Contextos

Derrocar a Sadam Husein fue la decisión correcta

Por John Bolton 

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"Los iraquíes tienen ahora una oportunidad, que se les había negado bajo Sadam, para forjar una nueva sociedad, como hicieron Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial"

Los opositores a la guerra de Irak siguen propagando mitos. Lo cierto es que Estados Unidos alcanzó muchas de las metas que se planteó.

Derrocar al dictador Sadam Husein en 2003 sirvió para alcanzar importantes objetivos estratégicos. La amplia coalición internacional llevó a cabo su misión militar con un bajo número de víctimas y gran rapidez, enviando así una señal inequívoca de poder y determinación a todo Oriente Medio y al resto del mundo. Pese a las críticas recibidas por lo ocurrido tras la derrota de Sadam, estos hechos son irrefutables.

Sin embargo, la incesante hostilidad por parte de los opositores a la guerra amenaza, ante la opinión pública, los evidentes méritos de la eliminación de la dictadura baazista. El no responder a las críticas, así como las conclusiones políticas completamente erróneas que se derivan de ellas, sólo conducirá a que se creen más problemas en el futuro.

Consideremos algunos de los mitos más arraigados:

1. Irak está ahora peor que con Sadam

Esta acusación puede venir únicamente de personas con tendencia a admirar los totalitarismos. Ciertamente, Irak ha sufrido una década dura y su futuro está lejos de estar asegurado, pero esa incertidumbre procede de tensiones históricas que vienen de muy atrás y de la conflictividad existente entre sus principales grupos étnicos y religiosos, reprimida durante la época de Sadam Husein. Sería lo mismo que añorar a Stalin o a Tito. El defecto inherente a Irak, el ser una nación artificial, podría hacer que se fuera a pique, pero no sería debido a la invasión estadounidense. Al contrario: los iraquíes tienen ahora una oportunidad, que se les había negado bajo Sadam, para forjar una nueva sociedad, como hicieron Alemania y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Pero no nos metimos en una guerra después de Pearl Harbor para construir naciones para nuestros enemigos. Y, en todo caso, la cuestión nunca fue dar una vida mejor a los iraquíes, sino asegurar un mundo más seguro para Estados Unidos y sus aliados.

2. Las guerras para imponer democracias fracasan invariablemente

Esta generalización, sea cierta o no, resulta básicamente irrelevante en el caso iraquí. Mientras que el presidente George W. Bush y otros más trataron de justificar la acción militar tras la caída de Sadam como un acto para extender la democracia, tales argumentos no desempeñaron un papel significativo en la decisión de acabar con el régimen. Obviamente, la mayoría de los miembros de la Administración esperaba que el partido Baaz fuera sustituido por un Gobierno representativo, pero ése no fue el motivo ni debió serlo, y tampoco lo será en futuras intervenciones.

3. Bush mintió sobre las armas de destrucción masiva 

Es ridículo. Cualquiera que haya trabajado alguna vez para el Gobierno estadounidense sabe lo difícil que es mantener algo en secreto, incluida la información más decisiva sobre nuestra seguridad nacional. La idea de que una conspiración para mentir acerca del armamento de destrucción masiva de Sadam haya podido mantener sus maquinaciones en secreto hasta hoy, en todo o en parte, suena a paranoia.

EEUU y sus aliados, especialmente el Reino Unido, creían, por ejemplo, que Iraq poseía un arsenal de armas químicas no gracias al espionaje, sino a las propias declaraciones de Sadam Husein en 1991 acerca de esas armas en relación a la resolución de alto el fuego adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU. El tirano afirmó que había eliminado sus armas de destrucción masiva, pero se negó a proporcionar cualquier prueba que corroborara esa información a los inspectores de las Naciones Unidas. Prácticamente cualquier observador objetivo habría llegado a la conclusión de que mentía, y que, por tanto, aún poseía una amplia y amenazadora capacidad destructiva. Se pueden inspeccionar los archivos en busca de declaraciones relevantes que afirmaran, antes de la guerra de 2003, que Irak no poseía armas químicas. Sería en vano.

El hecho es que Sadam Husein, con o sin armas de destrucción masiva, era una amenaza estratégica para la paz y la seguridad de Oriente Medio y del mundo entero.Una vez libre de las sanciones y los inspectores de la ONU, algo que hace diez años estuvo muy cerca de lograr, habría acometido ambiciosos programas para la obtención de armas de destrucción masiva.

4. La intervención militar estadounidense fue bastante más agresiva de lo necesario

En absoluto. La crítica más contundente a la operación contra Sadam es que fue necesaria debido a que en 1991 fracasamos al no perseguir nuestros objetivos hasta alcanzarlos por completo. Si hubiéramos liberado Kuwait y a continuación hubiésemos marchado sobre Bagdad para derrocar a Sadam, el mundo se habría evitado mucho sufrimiento e Irak habría tenido realmente una gran oportunidad de construir una sociedad pacífica y democrática antes de que se produjera el ascenso de Al Qaeda y el totalitarismo islámico. Evidentemente, nunca podremos saber si esto habría sido así, pero la lección que debe aprender Washington es que no hay que quedarse nunca cortos por miedo a las críticas de los opinadores internacionales.

Irónicamente, la crítica más acertada que se le puede hacer a la política estadounidense es justo la contraria a la opinión mayoritaria de la izquierda: nuestra inconstancia ha hecho que, demasiado a menudo, nos detengamos antes de alcanzar objetivos deseables y alcanzables. En Irak, por ejemplo, tuvimos que movilizar coaliciones internacionales y potentes contingentes militares por dos veces en diez años para enfrentarnos a la misma amenaza, es decir, a la ilimitada agresividad de Sadam hacia sus vecinos. De forma análoga, en Afganistán, después de ayudar a los muyahidines para que obligaran a los soviéticos a retirarse de forma humillante y contribuir al colapso de la Unión Soviética, nos fuimos en la década de 1990 y los talibanes se hicieron con el poder. Tras derrocar a la camarilla formada por los talibanes y Al Qaeda que gobernaba en Afganistán, estamos a punto de retirarnos de nuevo, cuando todo apunta a que los talibanes volverán a tomar el poder. Y en Irán hemos visto cómo la amenaza nuclear crecía durante veinte años, mientras desperdiciábamos repetidas oportunidades para actuar al respecto.

5. Irán es ahora más poderoso que si Sadam hubiera seguido en el poder

Esta variación sobre el mito anterior ignora la realidad a la que se enfrentó Estados Unidos en 2003. Si Sadam hubiera sido eliminado en 1991, el riesgo de la influencia iraní podría haberse dejado sin efecto antes de que la amenaza nuclear de Teherán creciera hasta los niveles actuales. Tras el derrocamiento del dictador iraquí EEUU debería haber vuelto su atención a los regímenes de Irán y Siria. Si hubiéramos apoyado a la oposición interna para derrocar a Asad y a los ayatolás hace diez años, al igual que si hubiéramos eliminado a Sadam Husein en 1991, hoy la situación en Oriente Medio sería muy diferente.

Si Obama consigue salirse con la suya, Estados Unidos emprenderá la retirada en todo el mundo y reducirá su capacidad militar. Eso es lo que los opositores a la guerra de Irak de 2003 llevan tiempo manifestando que desean. Si finalmente consiguen lo que quieren, no pasará mucho tiempo antes de que comiencen a quejarse por ello. Recuerden que lo leyeron antes aquí.

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