Contextos

El complicado dilema de Netanyahu

Por Gershon Hacohen 

valle-jordan
"Pese a los innegables riesgos, la aplicación de la soberanía israelí al Valle del Jordán y a determinadas zonas de la Margen Occidental es una oportunidad histórica"

El plan de aplicar la soberanía israelí sobre ciertas zonas de la Margen Occidental está recibiendo críticas tanto desde la derecha como desde la izquierda. El campo izquierdista, respaldado por numerosos ex oficiales del Ejército y funcionarios públicos, está manifestando que los riesgos son tales que invalidan cualquier beneficio que pudiera acarrear. Desde la derecha, líderes del movimiento de los colonos hablan no sólo de graves riesgos para la seguridad, sino de que se trataría de un paso irreversible que regalaría a la Autoridad Palestina la mitad de un territorio que sigue en manos de Israel, la denominada Área C.

En la confrontación con la izquierda, Netanyahu cuenta con el respaldo de la opinión pública y de cada vez más ex altos cargos y oficiales de seguridad. El mayor desafío procede de la derecha.

David ben Gurión afrontó un dilema similar en 1937, cuando aceptó el plan de partición de la Comisión Peel, que abría la perspectiva al establecimiento de un Estado judío en una pequeña fracción del territorio del Mandato para Palestina. “El Estado judío que se nos está ofreciendo (…) no es el objetivo sionista, pero podría resultar un paso decisivo en el camino hacia la materialización del sionismo”, afirmó, en una sintetización de su percepción del sionismo como una incesante lucha pionera. (Es dudoso de que esta clase de lógica aplique al enfoque de Netanyahu).

Desde el punto de vista de la seguridad, es preciso aclarar varias cuestiones. En primer lugar está la del control de las principales vías de comunicación de la Margen Occidental. El primer ministro ha prometido que tras la implementación del plan de Trump las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) seguirán haciéndose cargo de la seguridad sobre el terreno, especialmente en esas arterias clave. Pero el control de la seguridad no es suficiente. Si una ruta queda parcialmente bajo soberanía palestina, no habrá manera de impedir una intensa construcción a ambos lados de la misma, lo cual quiere decir que el control israelí sobre la seguridad menguaría hasta tornarse imposible.

El primer ministro Isaac Rabín era consciente de esto y por eso condicionó los avances en el Proceso de Oslo a la terminación de vías de circunvalación como la Ruta de los Túneles, que conduce a Gush Etzión, y la de Ramala. Estas carreteras no se hicieron simplemente para facilitar el acceso a Jerusalén a los judíos residentes en la zona. Eran una necesidad operativa. Durante la campaña Escudo Defensivo (2002), permitieron el rápido movimiento de tropas de las FDI a través de la Margen Occidental para acabar con la guerra terrorista palestina.

En conclusión: Israel debe mantener el control completo sobre las principales vías de comunicación de la Margen. Lo cual incluye las Autopistas 5 y 35, así como la 60 a su paso por el norte y el sur de Jerusalén, pues es una conexión crucial entre la ciudad y las comunidades que la rodean (el bloque Eli-Ariel en el norte y el de Kiriat Arba en el sur). Sin la Autopista 60, Jerusalén no podrá cumplir su rol metropolitano y se degradará a la condición de localidad fronteriza.

Pese a los innegables riesgos, la aplicación de la soberanía israelí al Valle del Jordán y a determinadas zonas de la Margen Occidental es una oportunidad histórica. Debería aplicarse al amparo de una concepción imperecedera, como parte de un proceso ininterrumpido de redención del pueblo y de la tierra.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio