Contextos

Defensa propia para todos, menos para Israel

Por elmed.io 

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"Quienes piden a Israel que no ataque a significados asesinos, en realidad lo que buscan es inmunidad para quienes pretenden sembrar el terror entre los israelíes y alimentar el conflicto. En teoría están a favor del derecho de Israel a la defensa propia; en la práctica, siempre lo rechazan"

Cuando las fuerzas israelíes lanzaron un ataque sorpresa contra un alto mando de la Yihad Islámica Palestina (YIP) en Gaza, eran de esperar estas cuatro reacciones: 1) que la organización terrorista respondiera a la eliminación de ese conocido asesino disparando cohetes contra Israel; 2) que Hamás –la organización terrorista que ha impuesto en Gaza una tiranía islamista–, responsable del mantenimiento del alto el fuego con Israel, se uniera a la YIP en la práctica de ese crimen de guerra que es disparar al azar contra objetivos civiles; 3) que gran parte del mundo culpara a Israel por iniciar otro “ciclo de violencia”, en el que el Estado judío es considerado culpable en la misma medida, si no más, que los terroristas; 4) que los israelíes y los estadounidenses críticos con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, lo acusaran de ordenar la operación con el fin de promover sus intereses políticos.

A las 24 horas de la muerte de Baha Abu al Ata, al que los servicios de seguridad de Israel definieron acertadamente como una “bomba de relojería”, eso fue exactamente lo que sucedió. 

Las organizaciones terroristas palestinas dispararon cientos de cohetes contra Israel. Sonaron alarmas antiaéreas en todo el sur del país, lo que provocó que decenas de miles de israelíes se precipitaran a los refugios. Se cerraron los colegios en todo el sur y en algunas zonas del centro del país.

Aunque sus apologetas suelen describir a Hamás como un actor razonable con el que Israel debería negociar, su implicación en los ataques para vengar a Abu al Ata se dio por sentada, dado que en la dinámica de la política palestina siempre se recompensa la violencia. Aunque sigue comprometida con la destrucción de Israel, en líneas generales Hamás ha observado el alto el fuego que ha mantenido en relativa calma la frontera israelo-gazatí durante los últimos meses, sobre todo porque quiere mantener la paz interna en una Gaza hundida económicamente. Puede que sus líderes estén encantados con que Israel haya eliminado a uno de sus rivales, cuyas actividades representaban una amenaza para su régimen; pero no pueden permitirse mantenerse al margen de la lucha durante demasiado tiempo y dar así la impresión de que apoyan la paz en vez de la guerra eterna contra los judíos. 

Por eso las llamadas a la “contención mutua” que siempre hacen los críticos de Israel son tan falsas; y además socavan las esperanzas de paz.

Siempre que Israel hace algo para defender a su población o para forzar a las organizaciones terroristas a cesar en sus operaciones, sus actos se perciben como una provocación. Quienes piden a Israel que no ataque a significados asesinos, en realidad lo que buscan es inmunidad para quienes pretenden sembrar el terror entre los israelíes y alimentar el conflicto. En teoría están a favor del derecho de Israel a la defensa propia; en la práctica, siempre lo rechazan.

Esta actitud no hace ningún favor a los palestinos. Mientras cada organización palestina deba estar pendiente de las demás facciones violentas, por si ganan popularidad vía derramamiento de sangre, incluso los más tímidos y teóricos pasos hacia la paz seguirán siendo imposibles.

Al considerar que Israel y sus acciones en defensa propia son equivalentes a las acciones de la YIP y el régimen terrorista de Hamás que gobierna Gaza, los críticos del Estado judío están no sólo socavando la seguridad judía, sino condenando a los palestinos atrapados en la Franja a seguir asediados y maltratados por sus capos terroristas.

Finalmente está la cuestión de la supuesta manipulación cínica que hace Netanyahu del problema de la seguridad para su propio beneficio político.

Ha llegado un punto en el que no hay prácticamente nada que el primer ministro pueda hacer sin ser objeto de críticas. Cuando expresa su renuencia a emplear la fuerza, lo acusan de indeciso. Cuando, como sucede ahora, actúa siguiendo el consejo de su equipo de seguridad y ordena a las Fuerzas de Defensa de Israel que eliminen una amenaza, lo acusan no sólo de inflamar el situación, también de hacerlo por mero ventajismo político.

Sin embargo, después de trece años como jefe del Gobierno, si hay algo sobradamente conocido de Netanyahu es su extrema cautela a la hora de arriesgar la vida de soldados israelíes y su mayor interés en la disuasión bélica, antes que en arriesgarse a una escalada para salirse con la suya o exhibir su dureza. Se le podrá criticar lo que se quiera por sus medidas políticas o su personalidad, pero cuando ha ordenado actuar a las Fuerzas Armadas ha sido únicamente después de haber intentado todas las demás opciones.

Aun si este último episodio de violencia no se convierte en una guerra total y termina en una suerte de calma temporal entre Israel y Gaza, los observadores no deberían ignorar los dos factores que siguen en el núcleo del problema: la obstinación palestina e Irán.

Mientras la cultura política palestina recompense el derramamiento de sangre y castigue la pacificación, la Autoridad Palestina, la YIP y Hamás seguirán reproduciendo este escenario. El verdadero ciclo de violencia no es aquel en que Israel es siempre acusado de causar problemas al matar terroristas, sino aquel en que los palestinos se aferran a una dinámica de guerra interminable de la que no pueden escapar.

En segundo lugar, Oriente Medio sigue pagando el precio de la política de apaciguamiento, fortalecimiento y enriquecimiento de Irán del presidente Barack Obama. En cada escalada entre Gaza e Israel está presente la impronta de Teherán, así como en las amenazas a la frontera norte del Estado judío. La capacidad de la República Islámica para financiar y promover a la YIP le da poder de influencia sobre Hamás y asegura que el conflicto con Israel siga lo más caldeado posible. La mejor forma de prevenir la violencia entre Israel y los palestinos es mantener la presión sobre Irán, intensificando las sanciones que limitan su capacidad de causar problemas en la región y financiar el terrorismo.

En EEUU, el debate sobre Israel y los palestinos sigue impulsado por los críticos de izquierda que piensan que lo que mueve el conflicto es la intransigencia israelí y la beligerancia de Netanyahu. Pero la violencia de estos últimos días es un recordatorio más de que el problema tiene poco que ver con esos factores, y todo con la tóxica cultura política palestina, potenciada por el maligno deseo de Irán de excitar la violencia.

© Versión original (en inglés): JNS
© Versión en español: Revista El Medio