Contextos

EEUU, la ONU y la lucha contra Hezbolá

Por Nikki Haley 

Logo de Hezbolá.
"De ahora en adelante, cuando los pacificadores se encuentren una barricada de Hezbolá, tienen que detallar dónde, cuándo y por qué han sido detenidos. Esta transparencia pondrá fin a la ignorancia sobre lo que pasa realmente en el sur del Líbano. Cuando a Unifil se le impida hacer su trabajo, el Consejo de Seguridad lo sabrá. Y si la ONU rehúsa actuar, el mundo lo sabrá"

No todos los días llegan buenas noticias de Naciones Unidas. La semana pasada tuvimos una, cuando el Consejo de Seguridad votó redoblar significativamente sus esfuerzos para poner freno a los terroristas de Hezbolá en el sur del Líbano.

Los nubarrones de la guerra se han ido aglutinando ante las narices de la fuerza de pacificación de la ONU. Bajo la dirección de su patrono iraní, Hezbolá ha acumulado armas y curtidos combatientes en el sur del Líbano. La situación es peligrosa, pero el acuerdo alcanzado en el Consejo de Seguridad la semana pasada puede ser un punto de inflexión.

Hezbolá se ha hecho tan arrogante que hasta ha organizado tours mediáticos para lucir sus armas y combatientes ilegales; se ha informado de que ha invitado a más de 100 periodistas a ver a sus combatientes exhibir sus armas en una zona del Líbano en la que se supone no debía tener ninguna.

En flagrante violación de las resoluciones del Consejo de Seguridad, los combatientes de Hezbolá posaron con sus armas ante los periodistas. Un fotógrafo dijo que parecía “[el Museo de] Madame Tussaud con combatientes de Hezbolá”. Pero la fuerza de la ONU conocida como Unifil no ha visto ninguna de esas armas que los medios internacionales fotografiaron.

Unifil tiene la consideración de fuerza “interina”, pero lleva en el Líbano 40 años ya. Una parte importante de su mandato consiste en ayudar al Gobierno libanés a asegurar que no hay armamento fuera de su control en el territorio próximo a Israel. Es una tarea difícil, pero durante demasiado tiempo la fuerza pacificadora ha fracasado clamorosamente en esta parte fundamental de su misión. Algunos de sus jefes ni siquiera reconocen que hay un problema.

Mientras Unifil ha mirado para otro lado, Hezbolá se ha ido preparando para la guerra. Según confesión propia, Hezbolá está comprometida con la destrucción de Israel. En tiempos recientes ha intensificado su compromiso incrementando masivamente sus existencias de cohetes, misiles y combatientes.

A Unifil se le ha dado un gran poder para impedir las actividades ilegales y hostiles de Hezbolá. El problema es que no lo ha empleado. Ha desarrollado una suerte de mentalidad de no ver ni escuchar nada. Así, a veces, en sus patrullas por el sur del Líbano, ha topado con barricadas; agentes de paisano han aparecido de súbito y bloqueado camiones de Naciones Unidas, han robado lo que portaban y los han apedreado hasta que han dado la vuelta y abandonado el lugar. He aquí Hezbolá. Hezbolá no quiere que Unifil vea nada más allá de las barricadas. Y Unifil por lo general se da la vuelta sin informar sobre quién y por qué le ha detenido. Unifil no sabe lo que Hezbolá oculta y el mundo no sabe por qué sus patrulleros han sido obligados a dar la vuelta.

Este estado de cosas es inaceptable, y EEUU ha rechazado aceptarlo.

La semana pasada, cuando el mandato de la misión pacificadora había de ser renovado, pugnamos por la introducción de modificaciones en el mismo para asegurar que Unifil hace su trabajo y –crucial– para saber cuándo se le impide hacerlo.

Luego de unas tensas negociaciones en la mera víspera de que el mandato de Unifil expirara, alcanzamos un acuerdo en el Consejo de Seguridad para introducir una serie de cambios en su misión. Nuestros cambios harán que Unifil aumente sus patrullas e inspecciones, lo que contribuirá a perturbar las actividades ilícitas de Hezbolá. Unifil aumentará su presencia visible sobre el terreno, y tendrá más capacidad para detectar y detener combatientes y armas.

Más importante aún: nuestros cambios requieren que Unifil informe cuando se le impida ver algo que quiera inspeccionar. De ahora en adelante, cuando los pacificadores se encuentren una barricada de Hezbolá, tienen que detallar dónde, cuándo y por qué han sido detenidos. Esta transparencia pondrá fin a la ignorancia sobre lo que pasa realmente en el sur del Líbano. Cuando a Unifil se le impida hacer su trabajo, el Consejo de Seguridad lo sabrá. Y si la ONU rehúsa actuar, el mundo lo sabrá.

Para EEUU, ha llegado la hora de la firmeza, la resolución y la exigencia de responsabilidades en Naciones Unidas. Y de eso va nuestro empeño en el reforzamiento de Unifil.

Es un paso importante, pero queda mucho por hacer. Como peón del forajido régimen iraní, Hezbolá no renunciará a sus objetivos terroristas. Pero así como Hezbolá está redoblando sus esfuerzos, EEUU –y ahora también la ONU– está redoblando los suyos contra Hezbolá.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio