Contextos

Cuando los terroristas tuitean

Por Michael Rubin 

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"Twitter también fue un poderoso instrumento en las protestas de la Primavera Árabe que condujeron al derrocamiento de dictadores como Ben Alí en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto. Sin embargo, demasiado a menudo la red de los 140 caracteres puede servir para minar vidas y libertades cuando los terroristas se valen de la tecnología para recaudar fondos y solicitar apoyos"

En mi tesis doctoral de 1999 analicé la introducción del telégrafo en Irán en el siglo XIX. En un primer momento, el Sah apoyó el invento: los hilos telegráficos hacían más eficiente al Gobierno iraní en una época en la que disminuían los recursos y el poder. Con los años, sin embargo, la oposición descubrió cuán útil podía ser el telégrafo. La última parte del siglo XIX fue una época de lucha por la nueva tecnología, con el Gobierno y la oposición luchando por salir vencedores. Finalmente, la oposición triunfó: las autoridades gubernamentales perdieron el monopolio de las comunicaciones y los opositores pudieron organizar un movimiento de masas que culminó con una revolución pro-constitucional. La tecnología también tenía un aspecto económico: durante buena parte del siglo XIX, Irán no empleó papel moneda. Antaño lo había hecho bajo el dominio mongol, pero el experimento fracasó. Las caravanas transportaban toneladas de monedas durante semanas para llevar a cabo las transacciones. Con el telégrafo, en cambio, diversos agentes podían llevar a cabo negocios en cuestión de horas; el dinero cambiaba de manos no en Teherán, sino en Londres o San Petersburgo.

Twitter y otros medios sociales son el equivalente del siglo XXI a esa tecnología del XIX. Han ayudado a ciudadanos corrientes en su lucha por la libertad contra Gobiernos opresores como los de Turquía, Rusia y Arabia Saudí. Naturalmente, Twitter también fue un poderoso instrumento en las protestas de la Primavera Árabe que condujeron al derrocamiento de dictadores como Ben Alí en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto. Sin embargo, demasiado a menudo la red de los 140 caracteres puede servir para minar vidas y libertades cuando los terroristas se valen de la tecnología para recaudar fondos y solicitar apoyos.

Por desgracia, Arabia Saudí, Qatar y Turquía están demostrando cómo esta tecnología puede utilizarse para matar en vez de para salvar a poblaciones desvalidas. El clérigo saudí Abdulá al Muhaisani, que utiliza habitualmente YouTube con la finalidad de solicitar fondos para extremistas vinculados a a Al Qaeda en Siria, se ha pasado ahora a Twitter a fin de recaudar dinero para una yihad al estilo de Al Qaeda. No vacila en facilitar los números de teléfono cataríes y turcos en los que se recaudan los donativos. Por supuesto, no es más que una nueva prueba de que estos dos aliados nominales de Estados Unidos son cómplices que apoyan el terrorismo.

(Cuando estuve en Siria en enero, casi todo el mundo utilizaba teléfonos móviles turcos, ya que parecía que Turquía había reforzado la potencia de su red para poder dar cobertura a una mayor área del norte de Siria que antes del conflicto. Por tanto, Turquía tiene buena información de inteligencia de casi todo lo que sucede en esa zona siria, incluidas las actividades del Frente Al Nusra y del Estado Islámico de Irak y el Levante, vinculado a Al Qaeda).

El feed de Al Muhaisani resulta revelador: según este tuit, con 650 riales (unos 175$) se pueden comprar 150 balas para Kalashnikov o 50 balas para francotirador. La cuenta oficial de Twitter de Muhaisani tiene casi 300.000 seguidores.

En las manos correctas, Twitter es un maravilloso instrumento, que amenaza el monopolio autocrático sobre la información y el derecho de reunión. Pero en unas manos equivocadas permite que los terroristas se vuelvan más activos y más letales. La respuesta no es prohibir la tecnología, sino vigilarla estrechamente. No hay necesidad de intervenirla: simplemente haciendo un seguimiento se puede obtener valiosísima información. Esperemos que el Gobierno estadounidense y sus analistas antiterroristas nunca sean tan timoratos ni que los diplomáticos norteamericanos tengan demasiada pobreza de lenguaje como para dejar de sintonizar con una fuente que es mucho más reveladora que bastantes de los cables clasificados de los que se ocupaba gente como Edward Snowden.

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