Contextos

Comparar a los israelíes con los nazis es una infamia

Por Mitchell Bard 

Víctimas del Holocausto.
"Los palestinos no están obligados a llevar ropas o etiquetas especiales. No tienen el antebrazo tatuado. No son enviados a campos de concentración o de trabajos forzados, ni obligados a construir armamento israelí. Los únicos campos donde hay palestinos encerrados son los campos de refugiados, y quienes los encierran en ellos son otros palestinos u otros árabes"

Los ataques más ofensivos de los palestinos y sus defensores contra los israelíes son aquellos en que comparan a estos con los nazis. Tales analogías demuestran una profunda ignorancia de la historia y un odio mezquino a los judíos. Como servicio educativo a estos propagandistas ignorantes, me gustaría exponer algunos ejemplos de lo que los nazis hicieron a los judíos.

En primer lugar, debo disculparme por el carácter explícito de algunos de los casos, pero los he escogido deliberadamente porque son tan espantosos que no se suele hablar de ellos.

El análisis del Holocausto suele ser aséptico. Hablamos de los seis millones de judíos asesinados por los nazis como si se tratara de una estadística abstracta, como si fuese el PIB de Brasil. Los detractores de Israel simplemente piensan que a los judíos se les trató de una manera no muy distinta a como se trata hoy a los palestinos. Es mentira.

Cada campo de concentración fue terrible, pero veamos lo que pasó en uno de ellos, quizá menos conocido que Dachau o Auschwitz. Según quienes se ocuparon de perseguir los crímenes de guerra, estos son algunos de los métodos empleados para matar a los judíos en Mauthausen:

Por gaseamiento, por ahorcamiento; a golpes; con inyecciones en el corazón; empujando a los reclusos contra las vallas electrificadas; dándoles patadas en los genitales, quemándolos vivos y metiéndoles atizadores al rojo vivo por la garganta.

El padre Patrick Desbois documentó cómo, en Ucrania, hubo judíos que fueron asesinados por los nazis “por diversión”, “por rabia, aburrimiento o embriaguez” o “para violar a las jóvenes”.

En varios momentos y lugares, los judíos fueron obligados a desnudarse y a cavar sus propias fosas, y después los nazis los fusilaban de modo que los cuerpos cayeran en ellas. A veces, si un judío no moría al primer disparo, enterraban vivos a varios para ahorrar balas. En Hungría, a la orilla del Danubio, ataban juntos a tres judíos: disparaban al que estaba en el medio, caían los tres a las aguas heladas y se ahogaban.  

Se acorralaba a grupos de judíos en edificios, se los encerraba en ellos y acto seguido se prendía fuego a los inmuebles. El 27 de junio de 1941, entre 800 y 1.000 hombres y niños judíos fueron quemados vivos en la Gran Sinagoga de Bialistok.

Los defensores de los palestinos han puesto recientemente el grito en el cielo porque Israel ha detenido a un pequeño número de adolescentes palestinos por diversos delitos. Durante el Holocausto, un millón de niños fueron gaseados, quemados vivos, apuñalados o dejados morir de hambre por el crimen de ser judíos.

En muchos campos se utilizaba a los judíos como mano de obra esclava. Así, el fabricante de aviones Heinkel utilizó a entre 6.000 y 8.000 reclusos de Sachsenhausen en la construcción de bombarderos. Los no aptos para trabajar en los campos eran asesinados. A los que sobrevivían a las largas horas de trabajo sin apenas comida o descanso los solían matar al cabo.  

En un pueblo se llevaron a los judíos al matadero de un carnicero. Los desnudaron y obligaron a gatear por la rampa destinada a los animales. Cuando llegaron al final, les cortaron la cabeza y las pusieron en cestas. Cogieron los cuerpos y los colgaron de los ganchos de la carne con carteles que decían: “Carne kosher”.

Los palestinos se han inventado historias de que los israelíes les han infectado con el virus del sida. He aquí experimentos médicos reales llevados a cabo por los nazis:

Este último caso tuvo lugar en Bolechów (Polonia) en septiembre de 1942. Es particularmente espantoso, por lo que advierto a los lectores por si quieren saltárselo. Daniel Mendelsohn lo reportó en su libro Perdidos. En busca de seis entre los seis millones:

Hubo un terrible episodio con la señora Grynberg. Los ucranianos y los alemanes que habían allanado su casa la encontraron dando a luz. Los lloros y las súplicas de los testigos no sirvieron de nada, se la llevaron de su casa en camisón y la arrastraron a la plaza del ayuntamiento. Allí (…) la llevaron hasta un contenedor de basura que había en el patio, ante una muchedumbre de ucranianos que contaban chistes, se burlaban de ella y contemplaban los dolores del parto, hasta que dio a luz a un bebé. El bebé le fue arrebatado de los brazos inmediatamente, junto con el cordón umbilical; la muchedumbre lo pisoteó y la dejaron de pie chorreando sangre durante varias horas, junto a la pared del ayuntamiento; después fue con el resto a la estación de ferrocarril, donde la metieron en el vagón de un tren con destino Belzec.  

Por si estos ejemplos no fuesen suficientes, quisiera remitir a los palestinos y a sus defensores que insisten en la calumnia de comparar los judíos con los nazis al eminente filósofo Emil Fackenheim, que dio estas características distintivas del Holocausto:

Sí, los palestinos pueden denunciar su cuota de sufrimiento, pero nunca se han enfrentado a nada remotamente parecido a lo que los nazis hicieron a los judíos. Los únicos asesinatos sistemáticos de palestinos por ser palestinos los han llevado a cabo sus correligionarios árabes, no los israelíes.  

Durante la administración israelí, la población palestina de los territorios en disputa ha crecido exponencialmente. Por otro lado, más del 20% de la población israelí está compuesta de palestinos que disfrutan de los mismos derechos que sus conciudadanos judíos.

Los palestinos de los territorios tienen derecho a solicitar a los tribunales israelíes que atiendan sus demandas, y más de 100.000 árabes de la Margen Occidental trabajan en Israel y en los asentamientos judíos, con beneficios sociales parecidos a los de sus compañeros judíos.

Los palestinos no están obligados a llevar ropas o etiquetas especiales. No tienen el antebrazo tatuado. No son enviados a campos de concentración o de trabajos forzados, ni obligados a construir armamento israelí. Los únicos campos donde hay palestinos encerrados son los campos de refugiados, y quienes los encierran en ellos son otros palestinos u otros árabes.

© Versión original (en inglés): The Algemeiner
© Versión en español: Revista El Medio