Revista de Prensa

EEUU, Israel y los Estados del Golfo: cooperación y oportunidades

 

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La intervención iraní en los asuntos regionales y el terrorismo yihadista son dos peligros que se ciernen sobre todo Oriente Medio. Dennis Ross, del Washington Institute, cree que la situación genera una oportunidad para una mayor colaboración simultánea de EEUU con Israel y los Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo.

(…) si EEUU fomenta una cooperación discreta entre las fuerzas de seguridad e inteligencia israelíes y árabes, podría cosechar nuevos beneficios al enfrentarse con las amenazas planteadas por iraníes, el ISIL [Estado Islámico], Al Qaeda y sus grupos afiliados. Por supuesto, la convergencia de intereses israelo-suníes podría ser también potencialmente útil en el asunto de la paz entre palestinos e israelíes. En la actualidad, tanto palestinos como israelíes necesitan cobertura árabe para llevar a cabo cualquier movimiento positivo del uno hacia el otro.

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La gran cuestión es si los principales Estados árabes tienen, en este momento, interés en proporcionar cobertura a palestinos e israelíes por igual.

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Al final, Israel y los principales Estados árabes suníes comparten una percepción común de la amenaza y su cooperación tácita crea una importante novedad en la región. ¿Puede la Administración Trump beneficiarse de ello para contrarrestar las amenazas iraníes y de los radicales islamistas suníes de la región y aprovecharlo en el (…) conflicto palestino-israelí? El tiempo y la eficaz diplomacia silenciosa lo dirán.

Jonathan Tobin critica al New York Times por presentar al terrorista palestino Marwán Barguti como un nuevo Mandela, cuando su gran objetivo es la destrucción de Israel.

El ‘New York Times’ promovió a Barguti en sus páginas porque los editores del periódico han aceptado el relato de que es el Nelson Mandela palestino. De la misma manera que la narrativa que pinta a Israel como un ‘Estado apartheid’ es falsa, la analogía con Mandela es falsa también.

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Por el contrario, actuando a las órdenes del líder palestino Yaser Arafat, Barguti emprendió una campaña de terrorismo que contribuyó a la muerte de más de mil judíos años después de la paz que, supuestamente, había sido alcanzada en los Acuerdos de Oslo. Fue también una respuesta a la oferta de un Estado palestino independiente formulada por el ex primer ministro israelí Ehud Barak. En lugar de intentar forzar las negociaciones, el terrorismo de Barguti fue parte de un esfuerzo para destruir las esperanzas de paz y coexistencia.

Jonathan Schanzer, de la Foundation for Defense of Democracies, pone el acento en el riesgo de confrontación entre Jerusalén y Moscú a cuenta de las actividades de apoyo de Putin a los aliados del régimen sirio. Entre estos últimos destaca Hezbolá, la organización terrorista chií libanesa patrocinada por Irán, que amenaza la propia existencia de Israel.

Irán también está armando a Hezbolá en preparación del próximo conflicto con Israel. En otoño de 2015, los militares israelíes calcularon que Hezbolá había aumentado su arsenal de cohetes de unas estimaciones de 100.000 a aproximadamente 150.000 desde que comenzó la guerra de Siria.

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Rusia pronto estableció centros combinados para coordinar sus esfuerzos de guerra con Irán, Hezbolá y el régimen de Asad. Hezbolá se ha beneficiado de la cobertura aérea rusa e incluso combatió al lado de las fuerzas de Rusia contra los rebeldes sirios.

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Los israelíes han advertido repetidamente que la próxima guerra con Hezbolá será una en la que Israel no buscará otra cosa que la derrota total y expulsión del Líbano [del grupo terrorista].

La implicación de Vladímir Putin en Siria ha sido descrita como un intento de resucitar el pasado ruso. Pero las acciones soviéticas en Oriente Medio contribuyeron inexorablemente a la Guerra de los Seis Días y a su propio debilitamiento en la región. Rusia se arriesga a repetir los errores de hace medio siglo, errores que aún tienen un profundo impacto en la región.