Contextos

Diez años sin Samir Kasir

Por Ziad Mayed 

Samir Kasir.
"La barbarie y el fundamentalismo están partiendo en dos la región. Daesh (ISIS) rivaliza en barbarie con el régimen de Asad, pero éste, junto con sus aliados y patronos, aún supera al grupo extremista en número de víctimas y en la escala industrial de sus matanzas""Los asesinos que en Damasco y Beirut ordenaron, planearon, perpetraron y encubrieron el asesinato de Samir deben ser llevados ante un tribunal. Y para que eso ocurra los sirios deben vencer sobre esos asesinos y liberar su país"

Hace diez años, el régimen sirio y sus agentes libaneses asesinaron en Beirut al historiador, periodista y activista político de izquierdas Samir Kasir.

Samir se sacrificó por sus camaradas y amigos sirios, que durante décadas escribieron, lucharon por la justicia, combatieron el fascismo y sufrieron cárcel. Se sacrificó también por sus camaradas y amigos libaneses, que junto a él desafiaron el imperio de ese mismo fascismo sobre el Líbano durante muchos años.

Ha pasado una década desde que Samir se agachase por última vez, con su jersey azul empapado en sangre, sobre las ruedas de su coche, que fue destruido por la explosión que lo mató. Los acontecimientos que han tenido lugar desde entonces y los horrores que han producido son difíciles de digerir. El Líbano ha visto la muerte en forma de guerra, golpes de Estado, asesinatos e invasiones milicianas de Beirut. Lo que queda del Estado libanés, sus instituciones y su Constitución, han sido demolidas, y la discordia ha perjudicado a los proyectos cívico-políticos por los que Samir bregó.

Más peligrosos y de más hondos efectos son los acontecimientos que han tenido lugar en el entorno inmediato y menos inmediato del Líbano en los últimos cinco años. Ha habido revoluciones contra la tiranía y la ‘miseria árabe’, a las que han sucedido contrarrevoluciones, golpes militares y guerras que aún no han concluido. La barbarie y el fundamentalismo están partiendo en dos la región. Daesh (ISIS) rivaliza en barbarie con el régimen de Asad, pero éste, junto con sus aliados y patronos, aún supera al grupo extremista en número de víctimas y en la escala industrial de sus matanzas.

Ahora bien, esta última década ha traído también brío y esperanza. La vitalidad cultural de Beirut, su libertad artística y de expresión, sigue resistiéndose al estancamiento. No han podido con ella las campañas de estigmatización, las amenazas y las balas. La llegada desde Siria de artistas, escritores y periodistas sirios y palestinos ha enriquecido tremendamente la cultura de la ciudad en los últimos cuatro años. Por otro lado, las revoluciones árabes, que han clamado victoria o sido derrotadas o triunfado al derrocar a un dictador pero no han conseguido que prevalezca la regla democrática, han dado carta de naturaleza a vastas fuerzas sociales en Túnez, Egipto, Bahréin, Libia y el Yemen. Aunque se teme que algunas de ellas sean severamente sofocadas, seguro que no se extinguirán.

Así pues, los años de ausencia de Samir han estado repletos de acontecimientos y dinámicas que cambian rápidamente. Su aura sigue presente entre sus colegas. Saludan su estatua en el centro de Beirut cuando pasan frente a ella, o le imaginan comentando, debatiendo u observando. Libaneses, palestinos y sirios se reúnen ahí periódicamente, con ocasión de campañas o causas relevantes. Hay algo de satisfactorio ahí, especialmente si se piensa en los asesinos de Samir conteniendo su rabia mientras pasan ante la estatua y ven a la gente reunirse en torno a su jardín.

Pero la auténtica satisfacción no se producirá hasta que se haga al menos algo de justicia. Pero para que eso ocurra, los asesinos que en Damasco y Beirut ordenaron, planearon, perpetraron y encubrieron el asesinato de Samir deben ser llevados ante un tribunal. Y para que eso ocurra los sirios deben vencer sobre esos asesinos y liberar su país de la ocupación que padece desde aquel fatídico día de noviembre de hace 45 años.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio