Contextos

El BDS en retroceso

Por Eli Cohen 

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"En España, el movimiento BDS se ha alineado con los partidos políticos emergentes y populistas, que obtuvieron representación en municipios en mayo de 2015 -y en muchos, entre ellos Madrid y Barcelona, gobiernan-. Desde varios consistorios municipales, estos partidos, simpatizantes del movimiento BDS, han promovido resoluciones por las que declaraban su municipio como “libre de apartheid israelÍ” y por tanto cortaban los lazos económicos, políticos, culturales y sociales con Israel.""En el ámbito político, los grandes traspiés del movimiento BDS han tenido lugar en países anglosajones. En EE UU, los estados de Tennessee, Florida, Nueva York, Indiana y Pensilvania, han emitido resoluciones que condenan al Movimiento BDS por ser 'uno de los principales medios para la difusión del antisemitismo y por la eliminación del estado judío'"

Durante el año 2015, el movimiento BDS (del que ya dimos cuenta sobre su oscura naturaleza) ha logrado una visibilidad global que no tuvo anteriormente en sus más de diez años de existencia. Las declaraciones del CEO de Orange, sugiriendo que su empresa cortaría lazos con su partner israelí, la marcha de SodaStream o de Ahava hacia territorios dentro de la línea verde, o la implementación de las directrices de la UE para etiquetar los productos israelíes fabricados en Cisjordania, entre otras acciones, dieron una gran visibilidad y sensación de poder al movimiento.

Aunque es un movimiento socialmente marginal, al que se adscriben ONG de todo el mundo y carece de un órgano central de coordinación, sus promotores, activistas y simpatizantes han sabido actuar y presionar en los organismos, asociaciones, instituciones y empresas ideales para sus propósitos. Sin embargo, en los últimos meses, el movimiento BDS se ha enfrentado a varios e importantes tropiezos a nivel mundial en todas las áreas en las que está presente.

En los tribunales, la discriminación mostrada por el movimiento de BDS ha sido la razón por la que los jueces han fallado en contra de sus accionesEn Francia, el Código Penal tipifica como delito la discriminación a un país. Así, en octubre de 2015, el Tribunal Supremo francés falló en contra de activistas de BDS por haber incurrido en dicho delito. Unos meses antes, en junio, en mitad de la visita oficial del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, el presidente francés François Hollande declaró que Francia se oponía al BDS.

A pesar de que en otros países el delito de discriminación no cumple con los criterios típicos franceses, también ha sido el motivo de la anulación de acciones promovidas por el movimiento BDS en el orden administrativo.

En enero de este año, el Tribunal Supremo español emitió un fallo histórico contra el Ministerio de Vivienda por haber excluido ilegalmente a la Universidad de Ariel de un concurso científico celebrado en 2009. La sentencia condenó al Ministerio a pagar un total de 100.000 euros a la Universidad de Ariel.

En España, además, el movimiento BDS se ha alineado con los partidos políticos emergentes y populistas, que obtuvieron representación en municipios en mayo de 2015 -y en muchos, entre ellos Madrid y Barcelona, gobiernan-. Desde varios consistorios municipales, estos partidos, simpatizantes del movimiento BDS, han promovido resoluciones por las que declaraban su municipio como “libre de apartheid israelÍ” y por tanto cortaban los lazos económicos, políticos, culturales y sociales con Israel. Sin embargo, todas esas resoluciones anti-Israel han sido impugnadas en los tribunales -pese a que, en términos competenciales los consistorios no pueden romper lazos con un país- por la organización ACOM. Algunas mociones ya han sido anuladas, como en Avilés y Zamora, por ser resoluciones discriminatorias.

En el ámbito político, los grandes traspiés del movimiento BDS han tenido lugar en países anglosajonesEn EE UU, los estados de Tennessee, Florida, Nueva York, Indiana y Pensilvania, han emitido resoluciones que condenan al Movimiento BDS por ser “uno de los principales medios para la difusión del antisemitismo y la eliminación del estado judío” -tal como refleja la resolución promovida por los dos grandes partidos en Tennessee.

Illinois y Carolina del Sur han sido los primeros estados de la Unión en aprobar leyes explícitamente encaminadas a cercenar las acciones del BDS. La ley en Illionis ordena la creación de una lista negra de empresas extranjeras que boicoteen a Israel, obligando -al mismo tiempo- a los fondos de pensiones del estado a retirar sus inversiones en esas empresas. La ley de Carolina del Sur, más centrada en la cuestión de la discriminación, prohíbe a cualquier agencia  o entidad pública hacer negocios con empresas que estén involucradas en boicots motivados por la raza, el color, la religión, el sexo o el origen nacional de la persona o entidad de destino. Mientras tanto, otros 11 estados (California, Nueva York, Florida, Georgia, Arizona, Colorado, Indiana, Iowa, Massachusetts, Nueva Jersey, Virginia) están estudiando leyes similares.

Asimismo, y ante la tendencia a proscribir el BDS en EE UU, el Congreso está debatiendo una legislación que requeriría que los negociadores estadounidenses disuadieran a sus socios comerciales de boicotear a Israel o los asentamientos judíos de Cisjordania.

En Canadá, el Parlamento aprobó en febrero una resolución contra el BDS, impulsada por el gobierno, por la que condenaba políticamente a “las organizaciones e individuos canadienses que promueven el movimiento BDS, tanto en casa como en en el extranjero”. En Reino Unido, el gobierno aprobó una nueva serie de directrices para prohibir a organismos financiados públicamente el boicot de productos fabricados en Israel. 

Además de en la política y en la justicia, la rama cultural y académica del BDS también ha sufrido, en los últimos tiempos, serios revesesEn abril de 2015, la organización que aglutina a 133 universidades del Reino Unido rechazó la resolución aprobada de la Unión Nacional de Estudiantes (NUS) por la que se unía al boicot a Israel. Las universidades británicas declararon en su comunicado que “se oponen firmemente a los boicots académicos sobre la base de que son hostiles a la libertad académica, incluida la libertad de los académicos para colaborar con otros académicos”.

El pasado verano, el veto al cantante judío y americano Matisyahu en el Festival Rototom en Benicassim (España) fue una polémica mundial. El director del festival, en un primer momento, resistió ante las presiones del BDS y afirmó que “… es evidente que todo este ‘escándalo’ deriva del hecho de que Matisyahu es hebreo”. Finalmente, el Festival de música entró en razón y rectificó su decisión. 

Recientemente, el cantante israelí Idan Raichel actuó en la Sala Caracol, no sin antes recibir presiones del BDS. La Sala Caracol se expresó así ante su decisión de no ceder a las demandas del BDS: “Caracol lleva 25 años siendo una sala de conciertos multicultural dedicada única y exclusivamente a programar música de todo tipo. Jamás ha hecho distinciones ni se ha posicionado por razones de política, religión o razas”.

En enero, la Asociación Médica Mundial (WMA, en sus siglas en inglés) llevó a cabo un intenso debate iniciado por 71 médicos británicos que llamaron a expulsar a Israel del organismo internacional alegando que los médicos israelíes torturan a los palestinos que buscan tratamiento. La WMA finalmente rechazó la propuesta.

También en enero, la Asociación de Universidades Americanas ha reafirmado su oposición a boicotear a Israel -la primera declaración la hicieron en 2013. Asimismo, la American Historical Association rechazó una resolución de condena a Israel, promovida por el BDS, por la supuesta “restricción del derecho de los palestinos a la educación”.

En los pasillos del poder en Israel, en los últimos años, ha habido un gran miedo y una gran paranoia con el movimiento BDS. Si bien sus ciudadanos han aguantado estoicamente oleadas de terrorismo, y su ejército sigue siendo el más poderoso de Oriente Medio, cortar sus lazos con el mundo exterior -ante el boicot regional que sufre desde 1948- aislaría y colpasaría el país económicamente. Como forma no violenta de acabar con Israel, o al menos como forma de subyugar al estado a la voluntad de aquellos que no son precisamente simpatizantes, el BDS es un planteamiento eficaz. No obstante, y por eso mismo, su naturaleza es discriminatoria, de doble rasero, injusta y, sobre todo,muy difícil de desvincular del antisemitismo. Además, no ha favorecido ni ha buscado la paz y el entendimiento entre israelíes y palestinos; sino todo lo contrario . Por ello, tribunales, parlamentos y organizaciones, no pueden, según las leyes democráticas, aceptar sus planteamientos o, en última instancia, aplicarlos.
El BDS está tocado, pero su naturaleza leaderless (sin una jerarquía establecida, sino grupos que actúan con cierta coordinación en busca del mismo objetivo) y su alianza con partidos populistas en Europa -las ONG adscritas al BDS viven, en su mayoría, de subvenciones de países europeos– hacen lejano su hundimiento.