Contextos

EEUU: nueva estrategia en Libia

Por Jesús M. Pérez 

Bandera libia.
"La nueva estrategia no pasa por intentar descabezar las organizaciones en ataques quirúrgicos, sino por apoyar a las fuerzas locales que combaten al EI con misiones de apoyo aéreo cercano"

En la madrugada del pasado lunes, 1 de agosto, medios aéreos de la Infantería de Marina estadounidense lanzaron un ataque contra el Estado Islámico en Libia. La historia tiene una extraña forma de repetirse en los mismos lugares. La primera vez que se izó victoriosa la bandera estadounidense en suelo extranjero fue en la actual Libia, tras la Batalla de Derna, en 1805. Estados Unidos se enfrentó en una guerra a los piratas berberiscos que amenazaban el tráfico marítimo en el Mediterráneo y exigían un rescate cuantioso por los prisioneros. Tras reclutar mercenarios griegos y bereberes en Alejandría, dos oficiales estadounidenses los dirigieron a través del desierto más de 900 kilómetros para atacar y capturar Derna. Uno de aquellos oficiales era un marine, y aquella hazaña bélica quedó reflejada en el himno de la Infantería de Marina estadounidense.

En octubre de 2007, el asalto a un piso franco de la insurgencia iraquí en Sinyar, cerca de la frontera con Siria, permitió hallar un archivo con las fichas personales de 700 voluntarios extranjeros que habían pasado por allí entre agosto de 2006 y agosto de 2007, procedentes de Siria, para unirse a las filas del Estado Islámico de Irak (véase “Del Irak de Sadam y la Siria de Asad al Estado Islámico [y 2]”).

El posterior análisis de los documentos reflejó una anomalía estadística. Los ciudadanos libios sumaban el segundo mayor contingente, tras el saudí, a pesar de que Libia sólo es el decimotercer país árabe por población. Es más, las fichas recogían que casi la mitad de los yihadistas libios procedían de Derna.

En octubre de 2014, en el contexto del caos y desgobierno que siguió en Libia a la caída del régimen de Gadafi, un grupo de jóvenes yihadistas tomaron el control de Derna y proclamaron su lealtad al Estado Islámico. Se trató de la primera localidad fuera de Irak y Siria que pasaba a manos de seguidores del Estado Islámico. Libia no ha conocido la paz desde la caída del régimen de Gadafi, en 2011, como si el fin de la dictadura hubiera roto las costuras del país. Las milicias populares que surgieron durante la guerra civil se negaron a deponer las armas y, como en otros países árabes, las fuerzas mejor organizadas en el orden político surgido tras el fin de la dictadura fueron las islamistas.

En diciembre de 2013, los parlamentarios islamistas en el Congreso General Nacional libio votaron prolongar su mandato un año más, en medio de un creciente descontento por el desgobierno del país y la percepción de que las milicias de orientación islamista eran no sólo toleradas sino favorecidas. El 16 de mayo de 2014, el general Jalifa Haftar lanzó la operación Dignidad para acabar con las milicias islamistas, tras haber instado al Congreso libio a disolverse en los plazos establecidos. El 25 de junio tuvieron lugar unas elecciones parlamentarias, con una bajísima participación, de las que surgió una nueva mayoría política no islamista. Los diputados islamistas del Parlamento saliente se negaron a aceptar el resultado y acusaron a los nuevos partidos de contar con demasiadas figuras del viejo orden gadafista.

El 13 de julio 2014, fuerzas islamistas y milicias de la ciudad de Misrata lanzaron la operación Amanecer de Libia para tomar el control del aeropuerto de Trípoli, la capital del país. Quedaron así fijados los dos bandos de la nueva guerra civil: por un lado los islamistas, que reconocían al Congreso General Nacional y su Gobierno de Salvación Nacional, con capital en Trípoli; por el otro, el Gobierno establecido en Tobruk (este), respaldado por las fuerzas de la operación Dignidad del general Haftar y la Cámara de Represantes, formada por los diputados surgidos de las elecciones de junio de 2014.

La comunidad internacional reconoció al Gobierno de Tobruk, pero la situación del país pasó a segundo plano en la agenda internacional como otro caso fallido de la Primavera Árabe tornada en Invierno Islamista. Sin embargo, Libia se convirtió en otro tablero del juego geopolítico del Gran Oriente Medio. Turquía y Qatar apoyaron al Gobierno islamista de Trípoli. Egipto y los Emiratos Árabes Unidos apoyaron a de Tobruk (v. “La emergencia de Emiratos”). En este contexto de desgobierno aparecieron como una facción más los partidarios del Estado Islámico, que han mantenido el control de la región en torno a Sirte, localidad natal de Gadafi.

El 13 de noviembre de 2015, un ataque aéreo estadounidense en Derna tuvo como objetivo al líder del Estado Islámico en Libia, el iraquí Abu Nabil al Anbari. Tras negarlo inmediatamente tras el ataque, el EI terminó reconociendo la muerte de aquél. Los partidarios del EI fueron expulsados de Derna en julio de 2015, y finalmente de los alrededores de la ciudad en abril de 2016.

El ataque estadounidense ha sido el primero contra el Estado Islámico fuera de Irak y Siria, pero no el primer ataque aéreo registrado en Libia tras la caída de Gadafi. El primero tuvo lugar en junio de 2015, en un intento de acabar con la vida de Mojtar Belmojtar, líder del grupo yihadista que asaltó la planta gasística de In Amenas, en Argelia, en enero de 2013. Belmojtar salió con vida, sin que se sepa si realmente estuvo en el lugar del ataque aquel día. Otro ataque tuvo lugar en febrero de este año, cuando aviones estadounidenses atacaron un campamento del EI en la costa libia, cerca de Túnez.

Hasta ahora, los ataques aéreos estadounidenses tenían en común el tipo de aparato –cazabombarderos F-15E– y el objetivo: descabezar a las organizaciones yihadistas. La novedad del del pasado día 1 es que fue lanzado por helicópteros de los marines que despegaron del buque de asalto anfibio USS WASP. Los objetivos del primer ataque fueron blindados y vehículos del Estado Islámico. La nueva estrategia no pasa por intentar descabezar las organizaciones en ataques quirúrgicos, sino por apoyar a las fuerzas locales que combaten al EI con misiones de apoyo aéreo cercano.

Desde el pasado lunes, se han producido nuevos ataques de los marines en Libia, en lo que será una campaña aérea que durará varios días. Uno de las razones aducidas para implicarse más en Libia es que ahora el país cuenta con un –débil– Gobierno de Acuerdo Nacional, con carácter provisional y surgido del pacto de diciembre de 2015. Los ataques aéreos estadounidenses fueron realizados a petición de este nuevo Gobierno. Pero, lejos de ser una solución definitiva, la derrota del EI significaría sólo eliminar un elemento de la complicada ecuación libia.