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Cómo proteger a los civiles en Siria

Por Haid Haid 

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"La cifra de ataques contra hospitales ha disminuido de manera significativa desde el inicio del vigente alto el fuego; sin embargo, aún no se ha establecido ningún mecanismo de protección para que los hospitales y civiles no sean atacados una vez concluya esta tregua frágil y temporal""Las fuerzas rusas y gubernamentales han negado que ataquen a civiles o infraestructuras civiles en Siria, pese a que un elevado número de pruebas demuestra lo contrario. La ausencia de voluntad política por parte de la comunidad internacional para exigir responsabilidad por sus infracciones a ambos Gobiernos permite que sigan cometiendo impunemente crímenes de guerra"

Las fuerzas rusas y gubernamentales sirias han atacado de manera sistemática hospitales y otras instalaciones médicas. Un reciente informe de Amnistía Internacional (AI) analizaba seis ataques cometidos en las últimas 12 semanas en las cercanías de Alepo que apuntan a una deliberada destrucción de las infraestructuras sanitarias en zonas controladas por la oposición. Esos ataques equivalen a crímenes de guerra y tenían por objeto allanar el camino a las fuerzas terrestres progubernamentales en su avance sobre el norte de Alepo, según el informe. El Kremlin y el régimen de Asad han negado haber atacado zonas civiles, e insisten en que sólo atacan objetivos terroristas. La cifra de ataques contra hospitales ha disminuido de manera significativa desde el inicio del vigente alto el fuego; sin embargo, aún no se ha establecido un mecanismo de protección para que los hospitales y los civiles no sean atacados una vez concluya esta tregua frágil y temporal.

El régimen sirio comenzó a atacar a trabajadores sanitarios y a manipular el acceso a la sanidad para los civiles poco después del inicio de la revolución pacífica, en marzo de 2011. Según un informe publicado por AI en octubre de ese año,

las autoridades sirias han convertido los hospitales y al personal médico en instrumentos de represión en su intento de aplastar las masivas protestas y manifestaciones, carentes de precedentes. Personas que resultaron heridas en las manifestaciones y en otros incidentes relacionados con el levantamiento han sido insultadas y atacadas físicamente en hospitales públicos, también por el personal médico; en algunos casos se les ha negado la atención sanitaria y muchas de las que han sido trasladadas a hospitales han sido detenidas.

Posteriormente, los ataques contra instalaciones médicas se convirtieron en parte de la estrategia de castigo colectivo a la población civil practicada por Asad, la cual tenía como finalidad matar, aterrorizar y expulsar a poblaciones enteras de zonas controladas por grupos de la oposición. El reciente informe de Amnistía Internacional confirma que la intervención rusa en Siria ha imitado la anterior estrategia de Asad de aterrar a los civiles para lograr rápidos avances militares.

El grupo de observación Médicos por los Derechos Humanos ha documentado 346 ataques contra instalaciones médicas en los cinco años de conflicto, que han provocado la muerte de 705 miembros del personal sanitario. La responsabilidad de la mayoría de dichos ataques ha sido atribuida al régimen sirio. El mes pasado, la ONG internacional Médecins Sans Frontières (Médicos Sin Fronteras, MSF) tomó la decisión de no informar formalmente al Gobierno sirio ni a sus aliados rusos de la localización de determinadas instalaciones médicas, por temor a que pudiera convertirlas en objetivo. Pese a ello, algunos hospitales fueron atacados, lo que indica que tanto el régimen como Rusia estaban al tanto de la localización de al menos algunas de esas instalaciones. Zuhair, un médico que trabaja en Alepo, sostiene también que el régimen sirio ataca hospitales deliberadamente:

Asad conoce la localización de escuelas, hospitales y mercados, que por eso suelen ser atacados más que otras instalaciones. Quieren asustarnos para que dejemos el país o nos rindamos.

Las fuerzas rusas y gubernamentales han negado que ataquen a civiles o infraestructuras civiles en Siria, pese a que un elevado número de pruebas demuestra lo contrario. La ausencia de voluntad política por parte de la comunidad internacional para exigir responsabilidad por sus infracciones a ambos regímenes permite que sigan cometiendo impunemente crímenes de guerra. Eso podría cambiar si las agencias humanitarias y las organizaciones pro derechos humanos formaran un grupo que presionara no sólo al régimen y a Rusia, sino a otros elementos internacionales, para que los detuvieran. Rami, un activista sirio residente en el norte de Alepo, culpa a la comunidad internacional de que Asad pueda matar impunemente:

Ahora sabemos que Asad quiere matar a todos los sirios que osan exigir sus derechos fundamentales. Sin embargo, lo que sigue decepcionándome es que no haya nadie en la comunidad internacional que esté haciendo algo para detenerlo; es libre de matarnos a su antojo.

Esa fuerza de trabajo debería recopilar datos de todos los ataques contra infraestructuras civiles para entender en qué condiciones tuvieron lugar dichos ataques. Los hospitales gozan de un estatus de protección especial según la ley humanitaria internacional (LHI). Es un crimen de guerra atacar deliberadamente un hospital o unidad médica, sea civil o militar. Sin embargo, la LHI es flexible en la evaluación de daños colaterales en hospitales que hayan podido ser consecuencia de ataques contra legítimos objetivos militares próximos. La regla básica es que si el daño ocasionado al hospital no es excesivo comparado con la ventaja militar directa y concreta que se puede lograr en caso de atacar el objetivo cercano en cuestión, entonces puede considerarse que ese daño se ajusta a la ley. Por tanto, el grupo de presión debería movilizar a las comunidades locales para que mantengan los hospitales lejos de objetivos militares. También debería ponerse en contacto con partidarios de los grupos de la oposición para que los convencieran de mantenerse alejados de instalaciones civiles. Nur, una activista siria de Daraa, comentó su experiencia movilizando a comunidades locales para que alejen a los grupos armados de zonas civiles:

Somos conscientes de que Asad podría utilizar al Ejército Libre Sirio [ELS] como excusa para atacarnos, por eso desde el principio [del conflicto] y con la ayuda de una serie de notables pudimos convencer a los grupos locales del ELS de que no actuaran dentro de la ciudad.

La incapacidad para identificar de manera concluyente a los culpables de atacar instalaciones civiles es uno de los principales factores que permiten que los ataques sigan produciéndose. El grupo de presión sería fundamental para investigar tras los ataques e identificar a los supuestos autores. Dar nombres y exponer al escarnio público también podría ser una medida importante si alguna fuerza se negara a colaborar. Entonces podrían lanzarse campañas internacionales contra quienes siguieran atacando hospitales. También podría aplicarse presión a la comunidad internacional para que se implicara en el proceso. Riham, una activista siria residente en Turquía, cree que la única solución para detener los ataques contra civiles pasa por una red solidaria internacional:

Los sirios no están en el orden del día de los políticos occidentales. Sólo podremos cambiar eso mediante movimientos solidarios de base. Las comunidades locales de diversos países deberían empezar a presionar a sus representantes locales para poner fin a nuestro sufrimiento.

Las agencias humanitarias y los grupos pro derechos humanos deberían exigir lo correcto y no limitarse a lo posible. Crear semejante grupo de presión no se logrará de la noche a la mañana, pero experiencias previas con movimientos solidarios internacionales nos demuestran que una iniciativa así es posible.

© Versión original (en inglés): NOW 
© Versión en español: Revista El Medio