Revista de Prensa

El eje Moscú-Damasco-Teherán se tensiona

 

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La implicación de Moscú en la crisis siria ha alterado no sólo el curso de la contienda sino las relaciones entre los que asisten al dictador Bashar al Asad. Michael Segall, del Jerusalem Center for Public Affairs, da cuenta del malestar en Teherán y de las tensiones que se están generando en el eje Irán-Siria-Rusia.

En particular, Rusia está liderando la tarea de elaborar una nueva Constitución para Siria. De acuerdo con el periódico libanés ‘Al Ajbar’, que está vinculado a Hezbolá y habitualmente refleja el punto de vista de sus líderes, Rusia está incluso fijando las principales secciones de esa Constitución. El diario afirma estar en posesión de un borrador (…) que incluye comentarios escritos por los líderes sirios. Asad, por su parte, niega cualquier implicación. Ya a finales de mayo, ‘Al Ajbar’ publicó un informe (…) sobre el papel de Rusia en la elaboración de la Constitución.

Irán y Hezbolá no están contentos con los crecientes esfuerzos de Rusia para resolver la crisis siria. A pesar de la cooperación entre Irán y Rusia, que aparentemente está pilotada por Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Iraní, están cada vez más en desacuerdo sobre el futuro de Siria una vez que la crisis toque a su fin. Esta disputa también inquieta al régimen sirio (y a Hezbolá), que se encuentra entre el martillo ruso y el yunque iraní, especialmente cuando se intensifican los choques entre las fuerzas y milicias que operan en diferentes regiones de Siria.

La retirada israelí del sur del Líbano en 2000 marcó un hito en la popularidad del grupo terrorista chií de obediencia iraní en el mundo árabe-musulmán. Jonathan Spyer, del Rubin Center for Research in International Affairs, afirma que su participación en la guerra de Siria ha supuesto el fin de esa popularidad y va a tener serias consecuencias en la política regional.

Si los iraníes confiaron una vez en usar a Hezbolá y su lucha contra Israel como una forma de generar legitimidad entre las poblaciones árabes no chiíes, a partir de ahora el grupo terrorista va a ser visto por los suníes como una fuerza extraña, sectaria y hostil. Cuando se ven obligados a elegir entre el imperativo de preservar el régimen de Asad y la ambición de ser vistos como una fuerza panislámica, los iraníes, y por tanto sus clientes, eligen –como era de esperar– favorecer los intereses materiales inmediatos antes que objetivos estratégicos más amplios.

El resultado de todo ello es que Hezbolá se enfrenta hoy a la perspectiva de seguir involucrada en la máquina de picar carne humana de la guerra siria, que le está provocando una hemorragia de personal y legitimidad (aunque, por supuesto, está ganando en experiencia y conocimientos). Durante el tiempo que dure esta situación, cabe esperar que los líderes de Hezbolá continúen recordando en sus discursos lejanas victorias contra Israel y traten de de vestir su lucha actual contra los suníes con el traje de gala de la guerra anterior.

(…) Hezbolá sigue siendo, de lejos, el actor militar no estatal más formidable al que se enfrenta Israel. Pero la narrativa de la ‘resistencia’ panislámica de Hezbolá puede ser contabilizada entre las bajas de la guerra siria.

Bruce Riedel, periodista y director del Intelligence Project de The Brookings Institution, recopila en este artículo los movimientos del rey Salman en política exterior desde que llegó al poder, que están teniendo notables consecuencias.

En el Golfo Pérsico, Salman ha incrementado drásticamente la rivalidad de Arabia Saudí con Irán. La guerra en el Yemen se justifica como un conflicto para evitar que Irán tenga un aliado en la Península Arábiga. Las relaciones diplomáticas con Teherán se rompieron en enero, y los iraníes no participarán este año en el Haj [la peregrinación anual a La Meca]. Mientras Teherán ha hecho alusión al enfriamiento de las tensiones, no hay signos de que  haya el mismo interés en Riad. El influyente ‘establishment’ clerical wahabí ha apoyado contundentemente la línea dura hacia el Irán chií.

En Siria, los saudíes confían en que la derrota del régimen del presidente Bashar al Asad traiga consigo la desintegración de Hezbolá y de la posición iraní en el Levante. El pasado verano, el servicio de inteligencia saudí atrapó a Ahmed Ibrahim al Mughasil, jefe de la Hezbolá saudí, al bajarse de un vuelo de Teherán a Beirut, y lo hizo desaparecer del reino. Mughasil fue el cerebro del camión bomba de 1996 contra las Torres Jobar que asesinó a 19 estadounidenses. Estuvo también involucrado en varios ataques a diplomáticos saudíes en los años 80 del siglo pasado. Su ejecución es el golpe más audaz en la historia de la inteligencia saudí.