Contextos

Daniel Pearl: "Soy judío"

Por José María Marco 

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"Jalid Sheij Mohamed, el asesino de Daniel Pearl, fue detenido en Pakistán en 2003, en relación con las investigaciones sobre el 11-S. Fue sometido a interrogatorios muy duros, durante los cuales confesó, entre otros crímenes, su responsabilidad en el degollamiento y decapitación del periodista norteamericano"

Hace doce años, el 1 de febrero de 2002, fue degollado y decapitado por unos islamistas Daniel Pearl. Como es bien sabido, Pearl era periodista, corresponsal del Wall Street Journal. Tenía doble nacionalidad norteamericana e israelí y estaba destacado en la India. Viajó a Pakistán para recoger información acerca de Richard Reid, el shoe bomber. Pensaba que aquella pista le suministraría datos sobre los atentados del 11-S. Fue secuestrado cuando se dirigía a realizar una entrevista y hasta pasadas varias semanas no se supo lo ocurrido. Entonces los secuestradores difundieron un vídeo que mostraba los últimos momentos de Pearl: el recitado de un texto, el degollamiento y la decapitación. El cuerpo apareció, en diez pedazos, al norte de Karachi y fue enterrado en California.

Jalid Sheij Mohamed, el asesino de Daniel Pearl, fue detenido en Pakistán en 2003, en relación con las investigaciones sobre el 11-S. Fue sometido a interrogatorios muy duros, durante los cuales confesó, entre otros crímenes, su responsabilidad en el degollamiento y decapitación del periodista norteamericano. La confesión fue luego confirmada mediante el vídeo de los hechos. El proceso, sin embargo, presenta tantas irregularidades que los tribunales norteamericanos ni siquiera aceptaron que el acusado pudiera declararse culpable en 2008. La Administración Obama intentó traspasar el caso a la jurisdicción civil. El escándalo político lo impidió y en 2012 el asesino de Pearl fue trasladado a Guantánamo, donde permanece hasta ahora. La familia ha aceptado que la causa sobre el asesinato de Pearl se posponga hasta después del juicio sobre el 11-S, pero por el momento nadie sabe cuándo tendrán lugar uno y otro. En Estados Unidos, como en muchos otros países del mundo, la justicia tiene problemas para gestionar las consecuencias de hechos tan atroces y específicos como los relacionados con el terrorismo.

Poco antes de su asesinato, Daniel Pearl fue grabado mientras recitaba una especie de monólogo. Constaba, por lo fundamental, de dos partes. En una de ellas, la última, profería frases de propaganda antinorteamericana. La familia ha mantenido que Pearl no prestó nunca crédito a lo que estaba diciendo, y que las leyó convencido de que después iba a ser puesto en libertad.

En la primera parte, Pearl, que iba a ser asesinado pocos minutos después, hizo una breve declaración en la que aclaró sus orígenes y su identidad:

Mi nombre es Daniel Pearl. Soy un judío norteamericano de Encino, California, Estados Unidos. Por el lado paterno mi familia es sionista. Mi padre es judío, mi madre es judía, yo soy judío…

El asesinato de Pearl inspiró a Bernard-Henry Lévy un libro titulado ¿Quién mató a Daniel Pearl? Los padres del periodista, Ruth y Judea Pearl, decidieron recordar a su hijo con un volumen de otra índole, en el que judíos de muy diversa condición, nacionalidad y profesión glosaran la declaración de judaísmo de Daniel en la hora de su muerte. El libro, titulado I am Jewish (Soy judío), fue publicado en el año 2004, y quizá convenga volver a echarle una ojeada ahora que se ha vuelto a debatir la naturaleza judía del Estado de Israel, y en consecuencia la identidad judía.

Como era de esperar, la variedad de las respuestas estuvo a la altura de la diversidad de las personas consultadas. Hay quien ve la condición judía con humor y quien la ve bajo el prisma de la trascendencia. Hay quien insiste en el compromiso con la tradición y quien lo hace en el trabajo por el futuro. Hay quien insiste en la religión y quien pone el acento en la cultura, en una manera de vivir. Un rasgo compartido por muchos encuestados es la convicción de que el judaísmo da sentido a toda la vida. El escritor y productor Norman Lear dice que es “un judío total”, y David Horowitz insiste: “Soy judío, y eso influye en todo lo que he hecho, lo que hago y lo que haré”. En otra dirección, Elie Wiesel afirma que, “para un judío, el judaísmo y la humanidad van unidos”, y la cantante y compositora Debbie Friedman, cuyas obras son bien conocidas en la liturgia de numerosas sinagogas, proclama: “En cualquiera de mis relaciones, haga lo que haga, soy judía”.

Daniel Pearl habría compartido esta reflexión de fondo. Fue eso, sin duda, lo que le llevó a afirmarse como judío en un momento tan duro, cuando le hizo falta recurrir a algo que diera sentido a lo más oscuro, lo más ininteligible.