Revista de Prensa

Contener a Irán: si se quiere, se puede

 

Irán y su programa nuclear

Max Singer, del Begin-Sadat Center for Strategic Studies, cree que se puede frenar exitosamente la carrera nuclear de la República Islámica si las potenciales mundiales tienen efectivamente interés en ello.

El problema de detener a Irán (…) no es legal. (…) EEUU, Alemania, Francia y Gran Bretaña sin duda tienen capacidad para poner fin al programa de armas nucleares de Irán. Si cortan toda comunicación (…) –vuelos, teléfono, internet y banca– (…), Irán se vería obligado a ceder, hicieran lo que hicieran China y Rusia. Y a Pekín y Moscú no les entusiasmaría ponerse en contra de (…) Occidente para defender a Irán.

Las democracias no necesitan comprometerse a cambiar el régimen ni a colaborar activamente con los disidentes iraníes. Incluso un moderado apoyo político y social de EEUU y Europa a la oposición interna (…) podría asustar al régimen y obligarlo a posponer sus esfuerzos de adquirir armas nucleares. (…) ningún ataque militar (…) podría destruir de manera fiable todas las instalaciones iraníes de fabricación de armamento, pero es que la destrucción total no es necesaria. Las eliminaciones parciales podrían ser suficientes para convencer al régimen de que reconstruirlas no merecería la pena, porque serían atacadas nuevamente. Y un ataque con éxito podría socavar el control de los servicios de seguridad iraníes sobre la población.

La cuestión decisiva es cuán determinadas están EEUU y las demás democracias a evitar que Irán posea armas nucleares. Si tienen la voluntad de hacerlo, tienen la capacidad necesaria y el acuerdo nuclear no es un impedimento.

Jonah Goldberg sostiene en Los Angeles Times que el presidente norteamericano debe su buena acogida, en gran medida, al pésimo legado regional de su predecesor.

Mientras Obama aprendía su trabajo, llegó a creer que el camino a la paz pasaba por Teherán, y elaboró un acuerdo con los iraníes que nos enemistó tanto con nuestro aliado democrático, Israel, como con nuestros aliados estratégicos suníes, empezando por Arabia Saudí. Persiguiendo su fantasía, hizo la vista gorda ante el aplastamiento por parte de Irán de la Revolución Verde y vaciló hasta el extremo de la complicidad en el matadero sirio. Mientras tanto, Irán seguía siendo implacablemente hostil y tan determinado como siempre a convertirse en un poder hegemónico regional.

Ese es el contexto de la recepción a Trump. “¡Bienvenido, presidente No-Obama!” (…)

Lo que me lleva a la ingenuidad de Trump cuando viene a Oriente Medio. [El presidente estadounidense] hizo un valiente llamamiento a la destrucción de los terroristas, pero habló de ellos como si fueran invasores extranjeros que tenían que ser expulsados de la ciénaga, no un producto de ella. Como hombre que sólo tiene un martillo y cree que todo problema es un clavo, Trump cree que los problemas de Oriente Medio pueden resolverse con grandes ‘acuerdos’. Los saudíes, ansiosos por comprar armas y contrarrestar a Irán, están también deseando alentar esta visión. ¿Qué cocodrilo no quiere afilar su dentadura?

John Hannah, de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), aboga por que la Casa Blanca dé pasos para forzar a Qatar a comportarse como un auténtico aliado de EEUU.

La lista de acusaciones contra Qatar es demasiado larga para ponerla en su totalidad, pero una muestra es suficiente. Su papel a comienzos de este mes como principal patrocinador de los esfuerzos de Hamás por blanquear su agenda genocida contra Israel es solo la punta del iceberg. (…)

En todo caso, la obra destructiva de Qatar es incluso más flagrante en Libia y Siria: abarca no sólo el dinero y la incitación, también el armamento, que ha hecho fluir a todo tipo de islamistas radicales. (…)

(…) son buenas las perspectivas de que un impulso diplomático concertado para alterar las prácticas antiamericanas del diminuto Qatar tengan éxito. Al mismo tiempo, los riesgos de fracaso, aunque ciertamente indeseable, son hoy más manejables. En conclusión: si la Administración Trump está buscando un sitio para iniciar sus esfuerzos de que los aliados en la región del Golfo sean más útiles a los intereses estadounidenses, Qatar puede ser el lugar perfecto.