Contextos

El caótico mundo post guerra siria parece cobrar forma

Por Noah Rothman 

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"Incluso si Occidente no está en ello, Irán, Siria y Rusia sí están preparándose para el postconflicto. El único plan de posguerra que parece estar en las mentes de los arquitectos de la geopolítica occidental tiene que ver con la necesidad de reconstruir Siria, aunque sólo sea para evitar un desastre humanitario y prevenir futuras migraciones de refugiados a Europa."

Max Boot está en lo cierto: Rusia no se va a arriesgar a provocar la Tercera Guerra Mundial atacando aviones aliados en el espacio aéreo sirio. Pero aun así sería un error ignorar las advertencias de Moscú, indicativas de un panorama internacional inestable que podría reflejar el nuevo statu quo del mundo post ISIS.

A medida que la amenaza del ISIS se desvanece y el territorio que la oranización terrorista controla en Irak y Siria se reduce por obra de la presión de los combatientes de la coalición y sus aliados, las potencias soberanas que tratan de conservar sus posiciones en la región después del conflicto están maniobrando de maneras impredecibles y crecientemente violentas.

El martes 20, EEUU derribó un dron iraní que, según la oficialidad, representaba una amenaza directa para las tropas de la coalición liderada por EEUU desplegadas en territorio sirio. Fue la segunda vez en este mes que un aparato iraní de esas características era derribado luego de que supuestamente amenazara a fuerzas apoyadas por EEUU. En una escalada mayor, el domingo un caza norteamericano derribó un bombardero sirio Su-22, tras reportarse que había bombardeado fuerzas proamericanas participantes en el sitio de la capital de facto del ISIS, Raqa. Moscú respondió a ese ataque a su Estado vasallo con amenazas perturbadoras.

“De ahora en adelante, en las zonas donde la aviación rusa realiza operaciones de combate en los cielos de Siria, cualquier aeronave detectada por los sistemas de defensa rusos al este del río Éufrates, incluidos aparatos no tripulados pertenecientes a la coalición internacional, será considerada un objetivo”, se leía en una declaración emitida por el Ministerio de Defensa ruso. La implicación de que Rusia podría señalar y potencialmente atacar aeronaves occidentales fue posteriormente rebajada a la promesa de que serían escoltadas fuera de la zona señalada. Pero lo importante no era la amenaza rusa sino la región que Moscú definió como de su competencia.

Al proclamar el territorio al este del Éufrates como fuera del alcance de la coalición anti ISIS, Rusia ha esbozado lo que podría ser una partición informal de Siria. No es coincidencia que los dos drones iraníes abatidos por las fuerzas de la coalición estuvieran cerca de la localidad de Al Tanf, situada en la frontera suroriental con Irak. Según Colin Kahl, exasesor de la Administración Obama y profesor de Georgetown, Damasco quiere controlar el territorio entre el Éufrates y la frontera iraquí, “donde espera unirse a la milicia chií respaldada por Irán”. Incluso si Occidente no está en ello, Irán, Siria y Rusia sí están preparándose para el postconflicto.

El único plan de posguerra que parece estar en las mentes de los arquitectos de la geopolítica occidental tiene que ver con la necesidad de reconstruir Siria, aunque sólo sea para evitar un desastre humanitario y prevenir futuras migraciones de refugiados a Europa. A principios de abril, la responsable de la política exterior de la UE, Federica Mogherini, dio cuenta de dicho plan, pendiente de que haya progresos en la renuncia de Bashar al Asad. Ese anuncio fue opacado, sin embargo, por un ataque químico brutal de las fuerzas del propio Asad contra población civil; un ataque que derivó en hostilidades directas entre EEUU y el régimen sirio.

Los esfuerzos por crear un marco para la compartición del poder se han atascado, pero la tarea se torna cada vez más urgente. Con Irán y sus satélites, Rusia y Damasco por un lado, Turquía, Jordania, Arabia Saudí, Qatar, Emiratos y sus aliados por el otro y entre medias EEUU, el Reino Unido, Canadá, Francia y Australia, el conflicto de intereses en Siria es imposible de gestionar sin algún tipo de estructura. Incluso si el ISIS es expulsado y dispersado, todo parece indicar que el régimen de Asad perdurará de una u otra manera. Lo cual sólo asegura que esas potencias seguirán enfrentadas y que no habrá una pronta retirada de las tropas desplegadas.

El caos en Siria no hará sino empeorar a medida que la amenaza terrorista representada por el Estado Islámico sea contenida y controlada. La política propia de las grandes potencias está de vuelta en Oriente Medio, y Occidente no parece preparado para ello.

© Versión original (en inglés): Commentary
© Versión en español: Revista El Medio