Contextos

Coronavirus: el encubrimiento iraní

Por Mayid Rafizadeh 

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"Con su incompetencia y sus intentos de ocultar la verdad sobre el coronavirus, los mulás se han convertido en una amenaza no sólo para sus conciudadanos"

El régimen iraní sigue sin tomar medidas pertinentes para impedir la expansión del coronavirus y con ello está poniendo en riesgo no sólo a los iraníes sino a todos los pueblos de la región.

Durante un encuentro en la Casa Blanca con el primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, el presidente Donald J. Trump ofreció ayuda a las autoridades iraníes para combatir el coronavirus, pero estas rechazaron la oferta y la tacharon de “hipócrita” y “repulsiva”. “No necesitamos médicos americanos”, dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Abás Musavi.

Según parece, y debido a sus interacciones con China, Irán se ha convertido en un foco global del virus. El director del hospital Yaftabad de Teherán declaró el pasado día 1:

Si hubiéramos limitado el movimiento de la gente en Qom, epicentro de la enfermedad, la expansión de la misma no habría sido tan extensa… Nuestro error fue que, cuando se descubrió la contaminación en Qom, deberíamos haber sometido a su población a cuarentena e impedido su expansión. Si lo hubiéramos hecho, el virus no se habría expandido.

Nahid Jodakarami, jefe de la Comisión de Sanidad del Ayuntamiento de Teherán, manifestó recientemente:

Hace dos semanas le dije al doctor Iraj Harirchi, incluso al doctor Nobajt [presidente de la Comisión de Sanidad del Parlamento], que Qom debería ser puesto en cuarentena, pero no me hicieron caso. Hay que imponer restricciones en Qom… Si no hubiéramos dado prioridad a las preocupaciones de los clérigos, estaríamos en una situación mucho mejor. [Nota del editor: Qom tiene consideración de ciudad santa y es uno de los centros de referencia del islam chií].

El político reformista Masud Pezeshkian abunda en lo mismo:

Deberíamos haber puesto Qom en cuarentena desde el primer momento (…) El virus no es una broma, aunque lo parezca por la manera en que lo estamos abordando (…) La economía y todo lo demás colapsarán. Poca broma. ¿Qué habría pasado si hubiéramos cerrado el país durante 15 días? Si lo hubiéramos hecho en el primer momento, [el virus] no se habría esparcido.

Los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y el Ministerio de Seguridad e Inteligencia (MSI) están reprimiendo a cualquier individuo o institución que trate de desvelar información veraz sobre los orígenes del virus o sobre cómo Irán se ha convertido en el epicentro de una enfermedad que se extiende por otros países.

Se comenta que miembros de los CGRI y del MSI acuden a las reuniones que celebra el personal sanitario en los hospitales para señalar qué está permitido revelar y qué no a la opinión pública, a los medios y a la comunidad internacional.

Nahid Joda Karami, responsable de la Comisión de Sanidad del Ayuntamiento de Teherán, reveló recientemente cómo fue abordada por los CGRI: 

Ayer dije que es posible que en Teherán haya 10.000 casos de coronavirus. La unidad de inteligencia de los CRGI me llamó y se quejó. Me dijeron: ¿por qué tiene que dar esa cifra? A lo que repliqué: señor, ¿cuánto tiempo van a seguir con el encubrimiento? Esas cifras son la comidilla, y mi declaración calmará la situación. Seamos transparentes con la gente. No deberíamos hacer de esta enfermedad una cuestión de seguridad. No necesitamos que me callen y me pregunten por qué divulgo ciertas cifras. Me limito a reportar la opinión de unas serie de expertos. El oficial de inteligencia de los CRGI me dijo que debería haber trasladado la cuestión al Ministerio de Sanidad. Y yo dije: OK, deberíamos incrementar la presión para que Sanidad sea más transparente, se manifieste abiertamente y dé los datos; si no, nuestra reputación internacional se verá socavada.

Asimismo, el régimen ha amenazado con encarcelar a quien dé información sobre el alcance actual de la crisis. Hasán Nowruzi, presidente del Comité Judicial del Parlamento, anunció el 26 de febrero que aquellos que “diseminen fake news sobre el coronavirus” serán condenados a entre uno y tres años de cárcel y a flagelación.

Sorprendentemente, algunos periódicos iraníes han dado cuenta de las restricciones que se les han impuesto. Así, el diario estatal Resalat ha escrito:

Por lo que hace la cantidad de enfermeras infectadas, no podemos difundir cifra alguna. Las estadísticas son materia de seguridad [nacional] y no pueden ser reveladas. Quizá ni los directores de los hospitales sepan el número de víctimas del coronavirus. Aun cuando una víctima acuda al hospital, no se da el dato al supervisor del centro. Hay un canal privado y sólo los altos mandos del Ministerio de Sanidad conocen las cifras.

Mientras, se informa de que, con ocasión del Año Nuevo iraní, el Nowruz, que empieza el próximo día 20, Teherán ha “liberado temporalmente” a 70.000 reclusos que al parecer habrían dado negativo en el test del coronavirus. Algunos presos “erróneamente detenidos”, como activistas y periodistas, han sido liberados; otros, que puede que se hayan contagiado, o no, no lo han sido. Nazanin Zaghari-Ratcliffe, ciudadana de Irán y del Reino Unido, dice que contrajo el virus en la prisión de Evin, pero parece que no ha sido sometida a pruebas.

Con su incompetencia y sus intentos de ocultar la verdad sobre el coronavirus, los mulás se han convertido en una amenaza no sólo para sus conciudadanos. Así, Pakistán, que en un primer momento dejó abierta su frontera de casi 1.000 kilómetros con Irán para librar de daños mayores a su economía, está ahora tratando de seguir la pista a cerca de 8.000 peregrinos que recientemente regresaron a casa desde el país de los persas.

El pasado día 15, y según Asharq al Awsat, funcionarios del Ministerio iraní de Sanidad dieron una cifra de 724 muertos y 13.938 positivos por coronavirus. Pero se dice que hay imágenes satelitales que dan cuenta de fosas comunes para víctimas del coronavirus lo suficientemente grandes como para que se las distinga desde el espacio…

© Versión original completa (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio