Contextos

Creía que no había armas de destrucción masiva

Por Tom Wilson 

armasquímicas
"Resulta algo desconcertante haber tenido durante diez años una versión predominante según la cual el público fue engañado por las afirmaciones de que Irak tenía armas de destrucción masiva, y que ahora nos digan que se teme que las armas químicas de Sadam hayan caído en manos de un grupo demasiado extremista incluso para el gusto de Al Qaeda"

Entre las últimas malas noticias procedentes de Irak se encuentra la información de que el Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL) ha tomado una de las instalaciones de armas químicas de Sadam Huseín en Al Mutana, a unos 70 km al norte de Bagdad. Naturalmente, esto ha generado cierto grado de inquietud, pero representantes estadounidenses han asegurado que no creen que las armas sean utilizables y han insistido en que es poco probable que los rebeldes puedan servirse de las instalaciones para producir armamento químico. De hecho, la portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, trató de aliviar la preocupación por el hecho de que los islamistas pudieran emplear las armas insistiendo en que “sería muy difícil, por no decir imposible, trasladar los materiales de forma segura”. Pero ¿quién ha dicho que a los yihadistas les preocupe la seguridad? La inestabilidad de este material -la mayor parte del cual está actualmente sellado en búnkers- no debería sino aumentar nuestras preocupaciones.

Con todo, ¿no nos estamos olvidando de algo? Resulta algo desconcertante haber tenido durante diez años una versión predominante según la cual el público fue engañado por las afirmaciones de que Irak tenía armas de destrucción masiva, y que ahora nos digan que se teme que las armas químicas de Sadam hayan caído en manos de un grupo demasiado extremista incluso para el gusto de Al Qaeda. Puede que sea bastante cierto que las armas almacenadas en esas instalaciones sean ya demasiado viejas como para resultar efectivas, y puede que también sea cierto que los rebeldes carezcan de los medios y de los conocimientos necesarios para convertir esos materiales en algo utilizable, pero eso no es lo mismo que decir que el régimen de Sadam, con el tiempo, no podría haber logrado que esas instalaciones produjeran de nuevo armas de destrucción masiva.

Este último giro en la crisis iraquí  no hace sino reforzar una verdad que nunca se afirmará lo suficiente: hay que establecer una razonable diferencia entre la defensa, aún sólida, del derrocamiento de Sadam y la menos defendible cuestión de cómo se gestionó la situación en Irak tras dicho derrocamiento. Eliminar a Sadam en absoluto hizo inevitables las subsiguientes insurgencias y guerra civil. Sí, las fuerzas aliadas no lograron anticipar plenamente lo que podría suceder tras desmantelar por completo el régimen baazista sin asegurar de forma adecuada la ulterior estabilidad del país. Pero, incluso teniendo todo eso en cuenta, la culpa de la violencia sectaria que actualmente ahoga a Irak debe achacarse, en definitiva, a los violentos sectarios. Un Irak libre de Sadam no implica, necesariamente, una guerra de todos contra todos; la gente que vive en ese país tenía a su disposición otras alternativas.

El recordatorio que suponen las grandes instalaciones de armas químicas de Al Mutana debería hacernos considerar cómo estaría hoy Irak de no haberse producido la invasión de 2003. ¿Realmente resulta concebible que la denominada Primavera Árabe hubiera ignorado a Irak, sin más? Al norte de la frontera, en Siria, las cosas están todo lo mal que podrían estar, y sin invasión ni intervención militar occidental de ninguna clase. De hecho, el que actualmente es el problema más grave de Irak, el EIIL, se ha movilizado desde Siria.Y, dado el brutal historial de Sadam en suprimir levantamientos internos (a menudo empleando armas químicas), ¿de verdad alguien puede afirmar que, ahora mismo, aquél estaría mostrando más comedimiento que Asad?

Puede que Sadam no tuviera armas de destrucción masiva listas para usar, pero se nos ha recordado que mantuvo las instalaciones con las que poder fabricarlas rápidamente. El hecho de que dichas instalaciones y sus letales materiales estén ahora en manos del EIIL, y de que esta organización campe por territorio iraquí, es una señal de cuán irresponsable ha sido la Administración Obama. Invadir Irak fue, en cierto sentido, una apuesta muy grande, pero se puede afirmar que era precisa dadas las circunstancias. Sin embargo, abandonar Irak con el trabajo hecho a medias, como ha hecho Obama, es imperdonable.

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