Contextos

El drama de los beduinos del Sinaí

Por Ramy Aziz 

Beduinos del Sinaí.
"Merece la pena señalar que, cuando los israelíes ocuparon el Sinaí, los beduinos obtuvieron servicios sociales y estabilidad, algo de lo que carecían bajo el mandato egipcio. Pero después de que El Cairo recuperara el control de la península, en 1982, los beduinos volvieron a ser tratados como extranjeros y espías, noción que sigue siendo habitual en la actualidad, y que impide que la población autóctona del Sinaí pueda formar parte de las Fuerzas Armadas o de la Policía"

Durante los últimos tres años, la Península del Sinaí ha sido un campo de batalla entre el Gobierno egipcio y una serie de nuevos grupos terroristas, entre ellos una filial del Estado Islámico de Irak y el Levante. Pero los problemas graves surgieron mucho antes de la revolución de 2011, concretamente entre 2004 y 2006, cuando se cometieron atentados masivos contra destinos turísticos como Taba, Sharm el Sheik y Dahab y, como respuesta, El Cairo encarceló a miles de beduinos. 

La realidad es que la población beduina de Egipto está sometida a discriminación y desigualdad socioeconómica.

Pese a los alarmantes acontecimientos, las autoridades no han logrado controlar la situación en el Sinaí de forma efectiva. La península y sus habitantes están atrapados bajo el férreo control de los militares, que pretendían restaurar la calma pero que, en vez de ello, siembran el terror y el miedo entre los beduinos, sin brindar solución alguna a sus problemas. Merece la pena señalar que, cuando los israelíes ocuparon el Sinaí, los beduinos obtuvieron servicios sociales y estabilidad, algo de lo que carecían bajo el mandato egipcio. Pero después de que El Cairo recuperara el control de la península, en 1982, los beduinos volvieron a ser tratados como extranjeros y espías, noción que sigue siendo habitual en la actualidad, y que impide que la población autóctona del Sinaí pueda formar parte de las Fuerzas Armadas o de la Policía.

Como consecuencia de las irreflexivas políticas estatales, algunos beduinos se han asociado con elementos criminales del Sinaí para poder salir adelante. Al empeorar las condiciones en la zona y con el aumento y diversificación de las actividades de dichos grupos, algunos habitantes de la península han comenzado a afiliarse a grupos radicales terroristas. Dichos grupos han podido contar con el conocimiento que la población local posee de la región, así como con lealtades tribales, al tiempo que aprovechan la abrupta geografía para cultivar y vender narcóticos y para el tráfico de armas, mercancías y seres humanos, incluso para cometer atentados contra objetivos militares y de seguridad.

El presidente Abdul Fatah al Sisi ha respondido a los problemas en el Sinaí haciendo uso de su poderío militar, pero la fuerza excesiva e indiscriminada es lo que, en buena medida, ha provocado la situación actual. Nada ha cambiado. Con el establecimiento de una zona de seguridad en la frontera con la Franja de Gaza, la población del Sinaí se ve sometida, una vez más, a un castigo colectivo. Los beduinos locales se ven obligados a reubicarse, lo que constituye una infracción directa del artículo 63 de la Constitución, que prohíbe “obligar arbitrariamente a los ciudadanos a emigrar”. La mayoría está pagando por los delitos de unos pocos. 

Pese a que la amenaza terrorista en el Sinaí es real, las políticas gubernamentales respecto a la península y sus habitantes son cortas de miras y no resultan efectivas. Y, por desgracia, los beduinos están pagando por ello.

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