de régimen y la construcción de una Siria democrática al combate contra grupos terroristas que el régimen y sus partidarios han ayudado a crear y promover. Y que las principales capitales del mundo han permitido crecer y expandirse, cuando durante cuatro años rechazaron tercamente las peticiones de ‘zonas seguras’ y ‘zonas de exclusión aérea’.

Eyal Zisser, vicerrector de la Universidad de Tel Aviv, analiza en este artículo las recientes declaraciones amenazantes del líder del grupo terrorista chií libanés, Hasán Nasrala, y advierte sobre los riesgos de una escalada.

Las guerras entre Israel y sus oponentes tienden a estallar cuando ninguna de las partes está interesada en ellas (…)

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Las declaraciones beligerantes de Nasrala no indican un deseo de confrontación con Israel, sino más bien lo contrario: un temor a tal confrontación y el deseo de evitarla. Lo mismo cabe decir de la respuesta de Israel, que pretende reafirmar su moderación y la sensación de que dispone de capacidad para disuadir [a Hezbolá]. El problema es que demasiadas cosas pueden ir mal mientras tanto. Así, por ejemplo, Israel sigue atacando objetivos de Hezbolá en territorio sirio, de acuerdo con los informes de los medios de comunicación. Es muy posible que en un momento dado alguien en el otro bando –Rusia o Damasco, Teherán o Nasrala– decida que ya no toleran más esos ataques.