Contextos

Egipto busca nuevos socios estratégicos

Por Jesús M. Pérez 

El general Sisi, presidente de Egipto.
"El enfriamiento de relaciones entre Estados Unidos y Egipto ha hecho que El Cairo busque nuevos socios estratégicos. Actualmente, la punta de lanza de las Fuerzas Armadas egipcias son sistemas de armas comprados a Estados Unidos: los cazabombarderos F-16, los helicópteros de ataque Apache, los carros de combate M-1 Abrams… Un deterioro de la relación con Estados Unidos que implicara la interrupción del flujo de repuestos y municiones podría dejar a las fuerzas egipcias sin capacidad de operarlos. Así que nuevos socios estratégicos permitirían a Egipto diversificar sus proveedores de armamento. Esos nuevos aliados serían Rusia y Francia"

El pasado mes de octubre, entre los días 15 y 26, tuvo lugar en Egipto el ejercicio militar bilateral Defensores de la Amistad. Soldados de Egipto y Rusia realizaron saltos paracaidistas y prácticas de combate antiterrorista al estilo ruso, con la participación de vehículos blindados. Al parecer, Rusia además habría ofrecido asesoramiento militar a Egipto para luchar contra la amenaza yihadista en la península del Sinaí, en lo que sería una recuperación de los vínculos militares rotos después del cambio de alineamiento de El Cairo tras la guerra de 1973 con Israel.

Egipto y Rusia quedaron unidos en 2015 por la tragedia del vuelo 9268 de Metrojet, que conectaba el enclave turístico egipcio de Sharm el Sheij, en el Sinaí, con San Petersburgo. La explosión de una bomba provocó que el avión se estrellara y murieran las 224 personas que llevaba a bordo. Pero, más allá de la amenaza compartida del terrorismo yihadista, la presencia de soldados rusos en Egipto ha supuesto una novedad como síntoma de los cambios en el panorama geopolítico de Oriente Medio, donde los antiguos aliados de Washington se muestran más independientes o buscan nuevas alianzas.

El Gobierno de Obama congeló la ayuda militar a Egipto tras el golpe de Estado de 2013, dado por el general Al Sisi. Dos años después, el bloqueo a la ayuda militar fue levantado, pero se introdujeron cambios que disminuyeron las ventajas económicas para Egipto, el segundo receptor de ayuda militar estadounidense. A pesar de ser formalmente una democracia, las libertades en Egipto sufren un deterioro severo. Así que cuestiones de imagen pública explicarían el distanciamiento del Gobierno de Obama con el presidente Al Sisi.

En ese enfriamiento de relaciones entre Estados Unidos y Egipto, El Cairo ha buscado nuevos socios estratégicos. Actualmente, la punta de lanza de las Fuerzas Armadas egipcias son sistemas de armas comprados a Estados Unidos: los cazabombarderos F-16, los helicópteros de ataque Apache, los carros de combate M-1 Abrams… Un deterioro de la relación con Estados Unidos que implicara la interrupción del flujo de repuestos y municiones podría dejar a las fuerzas egipcias sin capacidad de operarlos. Así que nuevos socios estratégicos permitirían a Egipto diversificar sus proveedores de armamento. Esos nuevos aliados serían Rusia y Francia.

Rusia desembarcó en Egipto tras el golpe de Al Sisi con el habitual paquete de negocios energéticos y armamentísticos. En abril de 2015 Egipto firmó la compra de 50 cazabombarderos MiG-35. Ese mismo año firmó otros contratos para la compra de 46 helicópteros de ataque Ka-52K y de sistemas de defensa antiaéreos S-300. En el plano civil, en noviembre de 2015 la empresa pública rusa Rosatom firmó un contrato para la construcción de una central nuclear en Dabaa, al norte del país africano, que se espera esté terminada en 2022 y será pagada gracias a un préstamo a devolver en 35 años.

La prensa rusa, muy dada a adelantar acontecimientos, publicó la posibilidad de que su país abriera una base militar en Sidi Barrani, a 95 kilómetros de la frontera egipcia con Libia. Tal posibilidad fue rápidamente negada por el Gobierno egipcio, ya cuestionado por la cesión prevista de dos islas del Mar Rojo a Arabia Saudita.

Por su parte, el presidente francés, François Hollande, visitó Egipto el pasado mes de abril. Egipto y Francia firmaron entonces 30 acuerdos bilaterales. Anteriormente, en 2015, ambos países suscribieron varios contratos armamentísticos que incluyeron la venta de Francia a Egipto de los dos buques de asalto anfibio clase Mistral originalmente encargados por Rusia y cuyo contrato se anuló. La Armada egipcia les asignó los nombres de los presidentes Naser y Al Sadat. Además, compró a Francia una fragata clase Fremm y cuatro corbetas clase Gowind. Por su parte, la Fuerza Aérea egipcia firmó la compra de 24 cazabombarderos Rafale. Cómo no, la presencia de Hollande en Egipto y la firma de contratos de venta de armamento generó críticas en Francia. Pero en el caso de los aviones Rafale se trató de un contrato importante, el primero de exportación del avión, que hasta aquel momento no había cosechado ningún éxito comercial fuera de su país de origen.

El resultado de estos nuevos contratos es que en la Armada y en la Fuerza Aérea egipcias convivirán aviones y buques de origen soviético, estadounidense, francés y ruso, con el consiguiente lío de filosofías de diseño, fuentes de repuestos y necesidades de formación para el personal. El asunto llama aún más la atención cuando se comparan las características de los Rafale y los MiG-35. Son cazabombarderos que se solapan en sus funciones. Así que podemos pensar que las autoridades egipcias, más que un criterio de eficacia y racionalidad, han primado la diversificación de fuentes de sistemas de armamento para que una hipotética crisis diplomática con algún proveedor no deje a sus Fuerzas Armadas sin capacidades.

Con las elecciones presidenciales estadounidenses a la vuelta de la esquina, habrá que estar atentos a la política exterior del sucesor de Obama en la región, donde numerosos aliados tradicionales de Washington han seguido una política más independiente o directamente buscado nuevas alianzas en los últimos tiempos.