Revista de Prensa

Desafiar a Erdogan

 

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El periodista israelí Eldad Beck escribe sobre la más reciente protesta multitudinaria contra el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y sobre la grave crisis política, social e institucional que vive el país euroasiático debido, precisamente, al creciente autoritarismo del mandatario islamista.

Al intensificar la persecución contra los opositores del régimen, el presidente de Turquía está convirtiendo su país en una perfecta demodictadura, donde a la gente sólo se le permite votar a favor de aquello que desee el líder y quien ponga objeciones es arrojado a la cárcel y acusado de terrorismo.

(…) Si Turquía quiere protegerse a sí misma, lo que necesita no es un golpe militar sino uno popular. Erdogan ha hecho todo lo que ha podido para impedirlo, incluso a costa de afrontar conflictos políticos, militares y exteriores.

El analista turco Murat Yetkin analiza la permanente crisis diplomática entre su país y la UE y llama al mutuo entendimiento, partiendo de la premisa de que ambas partes están condenadas a entenderse.

En cierto sentido, estamos ante un círculo vicioso. Cuando los políticos europeos que desprecian las políticas de Erdogan se apartan de Turquía, Erdogan no hace sino distanciarse aún más de la UE; cuando la calidad de la democracia turca se degrada, la UE se distancia aún más de Turquía.

A estas alturas no merece la pena repetir el cliché de que Turquía y la UE se necesitan. Por supuesto que se necesitan. Pero es que la visión de conjunto nos dice algo aun más relevante: sencillamente, Turquía y la UE no pueden prescindir la una de la otra.

Turquía debe seguir la senda europea y los políticos europeos deberían facilitarle el empeño. También por su propio interés.

Abdulramán al Rashid, ex director general de Al Arabiya, afirma que, pese a sus protestas públicas, el emirato se avendrá a cumplir las condiciones que le han impuesto los países árabes (Arabia Saudí, Egipto, Emiratos y Baréin) que le han boicoteado por su apoyo al terrorismo islamista.

Las maniobras de Doha pueden ser predichas como si estuvieran expuestas en un libro abierto. Qatar ha dado los mismos pasos en crisis anteriores. Se apresta a difundir la propaganda del rechazo y a exhibir unas posiciones telegénicas que no se ajustan a sus capacidades ni dan cuenta de las decisiones que verdaderamente se propone tomar.

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A Qatar le preocupan las apariencias; quiere que el mundo vea que rechaza las demandas pero entre bambalinas se dispondrá a alcanzar un compromiso. Una conocida fuente catarí recomienda no creer nada de lo que diga ahora Qatar (…)