La Librería

Desvelando la historia del Instituto

Por Eli Cohen 

Logo del Mosad.
"El Mosad es una parte muy importante del moderno Estado de Israel; una parte que es difícil que escape no sólo a mi lupa, sino a la de cualquier interesado, profesionalmente o no, en lo que pasa en el Gran Oriente Medio""Uno de los libros más famosos sobre el Instituto es 'Mosad, la historia secreta', de Gordon Thomas. Se lee como una novela. Es extenso, ameno y está lleno de información, hechos y anécdotas que han cambiado el rumbo de muchos acontecimientos mundiales""Las explosiones en almacenes de armas, los efectos de virus informáticos como el 'Stuxnet', las muertes en extrañas circunstancias de científicos iraníes o el hecho de que Hasán Nasrala, el líder de Hezbolá, viva bajo tierra dejan constancia de que el Instituto sigue vigilante y activo, velando por la seguridad de Israel"

Si tuviera que contabilizar en cuadernos las veces que me han preguntado si mi nombre se debe al célebre espía del Mosad, tendría ya acciones en alguna importante empresa del sector de la papelería. Sea como fuere, mi nombre es el de mi abuelo, un joyero sefardí nacido en Melilla, y que coincida con el del espía israelí es pura coincidencia. Parafraseando a David Gistau, yo hubiera preferido dedicar mi vida a intercambiar prisioneros con la KGB en puentes brumosos, pero mis decisiones me han llevado a leer libros sobre la agencia de inteligencia para la que trabajó Eli Cohen y a analizarlos, entre otras cosas. El Mosad, pues, es una parte muy importante del moderno Estado de Israel; una parte que es difícil que escape no sólo a mi lupa, sino a la de cualquier interesado, profesionalmente o no, en lo que pasa en el Gran Oriente Medio.

La leyenda del Mosad viene siendo desentrañada desde hace décadas en libros como Venganza, de George Jonas –en el que supuestamente se basó Spielberg para dirigir Munich–; The Woman from Mossad: The Story of Mordechai Vanunu and the Israeli Nuclear Program, de Peter Hounam, el periodista británico que publicó la entrevista con Vanunu en la que el técnico de la central nuclear de Dimona reveló que Israel tenía la bomba; o, más recientemente, el muy recomendable Los verdugos del Kidon, de Eric Frattini, en el cual se menciona la famosa operación en Dubái, emitida en todo el mundo por YouTube, para eliminar a Mahmud al Mabú, cofundador del ala militar de Hamás.

Uno de los más famosos, no obstante, es este que nos ocupa: Mosad, la historia secreta (Gideon’s Spies: The Secret History of the Mossad, en su título original), del escritor galés Gordon Thomas. Se lee como una novela. Es extenso, ameno y está lleno de información, hechos y anécdotas que han cambiado el rumbo de muchos acontecimientos mundiales. Además, comienza con algo controvertido y que engancha realmente al lector: la posible implicación del Mosad en la muerte de Lady Di. En este capítulo, la especulación está servida y no se aclara nada, Thomas sólo lanza verde para recoger maduro. Pero es una introducción con pegada comercial y un comienzo bastante atractivo para la historia de una de las agencias de inteligencia más misteriosas del planeta.

El libro hace un repaso cronológico de la formación y desarrollo del Mosad, desde sus orígenes en el embrión del Ejército israelí, la Haganá. Relata los años de formación, cómo pasa a depender directamente del primer ministro (1951); detalla la personalidad de los sucesivos todopoderosos directores que han pasado por el Instituto (traducción literal del hebreo Mosad) y las grandes gestas –¡y también las grandes pifias–; la importancia y utilidad de su objeto de estudio, y, por supuesto, sus métodos poco ortodoxos e implacables.

Cuesta creer, conforme nos adentramos en la lectura del libro, que estos hechos hayan sido reales y no sean el esbozo de algún guión de Hollywood. El Instituto debe su leyenda a eso: a haber conseguido que la realidad supere la ficción. Incluso, haciendo gala de las enseñanzas de Sun Tzu –el arte de la guerra se basa en el engaño–, el Mosad ha sido hábil al atribuirse determinadas acciones para así aumentar su aura de agencia omnipresente y omnipotente.

Aun así, cuando llegamos al capítulo dedicado a la captura del criminal de guerra Adolf Eichmann, no podemos sino maravillarnos de cómo unos hombres, liderados por el espía Rafi Eitan, movidos por un ideal más fuerte que cualquier motivación de dinero o fama, y conscientes de su responsabilidad histórica para con seis millones de judíos asesinados, se arman de valor y traman una operación de secuestro casi perfecta para llevar a Israel a Eichmann y juzgarlo por sus crímenes. Thomas narra cómo Eitan tuvo que controlar sus impulsos y no ahogar directamente al renombrado tecnócrata nazi Ricardo Klement en Buenos Aires –información que consiguió el Mosad gracias a, en palabras de Ronald Reagan, uno de los héroes del siglo XX: el cazanazis Simon Wiesenthal–, que envió a millones de judíos al exterminio como quien emitía una orden de inspección sanitaria. En mayo del pasado año, el Museo de la Diáspora de Tel Aviv abrió una exposición de objetos de dicha operación: pasaportes falsos, las esposas que le pusieron a Eichmann o la ficha de las SS que el Mosad utilizó para identificar a éste. Desde entonces, la Operación Garibaldi –nombre de la calle donde residía Eichmann– ha sido una de las cartas de presentación del Instituto.

Continuamos avanzando y descubrimos también la historia de mi tocayo, Eli Cohen. Es curioso el engranaje del destino: la primera vez que solicitó ingresar en el Mosad fue rechazado. Pero cuando aterrizó en el cuartel general de Tel Aviv, Meir Amit, el director que más huella dejó en la casa, se empeñó en volver a captar a Cohen para una de las operaciones más importantes y peligrosas de la época. Así, Eli Cohen se trasladó a Siria simulando ser un hombre de negocios egipcio –nació en Alejandría y hablaba árabe a la perfección– para infiltrarse en las más altas instancias del Gobierno sirio. Cohen llegó a conseguir los planes baazistas para arrasar Israel y la ubicación de los arsenales de armas y las fortificaciones del ejército de Hafez al Asad en el Golán. Una información de valor incalculable. A este respecto, la anécdota de los eucaliptos es ya un clásico en la historia militar de Israel. Eli Cohen convenció al Ejército sirio para que plantara eucaliptos allí donde se estaban sus posiciones en los Altos del Golán, así que sólo tuvo que decir a sus jefes en Israel que, llegado el caso de guerra, tiraran allí donde hubiera eucaliptos. Así sucedió durante la aplastante victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días, dos años después de que Eli Cohen fuera ahorcado en el centro de Damasco, ante los televisores de todo el mundo.

Es cierto que el autor recurre a testimonios de colaboradores y usa una narrativa novelesca que atrapa, lo que aleja al libro de lo estrictamente académico o documental. Sin embargo, es una de las obras más completas sobre el Mosad y es además bastante imparcial y objetiva. Thomas recalca que el Instituto ha tenido la seguridad de Israel como su único objetivo y que ha salvado vidas de israelíes con métodos contraterroristas ilegales. Sí, ilegales, porque si el espía se mueve dentro de los formalismos ya no es un espía. Por otro lado, tampoco duda en implicar al Mosad en maniobras turbias, como el Irangate o el asesinato del magnate Robert Maxwell; y, por supuesto, se detiene también en los grandes fiascos, como el intento de asesinato de Jaled Meshal en Jordania en 1997, lo que costó a Benjamín Netanyahu un disgusto de grandes dimensiones, pues hubo de liberar al jeque Ahmed Yasín, líder espiritual de Hamás, a cambio de los dos kidon –ejecutores– retenidos en Jordania; o la pésima gestión del caso Pollard, un problema aún no resuelto y que sigue generando gran polémica en la sociedad israelí, y del cual podemos ilustrarnos también con la película francesa Les Patriots. El caso Pollard, en el que un judío americano fue pillado vendiendo secretos militares a Israel, ha sido uno de las grandes estigmas de la historia del Mosad.

A pesar de su aparente imparcialidad, Gordon Thomas ha recibido críticas por la fidelidad de lo relatado en esta obra. Yo tuve el privilegio de escuchar de primera mano una bastante demoledora. Me encontraba en la reunión anual del Congreso Judío Mundial en Córdoba, en el año 2005. Uno de los asistentes era David Kimche, a quien Thomas dedica el capítulo “El espía refinado” y califica de “una de las fábricas intelectuales detrás de las operaciones del Mosad”. Kimche, ya fallecido, me aseguró que el libro estaba lleno de mentiras: “A lot of lies”.

En la edición posterior al 11-S, el galés ofrece un capítulo actualizado sobre la información que conocía el Mosad, y el aviso dado a EEUU, sobre los planes de Al Qaeda.

Según nos cuenta Thomas, el Mosad es una agencia de inteligencia ingeniosa, poderosa y despiadada, guiada por un ideal que sitúa a los katsas –agentes– como garantes de la seguridad del Estado judío. Los agentes del Mosad tienen claro que nadie va a hacer por ellos lo que es necesario. Aparecen como idealistas, nunca como mercenarios: no reciben medallas ni reconocimientos públicos.

Es cierto que el aura de misterio del Instituto se ha ido desvaneciendo con los años. De hecho, el Mosad publica en las redes sociales ofertas de trabajo, algo impensable antaño. Sin embargo, su efectividad sigue estando a la altura de sus años dorados. Las explosiones en almacenes de armas, los efectos de virus informáticos como el Stuxnet, las muertes en extrañas circunstancias de científicos iraníes o el hecho de que Hasán Nasrala, el líder de Hezbolá, viva bajo tierra dejan constancia de que el Instituto sigue vigilante y activo, velando por la seguridad de Israel.

Gordon Thomas: Mossad. La historia secreta. Ediciones B (Barcelona), 416 páginas.