Revista de Prensa

EEUU y el 'juego de tronos' palestino

 

Kefia palestina.

En el New York Post, Benny Avni alerta de que la sucesión del octogenario Mahmud Abás, cuya salud no es óptima, puede desencadenar una sangrienta lucha de poder entre los palestinos e insta a EEUU a que haga todo lo que esté en su mano para impedirlo.

Abás jamás ha nombrado un sucesor. Sí, recientemente puso un vicepresidente en Fatah. Pero el tipo, Mahmud al Alul, es prácticamente desconocido fuera de Ramala y, por tanto, es un contendiente débil: como en buena parte del mundo árabe, los aspirantes a líderes palestinos han de tener el respaldo de hombres armados. (…)

Lo cual nos lleva a Hamás, el incontestado gobernante de Gaza. Según la Constitución palestina, si el presidente no puede seguir en el cargo, el presidente del Legislativo se convierte en el líder interino. Ese cargo está en manos de un político de Hamás, Aziz Duwaik. Como muestran los 12 años que lleva Abás como presidente, pese a que fue elegido para sólo cuatro, la interinidad puede durar para siempre.

Así pues, Hamás, organización considerada terrorista por EEUU, puede acabar controlando la política en la Margen Occidental, con lo que enterraría cualquier esperanza de mejora en las relaciones israelo-palestinas. (…) si EEUU quiere seguir siendo relevante en Oriente Medio, debe trazar una serie de líneas rojas y clarificar sus intereses: evitar una sangrienta batalla sucesoria, garantizar que Hamás sigue fuera del poder y asegurar que el próximo líder [palestino] mantendrá la coordinación en materia de seguridad con nuestros aliados, Jordania, Egipto y –crucial– Israel.

Es lo que sostiene Mark Langfan, presidente de Americans for a Safe Israel, que considera que la Autoridad Palestina, lejos de ser un socio para la paz, es un obstáculo de primera magnitud para la resolución del conflicto.

(…) hay rumores de que la Administración Trump se apresta a desvelar su propio plan de paz. Por lo que se escucha en los medios, hay posibilidades de que se parezca al Plan Alón de 1967, que incorporaría el Valle del Jordán a Israel y cedería las partes occidentales de Samaria y Judea a una suerte de Estado árabe palestino, [que además tendría un] corredor extraterritorial con la Franja de Gaza.

Aunque la de Trump haya sido la mejor Administración americana, un plan así no sólo es lo peor para los intereses de Israel, sino que en primer lugar es lo peor para los intereses de EEUU, porque los terroristas islámicos verán en cualquier recompensa a la Autoridad Terrorista Árabe Palestina una sanción y legitimación americana del terrorismo como herramienta exitosa y legal.

(…)

(…) en vez de recompensar a los árabes palestinos por su despliegue de terrorismo institucionalizado, la Administración Trump debería dejar de enviar un solo penique americano a la sanguinaria Autoridad Terrorista Árabe Palestina.  

En el Jerusalem Post, David Merhav arremete contra las democracias occidentales por permitir a Bashar Asad devastar su país y asesinar a su propio pueblo y pide que pongan fin de una vez a tan terrible tragedia.

La matanza que se está perpetrando en Guta, Siria, es resultado directo de la incapacidad de la comunidad internacional para abandonar el legado obamita de no hacer nada que ayude a las revoluciones árabes democráticas.

(…)

Es verdad que Asad es el responsable de los crímenes que se están cometiendo en la zona occidental de Guta; ahora bien, si Occidente –incluido Israel– le hubiera impedido asesinar a tantos inocentes a diario, la situación podría haber sido completamente distinta. Frente a lo que proclama el régimen sirio, la guerra civil que vive el país no se debe a ningún tipo de ‘complot internacional’ contra Asad, sino que es fruto de la toma de las calles por el pueblo sirio en demanda de libertad y democracia, en su propia ‘primavera árabe’.

(…)

(…) Tras siete años de guerra, con 400.000 asesinatos, dos millones de viviendas destruidas y 10 millones de sirios convertidos en refugiados, queda meridianamente claro que Occidente es responsable del terrible destino de las masas sirias, sacrificadas por el criminal de guerra de Damasco. Occidente es indiferente a lo que ocurre en la sangrienta guerra siria e incapaz de hacer su trabajo y poner fin a tantos años de carnicería.