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¿Cómo reaccionará Irán al asesinato de Mohsén Fajrizadé?

Por Ardavan Joshnud 

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"Se cree que el de Fajrizadé es el quinto asesinato de un científico relacionado con el programa nuclear iraní, tras los de Mayid Shahriari (29 de noviembre de 2010), Dariush Rezaeineyad (23 de julio de 2011), Masud Alimohamadi (12 de enero de 2012) y Mustafá Ahmadi Roshán (11 de enero de 2012). Sin duda, esos asesinatos, así como el del número dos de Al Qaeda, Abu Muhamad al Masri –en un atentado perpetrado en Teherán–, la eliminación de Qasem Soleimani y una serie de ataques contra su programa nuclear constituyen un grave fracaso en contrainteligencia para el régimen de Teherán"

El viernes 27 de noviembre, a las 18:17 hora local, el Ministerio de Defensa y Logística de las Fuerzas Armadas (MDLFA) de la República Islámica de Irán difundió un comunicado de prensa en el que se informaba de que Mohsén Fajrizadé había sido asesinado. El vehículo en el que viajaba había sido atacado y él, herido mortalmente en el tiroteo que entablaron su equipo de seguridad y los atacantes.

La información sobre Fajrizadé es harto limitada. Su nombre completo era Mohsén Fajrizadé Mahabadi, y nació en 1957 o 1958 en la ciudad religiosa de Qom. Estaba casado y tenía tres hijos. General de brigada de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), era profesor de ingeniería nuclear y estaba vinculado a la Universidad Imán Hosein de los CGRI.

Se cree que Fajrizadé era el arquitecto del programa nuclear del régimen islámico, y que su alias en las comunicaciones gubernamentales era Hasán Mohsení. Trabajaba como científico de referencia en el MDLFA, y con anterioridad dirigió el Centro de Investigaciones Físicas (CIF) de ese mismo ministerio. Dado su rol fundamental en el programa nuclear iraní, en 2013 Foreign Policy lo incluyó en su lista de las 500 personalidades más influyentes del planeta. Como Teherán se negó a permitir que la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) lo entrevistara por su etapa como director del CIF, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas lo sancionó por medio de la Resolución 1747 (marzo de 2007).

En la actualidad, Fajrizadé comandaba la Organización para la Investigación y la Innovación Defensiva (OIID), con sede en Teherán, supervisada por el MDLFA y dedicada a la investigación sobre armamento nuclear. (Por cierto, el asesinato de Fajrizadé se produjo el mismo día en que en Bélgica comenzaba el juicio contra Asadolá Asadi, diplomático iraní acusado de planear un atentado contra una manifestación de opositores en 2018).

Fajrizadé fue asesinado a eso de las 14:00 (hora local) en la ciudad de Absard, a 70 kilómetros de Teherán. Según la agencia Fars, un equipo de asesinos abrió fuego contra el vehículo de Fajrizadé al tiempo que una furgoneta próxima hacía explosión. El ministro iraní de Defensa, general de brigada Amir Hatamí, dijo que fue la explosión de la furgoneta lo que hirió mortalmente a Fajrizadé.

Se cree que el de Fajrizadé es el quinto asesinato de un científico relacionado con el programa nuclear iraní, tras los de Mayid Shahriari (29 de noviembre de 2010), Dariush Rezaeineyad (23 de julio de 2011), Masud Alimohamadi (12 de enero de 2012) y Mustafá Ahmadi Roshán (11 de enero de 2012).

Sin duda, esos asesinatos, así como el del número dos de Al Qaeda, Abu Muhamad al Masri –en un atentado perpetrado en Teherán–, la eliminación de Qasem Soleimani y una serie de ataques contra su programa nuclear constituyen un grave fracaso en contrainteligencia para el régimen de Teherán.

La eliminación de Fajrizadé fue ejecutada con gran profesionalidad y planificación. Los asesinos tenían un conocimiento detallado tanto de la seguridad de Fajrizadé como de la ruta que iba a seguir. 

Hay tres posibles escenarios, que no son mutuamente excluyentes. En primer lugar, puede que las organizaciones de la contrainteligencia iraní sean deleznables, desestructuradas y muy inexpertas, incapaces hasta de adoptar las precauciones más elementales para proteger sus activos de inteligencia y a las personalidades más importantes. En segundo lugar, puede que la capacidad tecnológica del régimen sea tan paupérrima como para hacerlo vulnerable a sus oponentes y a potencias extranjeras capaces de hackear bases de datos y redes digitales y, por tanto, rastrear localizaciones e individuos sensibles. En tercer lugar, puede que la comunidad nacional de inteligencia se haya visto comprometida. Si este fuera el caso, significaría que desde las organizaciones de inteligencia se está pasando información a opositores del régimen.

Reacciones iraníes al asesinato

Poco después del atentado, altos cargos iraníes acusaron a los “sionistas” y, como es habitual, amenazaron a los enemigos de la República Islámica. El general Muhamad Bagheri, jefe de Estado de las Fuerzas Armadas, declaró: “A quienes perpetraron el asesinato del mártir Fajrizadé les espera una severa venganza”. El comandante en jefe de los CGRI, general Hasán Salami, afirmó que “los autores serán severamente castigados”, mientras que el presidente del Tribunal Supremo, Ebrahim Raisi, escribió que harán todo lo posible por castigar a los culpables. El presidente del Parlamento –y miembro de los CGRI–, Muhamad Bagher Ghalibaf, proclamó que “la vía del apaciguamiento está clausurada” y llamó a la venganza. En cuanto al ministro de Inteligencia, Mahmud Alavi, aseguró por medio de un comunicado que su departamento “vengará la sangre del querido mártir”. 

El día siguiente al asesinato, el general Esmaíl Ghaani, comandante de la Fuerza Quds de los CGRI, trasladó sus condolencias a la familia de Fajrizadé y prometió aliarse con “todas las fuerzas que defienden la patria islámica” para “vengar la sangre de este querido mártir y la de todos los mártires” frente a “los terroristas y sus patronos”. Por su parte, el Líder Supremo emitió una declaración en la que exigía que todos los que perpetraron e idearon el asesinato fueran “severamente castigados”.

Los periódicos iraníes desplegaron varias reacciones. Cabeceras gubernamentales de línea dura como Resalat e Irán, así como las centristas y prorreformistas Etemad, Ettelaat, Hamshahri y Shargh, optaron por titulares bastante neutros. Otros se mostraron más confrontacionales. Así, el Vatan-e Emruz, vinculado a los CGRI, llevó a portada un “Si no golpeamos, nos golpearán”. El conservador Kayhan llevó a la suya el comunicado de Jamenei, mientras que el Tehran Times, escrito en lengua inglesa, optó por un largo titular en el que decía que tras el atentado estaba la huella israelí con el respaldo del “Gobierno norteamericano entrante”.

¿Cómo responderá la República Islámica?

La eliminación de Fajrizadé es un tremendo varapalo y un motivo de vergüenza para la República Islámica. Como sucedió con la de Qasem Soleimani, ahora habrá repetidas peticiones de venganza. Pero ¿cuáles son las opciones del régimen?

No hacer nada no es una de ellas, y Teherán deberá actuar tanto en Irán como en el extranjero. En Irán, en los próximos días –quizá semanas– es probable que el Ministerio de Inteligencia detenga a uno o más individuos sospechosos de estar relacionados con el asesinato. Según el modus operandi del régimen, esa gente será exhibida en TV, donde admitirá trabajar para la inteligencia israelí, y posteriormente ejecutada.

En el extranjero, al régimen se le presentan dos opciones: salvar la cara o ir a la guerra. El primero es el escenario más probable. A fin de mostrar que ha hecho algo, Teherán podría emprender una acción limitada que consista en el lanzamiento de misiles o proyectiles de mortero contra Israel por parte de alguno de sus satélites. Entre bambalinas, por supuesto que seguirá con sus actividades maliciosas contra Israel y otros países enemigos.

El segundo escenario contemplaría ataques coordinados contra embajadas israelíes, el lanzamiento por parte de Hezbolá de cohetes más potentes contra Israel, ataques contra fuerzas norteamericanas desplegadas en la región o el lanzamiento de misiles contra Emiratos y Arabia Saudí. Todo esto es altamente improbable, pues pondría a Teherán al borde de una guerra a gran escala que en estos momentos no desea. Aunque Irán responda en algún momento de una manera más contundente (como cuando atacó el aeródromo Ayn Asad de Bagdad tras el asesinato de Soleimani), es casi seguro que será luego de que Joe Biden jure como presidente de EEUU. Hasta entonces, puede que opte por la contención.

Ya hay indicios de que Teherán no procederá con gran premura. El día del asesinato, el general Hosein Dehghan, comandante destacado de los CGRI, candidato a las presidenciales de 2021 y ayudante militar del Líder Supremo, escribió en Twitter: “En los últimos días de vida política de su aliado, los sionisras tratan de intensificar y aumentar la presión sobre Irán para librar una guerra a gran escala”. Tras citar un proverbio iraní que sugiere que la paciencia es importante y que no hay que precipitarse, Dehghan concluía: “¡Caeremos como el rayo sobre los asesinos de nuestro oprimido mártir y les haremos lamentar lo que han hecho!”. Al día siguiente, en una reunión en el Cuartel General para la Gestión del Coronavirus, el presidente Hasán Ruhaní mencionó el asesinato de Fajrizadé y afirmó que “las autoridades pertinentes responderán a este crimen a su debido tiempo y de la manera adecuada”.

© Versión original (en inglés): BESA Center
© Versión en español: Revista El Medio