Revista de Prensa

"Como libanés, pido la expulsión del Líbano de las Olimpiadas"

 

Bandera del Líbano.

Así de contundente este post el periodista Fred Marún, indignado por la israelofobia que han demostrado los atletas del País del Cedro en los Juegos de Río. Marún abandonó el Líbano en 1984 y ahora es ciudadano canadiense.

La delegación libanesa en los Juegos expuso la intolerancia del país cuando se negó a ir en el mismo autobús que los israelíes y les bloqueó la entrada en el vehículo. Los atletas serán o no serán unos fanáticos en el plano individual, pero saben cómo reacciona el país al menor signo de ‘normalización’ con los israelíes.

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  • La expulsión de los Juegos forzaría al Líbano y a otros países con similares niveles de intolerancia a replantearse sus posiciones. ¿Realmente quieren ser conocidos como los fanáticos del mundo? ¿Valoran más su intolerancia que a sus atletas?

Es lo que augura Stephane Cohen, de The Israel Project, en las páginas del Times of Israel. Cohen, que fue testigo directo de la de 2006, cree que las circunstancias en que se produciría serían funestas.

Desde 2006, Hezbolá ha movido (…) su arsenal y sus instalaciones militares de zonas abiertas a áreas urbanizadas de ciudades, pueblos y villas. Y (…) su viejo arsenal de cohetes de unos escasos 20 kilómetros de alcance (…) [ha pasado a incluir] cientos de proyectiles con ojivas de 500 kilos que, se ufana [el líder de Hezbolá, Hasán] Nasrala, pueden alcanzar cualquier ciudad de Israel. Sus antecedentes demuestran que utiliza intencionadamente áreas urbanas libanesas como plataforma de lanzamiento de ataques contra civiles israelíes.

(…)

Las repercusiones que una guerra instigada por Hezbolá podría tener en el Líbano, ya anegado por más de 1,5 millones de refugiados sirios, no son difíciles de predecir. Un conflicto así podría acabar con el Líbano, que ya se encuentra paralizado por Hezbolá, con un Gobierno apenas funcional, sin presidente, unos servicios básicos en precario y la guerra civil siria cerniéndose sobre sus fronteras.

Nadav Pollak, del Washington Institute, apuesta por lo primero. A su juicio, la organización terrorista libanesa de obediencia iraní está extrayendo valiosas lecciones de su implicación en el conflicto sirio, donde está obteniendo una valiosísima experiencia de combate y, gracias a Rusia e Irán, se está familiarizando con armamento de elevada sofisticación.

Todo ello, advierte Pollak, puede tener consecuencias de extraordinaria importancia para un hipotético conflicto entre Israel y el denominado Partido de Alá.

Al examinar los efectos políticos y militares de la implicación de Hezbolá en Siria, uno ve que ha pagado un alto precio en sangre y fondos, pero también ha conseguido mucho.

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Claramente, Hezbolá no desea [un nuevo conflicto con Israel], pero eso no significa que no pueda manejar una guerra en dos frentes. La inversión de Hezbolá en Siria es sustancial, pero aún tiene fuerzas significativas en el Líbano, es decir, miles de combatientes capacitados y con un arsenal estratégico de misiles y cohetes. Uno no debería asumir que Hizbolá estaría débil en el frente libanés por sus compromisos en Siria.