Revista de Prensa

El 'califa' Bagdadi, a sus esclavas: “Convertíos u os decapitaremos”

 

Abu Bakr al Bagdadi

Una joven de 16 años, perteneciente a la minoría yazidí, relata el horror que ha vivido durante su cautiverio al servicio del dirigente del Estado Islámico y su familia.

La joven cuenta que compartió desgracia con una rehén estadounidense, Kayla Mueller, a la que el propio Bagdadi habría violado en repetidas ocasiones.

Se cree que Mueller fue asesinada el pasado mes de febrero.

En cuanto llegó a la casa [de Bagdadi], relata, fue obligada a mirar un vídeo en el que combatientes del Estado Islámico decapitaban a un occidental y la amenazaron con correr el mismo destino si no accedía a abandonar su fe yazidí.

(…)

“[Al Bagdadi] nos mostró la decapitación en su ordenador portátil y dijo: ‘Si no os convertís al islam, esto es lo que os ocurrirá. Os decapitaremos a todas’, recuerda.

“Tenéis dos opciones”, nos dijeron”, “la conversión al islam o morir así”.

La crisis migratoria que se vive en Europa ha puesto más de relieve la escasa disponibilidad de Washington a recibir un cupo importante de refugiados sirios e iraquíes. El temor a la infiltración de terroristas islamistas es la principal razón para esta renuencia norteamericana a apoyar a las víctimas de un conflicto en el que, por otra parte, está interviniendo activamente; además, es el país que más ayuda económica está prestando.

La subsecretaria de Estado de EEUU para Población, Refugiados y Migración, Anne Richard, admitió en junio en una entrevista con la radio pública NPR que las preocupaciones de seguridad tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 han hecho más difícil la acogida de desplazados por el conflicto en Medio Oriente.

La misma violencia que se vive en esos países hace difícil la evaluación de los aspirantes a recibir refugio.

«En países como Siria, Yemen y Eritrea, los funcionarios que trabajan para el Departamento de Seguridad Interna no han podido viajar para entrevistar a los solicitantes durante varios años», admitía la Casa Blanca en la propuesta de acogida de refugiados para 2015, un informe explicativo que envía anualmente al Congreso.

Los países del Golfo Pérsico no aceptan inmigrantes procedentes de las zonas en conflicto de Oriente Medio. A pesar de su implicación en la guerra de Siria, ni un solo refugiado de ese país ha sido autorizado a desplazarse a Arabia Saudí, Qatar o Kuwait. La gravedad de la crisis migratoria, y sus efectos demográficos en algunas zonas de Europa, pone aún más de manifiesto la insolidaridad de las ricas monarquías árabes hacia los musulmanes necesitados de un mínimo refugio.

El escándalo de los refugiados sirios ha dado la puntilla a lo que quedaba de la proclamada solidaridad árabe. Se ha ahondado el abismo entre pueblos árabes ricos y pobres, primitivos tribales y civilizados. «La desgracia de los árabes -me dijo hace años un libanés- es el petróleo. Estos principados son más accesibles a los occidentales, a los europeos, que a los hermanos árabes». Algunos de sus gobernantes echan en cara a Estados Unidos no haber derrocado al presidente sirio Bashar el Asad, al que acusan de todas las catástrofes de esta guerra brutal.

Con este título editorializa El Nuevo Herald de Miami, el diario de referencia para la comunidad cubana en el sureste de EEUU, cuyos miembros han llegado al país en muchos casos como inmigrantes y refugiados, a imagen y semejanza de lo que está ocurriendo ahora en Europa con los que huyen del horror islamista en Oriente Medio. Para este diario, hay que actuar en origen poniendo fin a la guerra civil en Siria, para lo que EEUU necesita aliados.

El gobierno norteamericano ha enviado unos $4.000 millones en ayuda humanitaria, más que ningún otro, pero el dinero no es la única respuesta. El martes, la Casa Blanca estaba considerando diversas opciones de ayuda. Y el miércoles el secretario de Estado, John Kerry, dijo que se acogería a más refugiados.

Las preocupaciones de seguridad son obvias, pero recibir más refugiados debe ser una opción. De todas formas, la mejor solución es poner fin a la guerra civil en Siria. Estados Unidos no puede hacerlo solo, pero hay que actuar con urgencia antes de que aumente la ola de refugiados.