Revista de Prensa

El colapso de la democracia turca

 

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En el Institute for the Study of the War, Elizabeth Teoman da por finiquitada la democracia turca y advierte a Washington de que sus relaciones con Ankara se van a tensar aún más.

(…) Recep Tayyip Erdogan ha emergido de las elecciones anticipadas en disposición de dominar la próxima década de la política turca. A Erdogan se le ha dado poder para consolidar su [hegemonía] y degradar el Estado de Derecho a costa de sus oponentes. EEUU tendrá que bregar con una Turquía más nacionalista e intransigente, más dispuesta a [romper] su alianza con la OTAN y a ampliar sus operaciones militares contra los militantes kurdos en Siria e Irak.

(…) Erdogan ha conseguido su tan anhelado objetivo de consolidar su [hegemonía] sobre la quebradiza democracia turca (…) Erdogan utilizará su nuevo mandato para socavar los pocos poderes independientes que quedan en el Estado turco, empezando por el Banco Central.

El Washington Post también se muestra muy crítico con el autócrata islamista e insta a los aliados occidentales de Turquía a no mirar para otro lado ante lo que está pasando en el país euroasiático.

Lo irónico de las recientes elecciones turcas es que se registró un extraordinario 87% de participación (…) pero el resultado será probablemente un retroceso para la democracia. La victoria del presidente Erdogan va a tener como consecuencia un mandato de cinco años de una Presidencia ejecutiva con poderes reforzados. De cómo usará esos poderes ha dado cumplida cuenta en los últimos años, especialmente tras la intentona golpista de 2016, cuando encarceló o silenció a sus críticos y trató de neutralizar a la sociedad civil. (…)

(…)

Con los nuevos poderes de la Presidencia, aprobados por escaso margen en un referéndum celebrado el año pasado, Erdogan habrá conseguido un poder cuasi absoluto. El puesto de primer ministro queda abolido. [Erdogan] podrá disolver el Parlamento, gobernar por decreto, tener un control aún mayor sobre la judicatura. Cuando accedió al poder, hace 15 años, fueron muchos los que confiaron en que Erdogan confiriera a Turquía un rol como Estado musulmán moderado y democrático en un mar de caos y extremismo. Ya no. Toda una generación no sabe cómo era Turquía antes de Erdogan. Dentro de dos mandatos, la democracia turca podría ser el recuerdo enterrado de un pasado lejano.

En Foreign Policy, el periodista Borzou Daragahi da algunas claves sobre la elevada popularidad de Erdogan en su país, que a tabta gente cuesta comprender en el extranjero.

Hay muchas cosas no agradables de Erdogan, que se convertirá en el gobernante turco con más años de Gobierno si completa su primer mandato en su nuevo rol de presidente ejecutivo en el centenario de la república, en 2023. En los últimos años, Erdogan ha sido acusado de socavar las instituciones democráticas turcas. Ha encarcelado a cientos de periodistas y activistas, mientras su Gobierno ha perseguido a decenas de personas por publicar comentarios críticos en las redes sociales. Ha sido acusado de minar la independencia judicial y de usar las instituciones del Estado en su provecho político.

Pero (…) no debería pasarse por alto un hecho básico: este hombre sabe cómo ganar unas elecciones. Y sus habilidades políticas son tan o más responsables de sus éxitos inauditos que sus excesos autoritarios.

Erdogan, de 64 años, es un político más talentoso de lo que se le concede en el exterior. No es casualidad que su popularidad sea tan alta desde hace ya tantos años, incluso pese a problemas económicos recientes que han hecho subir la inflación y el desempleo y debilitado la lira turca. (…)

(…)

Durante toda su carrera, Erdogan ha refinado una estrategia populista que combina un nacionalismo estridente y una retórica divisiva en términos de clase con [la dedicación al] servicio público, especialmente visible en proyectos que resaltan el desarrollo económico del país (…)

(…) Los turcos juzgan a Erdogan, en parte, por los resultados que pueden ver: nuevas autopistas, universidades, escuelas, mezquitas, nuevos puertos, aeropuertos, puentes, túneles, centros comerciales (…) Ha conseguido adeptos transformando físicamente el país.