Revista de Prensa

¿Ehud Barak? Lo que le faltaba a Israel...

 

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"Por lo que hace a su historial político, comprende sus resonantes derrotas en las elecciones de 2001 y 2009 (en las que hundió a los laboristas); su espantoso mandato como primer ministro (nada sorprendentemente, el más corto [de la historia de Israel]), su atropellada retirada del Líbano (que provocó el [renovado] auge de Hezbolá] y su diplomacia desastrosa (que llevó directamente a la Segunda Intifada)""El Ehud Barak de 2019 no tiene propuestas concretas que ofrecer en relación a los palestinos, los iraníes o la economía israelí. No tiene soluciones para los desafíos y dilemas que afronta Israel, sólo vierte fuego y azufre sobre Netanyahu. Y la formulación de que él, San Ehud, será el espléndido salvador seráfico de Israel. A mí no me la da"

Por su interés, traducimos buena parte del artículo que, con el título “Ehud Barak’s bluster and plunder” (Las bravatas y el saqueo de Ehud Barak), ha publicado en el Jerusalem Post David M. Weinberg, director del Jerusalem Institute for Strategy and Security (JISS).

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Barak está promocionando su vuelta a la política con celo cuasi mesiánico, (…) arrogancia sideral y el lenguaje político más violento escuchado en este país en décadas.

En decenas de discursos por todo el país y en agresivos comentarios publicados en las redes sociales, Barak está atacando salvajemente al primer ministro Netanyahu y a todo aquel que esté a la derecha de sí mismo como “ultranacionalistas oscuros y peligrosos que están socavando los fundamentos del sionismo y de la democracia israelí”. 

Barak habla insensatamente de la “destrucción” de la democracia israelí (¡qué absurdo! ¡Es bien robusta!) y de “los días más oscuros que ha conocido Israel” (otra estupidez).

(…)

Las desaforadas exageraciones y las caracterizaciones en extremo beligerantes de Barak son perturbadoras. Su vehemente denigración [de sus rivales] y ese irrestricto uso de una jerga cuasi antisemita y pseudo-BDS sobre Israel y Netanyahu son inaceptables.

(…) 

(…) En mi opinión, su discurso virulento descalifica a Barak para liderar de nuevo el país, y eso aun antes de analizar su pavoroso historial político.

Por lo que hace a su historial político, bien, comprende sus resonantes derrotas en las elecciones de 2001 y 2009 (en las que hundió a los laboristas); su espantoso mandato como primer ministro (nada sorprendentemente, el más corto [de la historia de Israel]), su atropellada retirada del Líbano (que provocó el [renovado] auge de Hezbolá] y su diplomacia desastrosa (que llevó directamente a la Segunda Intifada).

El último punto es especialmente importante. Barak traicionó la confianza que depositaron en él los israelíes al aceptar, en la cumbre de Camp David de julio de 2000, la división de Jerusalén y la entrega del Monte del Templo, en lo que supuso un apartamiento radical del programa con el que hizo campaña (…)

Esa maniobra temeraria, para la que Barak no tenía mandato popular, debilitó terriblemente la posición de Israel sobre Jerusalén. Negligentemente rompió un importante y legítimo tabú de la diplomacia [nacional] sobre el mantenimiento de la unidad de Jerusalén bajo soberanía israelí.

(…)

Además, enseguida condujo a la denominada Segunda Intifada de Yaser Arafat, la más criminal oleada de terrorismo palestino de la historia de Israel.

Incorrectamente, Arafat asumió que todos los israelíes serían tan abúlicos como Barak; que unas cuantas decenas de autobuses bomba llevarían al límite a los israelíes y capitularían en Jerusalén y en Judea y Samaria. 

(…)

Afortunadamente, Barak fue desalojado enseguida [del Gobierno], y los israelíes se mostraron mucho más resilientes y leales a sus principios de lo que imaginaban Barak y Arafat.

Barak jamás ha expresado arrepentimiento (…) Así pues, no se le puede [volver a] confiar la defensa y la diplomacia israelíes. (…)

En cuanto a la política actual, lo cierto es que el Ehud Barak de 2019 no tiene propuestas concretas que ofrecer en relación a los palestinos, los iraníes o la economía israelí (…) No tiene soluciones para los desafíos y dilemas que afronta Israel, sólo vierte fuego y azufre sobre Netanyahu. Y la formulación de que él, San Ehud, será el espléndido salvador seráfico de Israel. A mí no me la da.