Contextos

Consecuencias de la batalla de Alepo para el futuro de Siria

Por Haid Haid 

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"Asad y sus aliados no son de fiar en lo relacionado con la búsqueda de un acuerdo político, y que sólo están participando en las negociaciones para ganar tiempo y asegurar sus triunfos militares sobre el terreno""Moscú está aplicando la misma estrategia en Siria que en Chechenia: lanza ataques brutales sobre zonas habitadas para destruir a los rebeldes o forzarlos a huir"

La batalla por controlar Alepo está poniendo a prueba no sólo para la capacidad militar de los grupos rebeldes presentes en la zona, también el compromiso para con ellos de sus aliados. En sólo unas semanas, el régimen de Asad fue capaz de conseguir lo que no pudo hacer en tres años debido al creciente apoyo de sus aliados, concretamente de Rusia. Ha forzado a los rebeldes a abandonar Latakia tras tomar Salma, se ha hecho también con Seij Miskin, la cuarta mayor ciudad de Daraa, y continúa avanzando en las zonas rurales de Alepo. Los aliados de Asad vienen beneficiándose de la falta de interés de EEUU por intervenir contra Damasco, lo que les ha permitido inclinar la balanza en favor de aquél.

Sin una solución pacífica a la vista, ¿seguirán Asad y sus aliados ganando en el plano militar? Si es que sí, ¿volveremos a hablar de una solución militar para Siria? ¿Harán algo los aliados de la oposición, principalmente Arabia Saudí y Turquía, para contrarrestar el apoyo de Rusia a Asad? Si es que sí, ¿cuánto tiempo pueden permitirse esperar?

Alepo es la mayor ciudad de Siria y su antiguo motor económico. Su zona rural es un bastión rebelde y una de las principales vías de suministro desde Turquía. La ciudad lleva dividida en un sector gubernamental y otro rebelde –el occidental y el oriental, respectivamente– desde poco después de que empezara la lucha allí, a mediados de 2012. Las líneas de frente se han mantenido prácticamente estáticas desde entonces, pese a los intentos de cercar al rival avanzando en torno a la ciudad. Esa dinámica ha cambiado recientemente, después de que las fuerzas pro Asad, con fuerte apoyo aéreo ruso, tomaran una serie de pueblos al norte y cortaran una ruta de suministro crucial para los rebeldes de la ciudad.

Es poco probable que las fuerzas del régimen avancen en la ciudad para recuperarla; al contrario, lo que harán será seguir hacia las zonas rebeldes de los alrededores y dividirlas para poder encargarse de ellas una por una. Mientras, se espera que intensifiquen los ataques aéreos y artilleros sobre la ciudad y usen el hambre como un arma para forzar la rendición. Aunque el empleo del hambre como arma es un crimen de guerra, las fuerzas de Asad han recurrido a ella profusamente debido a su bajo coste, a su efectividad y a la ausencia de auténtica presión internacional para impedirlo.

Difícilmente fuera una coincidencia que los rusos lanzaran un ataque sobre Alepo inmediatamente después del inicio de las conversaciones de paz en Ginebra. Moscú sabía que eso sacaría a la oposición de las conversaciones, dado que implicaría un refuerzo de su apoyo al régimen de Asad en vez de una presión para que hiciera un gesto de buena voluntad. Esta maniobra demostró, una vez más, que Asad y sus aliados no son de fiar en lo relacionado con la búsqueda de un acuerdo político, y que sólo están participando en las negociaciones para ganar tiempo y asegurar sus triunfos militares sobre el terreno. Además, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lávrov, dijo durante las negociaciones que su país no dejaría de lanzar ataques aéreos en Siria hasta que las “organizaciones terroristas” sean derrotadas. Moscú está aplicando la misma estrategia en Siria que en Chechenia: lanza ataques brutales sobre zonas habitadas para destruir a los rebeldes o forzarlos a huir.

Para retomar las conversaciones de paz en Ginebra según lo previsto, EEUU presionó a los rebeldes y a sus aliados, incluidos Turquía y Arabia Saudí, a fin de que aceptaran participar en ellas incondicionalmente. Sin embargo, EEUU no parece que vaya a aplicar presión alguna a Rusia o a Asad para llevarlos de vuelta a la mesa de negociaciones. Arabia Saudí y Turquía tienen más que perder en Siria que EEUU, así que es probable que refuercen su apoyo a los rebeldes. La ofensiva en curso ha desencadenado una nueva oleada de refugiados hacia Turquía, que se teme sea aún mayor si Asad continúa avanzando hacia la frontera turca. Ankara además teme las repercusiones de los ataques en punto al establecimiento de una región kurda a lo largo de su frontera con el norte de Siria; especialmente, que las fuerzas kurdas aprovechen la situación para avanzar. Tanto Arabia Saudí como Turquía han invertido mucho en los grupos rebeldes de Alepo, porque ambos saben que necesitan asegurar la existencia de los mismos para impedir un triunfo militar de los aliados de Asad.

Turquía y Arabia Saudí no son los únicos que tienen mucho que perder en caso de que Asad, con el apoyo de Rusia e Irán, siga arrasando para vencer. El ISIS y el Frente al Nusra se harán más poderosos, lo que incrementará sus oportunidades de expandirse fuera de Siria. Más refugiados sirios huirán a los países vecinos y a Europa. No importa cuánto invierta la UE en dificultar la travesía: siempre será más sencillo que ver a tu familia morir en un ataque con bombas de barril. Esto también dará a Asad y a sus aliados la percepción de que la victoria militar es posible, lo que pondrá fin a cualquier intento de alcanzar una solución política.

El miércoles, el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, declaró: “El asalto continuo de las fuerzas del régimen sirio –posibilitado por los ataques aéreos rusos– contra zonas dominadas por la oposición, así como el asedio constante del régimen y sus milicias aliadas contra cientos de miles de civiles, marcan claramente la intención de alcanzar una solución militar en vez de una política”. Hay mucho que puede hacerse para llevar a Asad y a sus aliados de vuelta a la mesa de negociaciones; cambiar el “esperamos y veamos” puede ser un buen inicio.

© Versión original (en inglés): NOW 
© Versión en español: Revista El Medio