Contextos

El BDS en España, entre la hipocresía y la irrelevancia

Por Julián Schvindlerman 

BDS.
"Esta campaña es una broma de principio a fin. No tendrá el menor impacto económico sobre Israel, y sus mentores lo saben. El ángulo de ataque es político: hacer ruido en los medios, reinstalar el tema palestino en la agenda, aislar simbólicamente a Israel. Ya lo intentaron los países árabes a partir de 1948; y fallaron. Hoy, varios de ellos comercian, abierta u opacamente, con el Estado judío. Incluso los palestinos se relacionan comercialmente con Israel"

Molins de Rei es una pequeña localidad catalana de alrededor de 25.000 habitantes. Tiene un buen restaurante japonés, en el cual cené a principios de febrero, con ocasión de mi visita a Barcelona para presentar mi novela La carta escondida: historia de una familia árabe-judía. Molins de Rei se hizo conocida para la judería global en 2018 cuando objetó una competencia de la liga europea de waterpolo femenino entre la selección israelí y la española bajo presiones del BDS. Este puntito en el mapa, uno supondría, no se verá concernido por la geopolítica de Medio Oriente o, puntualmente, por la distante problemática entre palestinos e israelíes, pero parece que a sus autoridades esos temas les importan mucho. Tal como conmueven a otros 57 ayuntamientos españoles que se han adherido al llamado Espacio Libre de Apartheid Israelí (ELAI), promovido por el BDS de España, con apoyo de PSOE y Podemos, bajo la consigna de no negociar con empresas israelíes, ni comprar sus servicios y productos.

Así, ayuntamientos, diputaciones, entidades, sindicatos y espacios culturales, comerciales o deportivos en Andalucía, Aragón,  Asturias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Extremadura, Galicia, Madrid, Navarra y Valencia, entre otros, han marcado su línea en la arena ante los impertinentes israelíes. Oh, y también alguno que otro en las cruciales islas Canarias y en Baleares, focos de alta gravitación en la política mundial que no podían permanecer indiferentes a las penurias del pueblo palestino. La lista oficial del ELAI incluye –entre muchas otras adhesiones relevantes que quitarán el sueño a los israelíes– a la Izquierda Anticapitalista Revolucionaria de Granada, a la asociación Ecologistas en Acción, al Centro de Estudios Rurales y de Agricultura Internacional, al periódico del Partido Comunista de España Mundo Obrero, al Sindicato de Periodistas de Andalucía, a la radio comunitaria de Málaga Onda Color, a la librería La Vorágine de Santander, a la Taberna Morgan de Valladolid, al Laboratorio de Prótesis Dental F. Darwiche, también en Valladolid; a la Tetería India de Sant Feliu de Llobregat (en la periferia de Barcelona) y a Vinos Barona, de Extremadura. En lo que sólo puede ser descrito como un golpe durísimo a la economía israelí, se sumó al boicot La Chiguita Riojana (Puesto 41 del Mercado de San Fernando, en Madrid). Jerusalem debería estar especialmente preocupada por la adhesión al BDS de la carnicería Manolo Lago de Madrid, la peluquería New Look –también de la capital española–, la librería El Gusanito Lector de Sevilla y el Café-Pub Crit i Nit de Valencia.

Por supuesto que esta campaña es una broma de principio a fin. No tendrá el menor impacto económico sobre Israel, y sus mentores lo saben. El ángulo de ataque es político: hacer ruido en los medios, reinstalar el tema palestino en la agenda, aislar simbólicamente a Israel. Ya lo intentaron los países árabes a partir de 1948; y fallaron. Hoy, varios de ellos comercian, abierta u opacamente, con el Estado judío. Incluso los palestinos se relacionan comercialmente con Israel. Según una monografía de 2018 del Tony Blair Institute for Global Change, “Israel sigue siendo el mayor socio comercial de la Autoridad Palestina”. Dice el informe: 

Desde mediados de la década de 1990, Israel ha sido un destino casi exclusivo para las exportaciones palestinas, con un promedio de más del 90% del total de las exportaciones palestinas de bienes.

En septiembre de 2019 informaba France24

En 2015, cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu formó un Gobierno considerado como el más derechista en la historia de Israel, alrededor de 45.000 palestinos tenían permisos de trabajo israelíes, según cifras oficiales palestinas. Cuatro años más tarde, ese número es de alrededor de 85.000.

En otras palabras: los propios palestinos, a nivel tanto estatal como popular, no están boicoteando a Israel.

El BDS de España se manifiesta en su sitio online “contra la supremacía judía” y “contra el colonialismo sionista”. Están muy a la moda estos muchachos. Cuando lancen una campaña de boicot contra China por encarcelar a más de un millón de musulmanes uigures, contra Siria por lanzar bombas químicas contra su propia población islámica, contra Irán por arrestar a mujeres musulmanas que se quitan el velo en la vía pública o contra Myanmar por masacrar a los musulmanes rohinyas (o, aun fuera de la órbita islámica, contra Venezuela por exiliar a millones de los suyos, contra Rusia por perseguir a sus opositores políticos, contra Corea del Norte por hambrear a casi todo su pueblo), podríamos empezar a considerarlos con seriedad. Desde ya que no es ni remotamente justo equiparar a Israel con estas naciones, los ejemplos simplemente ilustran la hipocresía de los moralistas selectivos españoles. 

Por fortuna, no veo en el listado del ELAI a mi restaurante japonés favorito en Molins de Rei.