Revista de Prensa

¿"Conflicto israelo-palestino"? Hagan el favor de abrir el foco

 

Mapa de Oriente Medio

Por su interés, traducimos un fragmento bastante extenso del artículo que el periodista Matti Friedman ha publicado en el New York Times con el título de “No hay un conflicto israelo-palestino”.

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Esa frase [“conflicto israelo-palestino”] contiene varias asunciones importantes. Que el conflicto es entre dos actores, los israelíes y los palestinos. Que podría ser resuelto por esos dos actores, y especialmente por el más fuerte, Israel. [Y] que tiene lugar en una esquina de Oriente Medio gobernada por Israel. […] Según esta manera de pensar, si pudiera darse con la formulación y el mapa perfectos, y si a las partes se les suministrara la ración adecuada de palos y zanahorias, se podría conseguir la paz.

Aquí, en Israel, todo eso es cada vez más difícil de comprender. No hay un conflicto israelo-palestino a la manera en que lo conciben numerosos observadores foráneos, y merece la pena abundar en esta brecha perceptiva. No tiene nada que ver con ser de derechas o de izquierdas (…)El problema es de zoom, por decirlo en términos fotográficos. Simplemente, los de fuera acercan mucho el foco y la gente de Israel lo abre mucho más.

A los ojos de un israelí, no hay pacificador que pueda reunir a las dos partes porque, simplemente, no hay dos partes sino muchas. Muchas.

La mayoría de las guerras que ha librado Israel no sido contra los palestinos. Desde la invasión de los ejércitos árabes tras la proclamación del Estado de Israel, en mayo de 1948, los palestinos no han sido sino una pequeña fracción de los combatientes a los que ha tenido que hacer frente el país. Para la gente de aquí, darle al zoom para enmarcar el problema como un conflicto entre israelíes y palestinos tiene el mismo sentido que hablar de “el conflicto italo-americano” de 1944 [y no de la Segunda Guerra Mundial].

(…)

Si sólo ves un conflicto israelo-palestino, entonces nada de lo que hacen los israelíes tiene sentido. (Por eso los enemigos de Israel recurren a este contexto).

(…)

No es así como ven las cosas los israelíes. Mucho de ellos creen la firma de un acuerdo con un líder palestino de la Margen Occidental respaldado por Occidente no pondría fin al conflicto, porque eso daría pie no a la creación de un Estado [palestino] sino a un vacío de poder que a su vez daría paso al caos intramusulmán, [a la intervención de] agentes iraníes o a una combinación de ambas cosas. Eso es exactamente lo que sucede en nuestro entorno, en Gaza, el Líbano, Siria e Irak. Una de las pesadillas de Israel es que el frágil Reino de Jordania corra la misma suerte que sus vecinos, Siria e Irak, y ponga rumbo a la disolución y caiga en la órbita iraní; lo que querría decir que, si Israel no retiene la Margen Occidental, un tanque iraní sería capaz de ir directamente desde Teherán a las afueras de Tel Aviv.

Cuando, como israelí, miro a la Margen Occidental, veo a 2,5 millones de civiles palestinos viviendo bajo gobierno militar israelí, con todas las miserias que ello entraña. Veo los numerosos errores graves que nuestros gobernantes han cometido en la gestión del territorio con sus residentes, empezando por la construcción de asentamientos civiles.

Pero como utilizo un gran angular, también veo a Hezbolá (que no es palestina), a los rusos y a los iraníes (que no son palestinos), y a los insurgentes afiliados al Estado Islámico (que no son palestinos) en el Sinaí, en nuestra frontera con Egipto. Y pienso en los desastrosos resultados del vacío de poder en Siria, que está a 90 minutos en coche de la Margen Occidental.

En el marco israelo-palestino, con todos los demás componentes regionales opacados, una retirada israelí de la Margen Occidental parece una buena idea (…), si no un imperativo moral. (…) Pero cualquiera que amplía el foco ve que aquí el contexto es más complejo: una guerra multifacética, o una serie de guerras interrelacionadas, devasta esta parte del mundo. El alcance de este conflicto es difícil de comprender atendiendo a las informaciones fragmentarias que difunden los medios de comunicación, pero muy fácil de ver si echas un vistazo a un mapa y ves lo que rodea a Israel, de Libia a Siria, pasando por Irak y el Yemen.

Los movimientos tectónicos regionales no tienen que ver con Israel sino con dictadores y gente que sufre opresión desde hace generaciones; con progresistas y reaccionarios; con suníes y chiíes; con mayorías y minorías. Si nuestra pequeña subguerra fuera de alguna manera resuelta, o incluso si esta noche Israel se esfumara, Oriente Medio seguiría siendo el mismo lugar tremendamente volátil.