Revista de Prensa

¿Cómo parar la guerra de Siria?

 

Bandera de Siria con una mano teñida de rojo estampada.

Nick Paton Walsh da cuenta en este artículo de cinco escenarios, entre los que no figura una invasión militar de fuerzas occidentales: 1) armar a la oposición y tratar de expulsar a Asad del poder; 2) crear una zona de exclusión aérea en el norte de Siria; 3) aceptar a Asad como mal menor y apoyarle en algunas zonas, 4) dividir el país y 5) seguir como hasta ahora, con ataques aéreos.

En la mayoría de conflictos, las partes finalmente se cansan y acuerdan la paz, pero en Siria, cada vez que un bando se debilita recibe refuerzos inmediatamente del exterior.

El régimen ha recibido ayuda de Hezbolá (radicada en el Líbano), Irán y ahora incluso de Rusia. Los opositores cuentan con un limitado apoyo occidental, pero ha habido entre ellos también yihadistas extranjeros en el Frente al Nusra –vinculado a Al Qaeda– y han perdido territorio a manos del Estado Islámico, lo que añade mayor complejidad a la lucha.

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Este es verdaderamente “un problema infernal”, una frase acuñada por la embajadora de Barack Obama en la ONU, Samantha Power, en un libro sobre las justificaciones que Occidente se dio a sí mismo para no intervenir en Ruanda, entre otros genocidios.

Siria era un problema infernal hace un par de años. Entonces había soluciones que los políticos prefirieron no adoptar.

En este artículo, el especialista en temas bélicos Alón ben David considera que Jerusalén y Moscú pueden llegar a un acuerdo sobre Siria que corra en interés de ambas.

Rusia es un país que busca el beneficio.

No pretende tener una política moral y no tiene la menor intención de tomar en cuenta intereses extranjeros que no sirvan a los suyos. El apoyo de Moscú a Asad podría servir a los intereses de Israel; podría traer estabilidad, que actualmente es el mejor escenario para Israel.

Asad, ensangrentado y débil, continuará controlando Damasco y los puertos marítimos, el ISIS retendrá el este y Hezbolá seguirá enmarañado en Siria.

Ramón A. Maestre explica en esta columna por qué Arabia Saudí no acepta refugiados saudíes. El régimen teocrático saudí, uno de los más cerrados y opresivos del planeta, prefiere destinar sus inmensos recursos económicos a diseminar su interpretación radical del islam en el resto de países islámicos, pero también en Occidente.

El reino de Arabia Saudita y los ricos petroestados del golfo Pérsico le cierran sus puertas a los sirios que huyen de una guerra que ha desintegrado a Siria, transformándola en una colección de mataderos regentados por el régimen de al-Assad y los asesinos en serie del Estado Islámico. A Arabia Saudita, Baréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Omán les sobran recursos para brindarles un refugio estable a miles de damnificados de un conflicto que los sauditas han avivado con su apoyo logístico y financiero a grupos de fanáticos yihadistas que luchan contra al-Assad. Pero el reino maligno prefiere que países árabes pobres como el Líbano y Jordania se ocupen de los sirios. Con la ayuda de Alemania y otros países infieles. Albergando la esperanza de que la crisis acelere la islamización de Europa. Es otro ejemplo de la repugnante hipocresía de unos déspotas que cuentan con buenos aliados comprados en Washington, D.C. y las capitales de la Unión Europea. Unos aliados que se ocupan de silenciar, o suavizar, las críticas a las barbaridades que comete el reino.

Las redes sociales se han convertido en el escaparate a donde acuden las personas desesperadas por huir de los países de Oriente Medio en conflicto. Facebook se ha convertido, he hecho, en un bazar que las mafias utilizan para captar clientes en los lugares más remotos sin ningún coste añadido.

En una página que se hace llamar «El refugio y la emigración hacia Europa», los traficantes especifican que en la ruta de Turquía a la isla griega de Rodas, «los chicos mayores de cuatro años pagan como media persona y los menores de cuatro viajan gratis». En otra, llamada «Entrar ilegalmente en Europa», ofrecen el acceso a los países de la Unión Europea (UE) de forma ilegal y de todas las maneras. En concreto venden viajes diarios a Europa desde Estambul. «Sólo para clientes serios», advierten. Hay también ofertas terrestres. Una de ellas, en auto, desde Turquía hasta Salónica. Todo por 2500 euros.

Otra página ofrece varias opciones. La primera, viajar de Turquía a Grecia por tierra, cruzando el río Evros. Desde Adana hasta Orestiada por 400 euros. Segunda opción, hasta Bulgaria por 1500 euros. Un interesado pide el teléfono al traficante.

Pero no solo el viaje está a la venta. Una página ofrece «un pasaporte con motor que puede recorrer 400 kilómetros europeos por 400 euros». Otro, un visado a Suecia para toda una familia «con sello de la embajada por 30.000 euros y contrato de trabajo incluido». Este anunciante también exige «seriedad» a los clientes.