Contextos

Contexto y posibles consecuencias del ataque americano en Siria

Por Jesús M. Pérez 

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"La interpretación del ataque no hay que hacerla exclusivamente en clave siria, sino que hay que mirar mucho más allá. A lugares como la península coreana"

En la madrugada del pasado día 6, los destructores USS Ross y USS Porter de la Armada estadounidense, con base temporal en Rota, dispararon 59 misiles de crucero Tomahawk desde algún punto del Mediterráneo Oriental contra la base aérea siria de Shayrat, en la provincia de Homs. Allí alcanzaron 44 objetivos: hangares, almacenes de munición, depósitos de combustible, talleres y sistemas antiaéreos de la fuerza aérea siria. Al menos seis aviones de combate sirios fueron destruidos en el ataque, mientras que las bajas entre el personal militar sirio fueron reducidas.

La base de Shayrat albergaba un escuadrón de cazas MiG-23MLD y otro de aviones de ataque Sujoi Su-22M3. Estos últimos, junto con destacamentos provisionales de otras unidades aéreas, tenían un papel muy activo en la guerra civil siria. Según una imagen de trazas de radar publicada por el Pentágono, desde esa base habrían despegado los dos aviones de la fuerza aérea siria que el día 4 lanzaron un ataque con gas sarín contra la localidad de Jan Sheijún, en la provincia de Idlib. El balance de víctimas mortales ascendió a cerca de 100 personas, entre ellas una veintena de niños.

Jan Sheijún constituye la retaguardia de un saliente de las líneas rebeldes en la provincia de Idlib. Y, desde días antes del ataque químico, la zona había sido sometida a continuos bombardeos de las aviaciones rusa y siria. Con anterioridad, Damasco había usado como táctica ataques masivos contra la población civil de localidades cercanas al frente para provocar un abandono masivo de la primera línea de combate por parte de los combatientes del lugar.

El ataque con armas químicas del día 6 no es el primero atribuible al régimen de Bashar al Asad. Recordemos el que tuvo lugar en las afueras de Damasco en agosto de 2013, que estuvo a punto de provocar una intervención militar de EEUU, Francia y Reino Unido. Sin embargo, las dudas del presidente Obama y el rechazo del Parlamento británico permitieron a la diplomacia rusa proponer como salida la entrega del arsenal de armas químicas de Asad y su posterior destrucción fuera del país.

Aunque el empleo de armas químicas –parte de la tríada (nuclear, biológica y química) conocida como armas de destrucción masiva– en la guerra civil siria genere gran conmoción en la opinión pública internacional, no es el único tipo de ataque indiscriminado contra civiles. Hasta ahora, la aviación militar siria ha empleado el bombardeo con bombas no guiadas (bombas tontas) contra núcleos de población, y cuando sufrió escasez de recursos militares comenzó a emplear bombas artesanales creadas con barriles llenos de material explosivo, lanzados habitualmente desde helicópteros.

Por su parte, la aviación rusa ha empleado en Siria bombas de racimo incendiarias contra núcleos de población. Se da la circunstancia paradójica de que Russia Today mostró en una ocasión un avión de combate ruso desplegado en Siria cargado con bombas de racimo RBK-500 de la variante incendiaria ZAB 2.5SM. Después de la proliferación de análisis y opiniones, el segmento de vídeo fue convenientemente editado y desapareció de la página web del canal.

La acción estadounidense en Siria ha tomado por sorpresa a partidarios y detractores del presidente estadounidense, Donald J. Trump, que se había destacado durante la campaña electoral por distanciarse de la visión intervencionista de Hillary Clinton. Dadas las características del ataque, no parece que nos encontremos ante un cambio radical de postura del Gobierno estadounidense ante el conflicto sirio.

Se trata de un ataque limitado que no cambiará el curso de la guerra. Ni siquiera de algún combate puntual. El objetivo ha consistido en una base aérea lejos del frente y por tanto ningún grupo armado se ha visto directamente beneficiado, aunque el ataque haya sido celebrado por elementos yihadistas que luchan contra el régimen sirio. El fruto inmediato del mismo será una capacidad de combate aún más baja de la fuerza aérea de Asad, que hasta hace poco sólo podía realizar unas pocas decenas de operaciones al día, frente al cerca de centenar que realiza la aviación rusa desplegada en el país.

En segundo lugar, se ha procurado evitar bajas entre el personal militar ruso. Hasta hace poco, la base de Shayrat albergaba helicópteros y personal rusos. Al parecer, antes del ataque Washington habría contactado con Moscú para advertir del mismo y dar margen de tiempo a los militares rusos para que evacuaran la base.

A pesar de las repetidas declaraciones rusas sobre la fortaleza de sus sistemas antiaéreos en Siria, parece que no hubo intervención rusa alguna para frenar el ataque. Las imágenes posteriores muestran que las instalaciones de la esquina sureste de la base no fueron alcanzadas, lo que hace sospechar que allí se encontraba habitualmente el personal ruso. Cabe preguntarse, dada la gran dependencia militar siria de Moscú, si el personal ruso en Shayrat tuvo algún papel en el ataque con armas químicas del día 4.

Según David Exum, el presidente Obama empleó mucha zanahoria y ningún palo en el manejo de la cuestión siria. La intervención militar estadounidense devuelve a Washington un papel relevante en cualquier negociación futura. Y sobre todo devuelve credibilidad a Estados Unidos, que había dejado vacíos geopolíticos en lugares como Ucrania y la propia Siria. Vacíos rápidamente ocupados por Rusia. Así que la interpretación del ataque no hay que hacerla exclusivamente en clave siria, sino que hay que mirar mucho más allá. A lugares como la península coreana.