Contextos

¿De verdad somos 'Charlie Hebdo'?

Por Hanin Ghadar 

charlie hebdo cartel 940x626
"No se trata de “Europa contra los terroristas” ni de “Occidente contra los yihadistas”; se trata de todos nosotros (los liberales) contra todos ellos (los fanáticos)""¿Qué hacemos cada vez que un colega periodista es amenazado o intimidado? Se publican unos cuantos artículos, algunos activistas de las redes sociales hablan de ello durante unos días, y luego todos volvemos a nuestras patéticas vidas cotidianas, a esperar la próxima muerte, la próxima amenaza, la próxima censura"

Las respuestas apologéticas a la masacre del Charlie Hebdo, aparte de no tener sentido, resultan extremadamente peligrosas. No es hora de pedir disculpas ni de criticar a las víctimas, sino de trazar las líneas de combate y de asegurarse de que el debate no se convierte en un choque de civilizaciones. Los periodistas de Oriente Medio saben bastante más sobre la violencia intelectual que los europeos, pero la cuestión es: ¿de verdad valoramos nuestras libertades tanto como decimos?

La tragedia del Charlie Hebdo trata de valores y creencias laicas. Golpea a todos los que nos dedicamos a pensar, escribir y suscitar debate. No se trata de “Europa contra los terroristas” ni de “Occidente contra los yihadistas”; se trata de todos nosotros (los liberales) contra todos ellos (los fanáticos). Se trata de la libertad de expresión y de quienes pretenden silenciarnos. Debería ser una oportunidad para unirnos contra el enemigo común y para evitar afirmaciones como “esto no es el islam” o “el islam es inocente de la violencia”. Y, desde luego, no es momento de acusar al Charlie Hebdo de racismo o de sobrepasar ciertos límites.

Cuando se trata de la libertad de pensamiento y de expresión no debería haber límites; adoptar o no ciertas ideas es una decisión personal. Así que, cuando hablamos de la tragedia del Charlie Hebdo, los periodistas de Oriente Medio deben mirar muy bien qué terreno pisan y hacer introspección antes de disculpar al islam o de criticar a otros periodistas, simplemente porque hemos estado ahí y porque siempre tendremos que enfrentarnos a esos demonios.

Los intentos de silenciarnos han adoptado muchas formas y han procedido de diversos grupos. La primera fetua contra la libertad de expresión fue la del mulá iraní contra Salman Rushdie, pero son muchos los que han sido amenazados y asesinados antes y después de eso por instituciones religiosas y grupos políticos tanto suníes como chiíes.

Durante décadas, escritores y periodistas libaneses han sido asesinados de esa misma forma atroz. Kamel Mroue fue abatido en su oficina en 1966 por un pistolero mientras revisaba las últimas galeradas de la siguiente edición de su periódico. Salim Lawzi fue hallado muerto en Beirut en 1980 tras haber permanecido secuestrado durante dos semanas. Mahdi Amel fue asesinado en 1987; Gebran Tweini y Samir Kasir lo fueron en 2005. Muchos más han sido amenazados, asaltados e intimidados a diario.

Nadie puede comprender la tragedia del Charlie Hebdo mejor que los periodistas, escritores y activistas de Oriente Medio. Sabemos lo que es. Pero aún no sabemos cómo afrontarlo; no sabemos cómo detenerlo, porque aún vivimos con miedo y no estamos unidos.

Por eso no basta con condenar, tuitear mensajes de solidaridad o #jesuischarlie para demostrarle al mundo que somos los buenos. Mañana tendremos que volver a nuestra vida cotidiana y darnos cuenta de que tenemos que hacer frente a nuestros propios demonios, por nosotros mismos, individualmente, mientras el mundo siente pánico y empieza a dudar de nuestra credibilidad.

Valoramos la libertad de podernos expresar, pero no lo suficiente. No tenemos que demostrarle al mundo que lo hacemos, pero, desde luego, debemos ser honrados con nosotros mismos y plantearnos esta pregunta: ¿De verdad queremos ser libres? ¿O estamos dispuestos a sacrificar la libertad a cambio de seguridad? Porque si valoramos nuestra libertad tanto como decimos deberíamos hacer lo siguiente, ahora mismo y sin vacilar:

¿De verdad podemos hacer todo esto, como ciudadanos? ¿O preferimos ser vasallos? Si no podemos, admitámoslo ante nosotros mismos y digamos que la verdad es que no nos importa que nos censuren, o que asalten o asesinen a alguno de nosotros. Entonces podremos ser claros al respecto, y aquellos de nosotros que no puedan respirar sin libertad al menos podrán dejar de esperar hacerlo, y puede que se vayan a respirarla a otro sitio.

¿En realidad, qué hicimos cuando Samir Kasir y Gibran Tweini fueron asesinados? ¿Qué hacemos cada vez que un colega periodista es amenazado o intimidado? Se publican unos cuantos artículos, algunos activistas de las redes sociales hablan de ello durante unos días, y luego todos volvemos a nuestras patéticas vidas cotidianas, a esperar la próxima muerte, la próxima amenaza, la próxima censura.

El problema es que muchos miembros de la denominada élite intelectual siguen siendo incapaces de  cumplir los requisitos mínimos para lograr una libertad de expresión básica y genuina. Aceptan demasiados compromisos.

Así que no, no tendremos derecho a formar parte de #jesuischarlie y a decir que nos importa hasta que no empecemos por nosotros mismos.

NOW