Revista de Prensa

Cómo explotar los puntos débiles del Estado Islámico

 

Estado Bandera del Estado Islámico de Irak y el Levante

Ubai Sabandar, exanalista del Pentágono y consejero de la coalición opositora siria, firma junto al profesor de la Universidad Nacional de Defensa Michael Pregent esta pieza en la que se aboga por intensificar la colaboración de la coalición internacional con el Ejército Libre Sirio, a fin de aprovechar la experiencia de éste sobre el terreno para aumentar la efectividad de los ataques contra el Estado Islámico (EI).

A lo que más temen los terroristas del EI es a los grupos organizados de combatientes sirios e iraquíes, que ya le han hecho abandonar posiciones importantes en otras ocasiones.

La campaña de ataques aéreos de EEUU y sus aliados contra Al Qaeda y el Estado Islámico de Irak y Siria [sic] es un paso necesario, pero el poder aéreo, por sí mismo, no va a ser suficiente para asegurar una victoria militar. Para derrotar al EI y sus afiliados extremistas, los Estados Unidos y sus aliados deben trabajar más estrechamente con los grupos que más temen estos terroristas: el Ejército Libre Sirio y las tribus árabes suníes.

La preocupación del EI resultó evidente en un documental de una hora de duración y producción elegante titulado ‘Flames of War’. Después de airear una serie de victorias en Siria e Irak, el EI lamentó su “retirada temporal” de grandes franjas del norte de Siria, que se vio forzado a abandonar por las acciones del Ejército Libre Sirio, al que los terroristas describen despectivamente como “fuerzas emergentes”. (…) En el punto culminante de los combates, el EI se vio obligado a defender su cuartel general en una dura lucha en las calles de la ciudad de Raqa. Los extremistas fueron tomados por sorpresa, por lo que el Ejército Libre y sus colaboradores ofrecen un ejemplo de gran utilidad sobre cómo derrotar a Al Qaeda y sus sucesores.

Emilio Cárdenas, exembajador de Argentina en la ONU, alude en el diario argentino La Nación a la eventualidad de que los terroristas del Estado Islámico accedan al armamento prohibido de Siria, que, al contrario de lo que asegura Damasco, no ha sido eliminado en su totalidad.

El surgimiento del Estado Islámico cumple los vaticinios de Asad sobre el nacimiento de este tipo de grupos terroristas al socaire de la lucha de los radicales suníes por derrocarlo, pero eso no implica, dice Cárdenas, que se deba perder de vista la responsabilidad de Asad en un tema tan vital como la existencia de arsenales prohibidos en un país actualmente en guerra.

Siria acaba de denunciar -sorpresivamente- al organismo internacional que la supervisa, que en su momento omitió declarar algunas instalaciones de investigación y desarrollo, así como un laboratorio usado para producir el tóxico gas ricino.

Hablamos de tres emplazamientos, dotados de hangares de hormigón y edificios subterráneos que Siria no denunciara en su oportunidad. Uno de ellos, para producir gas ricino. La falta de transparencia de Siria parece obvia. Y ha quedado acreditada por su propia confesión. Siria, que ahora es miembro de la Convención sobre Armas Químicas de 1997, tiene específicamente prohibido desarrollar, almacenar o usar armas químicas.

Algunas de esas instalaciones no denunciadas están en regiones en las que las fuerzas de Asad, apoyadas por Irán, combaten encarnizadamente con las del Estado Islámico, cuyos contingentes podrían, de pronto, acceder a las armas químicas, lo que generaría un cuadro realmente de pesadilla.

La manera de asesinar a los prisioneros occidentales por parte de los miembros de este grupo terrorista ha horrorizado a la opinión pública mundial por su crueldad. Hay quien alude a la necesidad del Estado Islámico (EI) de provocar el miedo en las sociedades occidentales y paralizar la acción de sus Gobiernos. Sin embargo, los autores de este artículo sostienen que el fin es incrementar el reclutamiento de yihadistas.

El Estado Islámico necesita una fuerte inyección de reclutas con el fin de acrecentar su fuerza de combate, de alrededor de 30.000 hombres como mucho en la actualidad, cifra significativamente menor que la de cada una de las fuerzas oponentes: los peshmerga kurdos, las fuerzas gubernamentales de Irak y Siria e incluso las potenciales de tribus suníes rivales. En pocas palabras, el EI está rodeado de enemigos con mayor poder de combate y necesita aumentar su fortaleza militar para crear un Estado islámico –y suní– en Siria e Irak.

Entonces ¿por qué las degollaciones? En una palabra, publicidad. Necesitan aumentar el perfil del grupo como el mayor retador a los supuestos mayores enemigos del islam. Esto les permite pescar en un río mayor de reclutas, muchos de ellos con fuertes sentimientos antiamericanos, que el grupo necesita desesperadamente para luchar en las batallas locales con las que pretende erigir un Estado de facto. Sí, los degollamientos suponen un desafío y una intimidación para la opinión pública occidental, pero esto es sólo un beneficio secundario para el EI, cuyo foco principal sigue siendo derrotar a sus enemigos más inmediato.

La decisión del Gobierno sueco de anunciar el reconocimiento del Estado palestino no es una decisión aislada. En los últimos meses, Dinamarca y Finlandia se han descolgado con medidas de presión y amenazas comerciales a Israel por el estancamiento del proceso de paz con los palestinos, cuya responsabilidad, al parecer, Copenhague y Helsinki atribuyen en exclusiva a los israelíes. Raphael Ahren analiza en esta pieza para The Times of Israel los motivos que, a su juicio, llevan a los políticos de los países nórdicos a mantener unas posiciones de dureza, cuando no de abierto rechazo, hacia Israel.

En Suecia, un rápido vistazo a la composición del nuevo Gobierno ofrece algunas pistas. Algunos ministros tienen claros antecedentes de actividades antiisraelíes. Mehmet Kaplan, de origen turco, el nuevo ministro de Vivienda por el Partido Verde, por ejemplo, participó en la flotilla del ‘Mavi Marmara’, que pretendió romper el bloqueo de Gaza en 2010. Las fuerzas israelíes lo detuvieron y posteriormente lo deportaron. Durante la operación ‘Margen Protector’ de este verano, llamó a la «liberación de Jerusalén» en una manifestación pro-palestina.

(…) el nuevo ministro de Educación, Gustav Fridolin, también del Partido Verde, protestó por el muro de seguridad cerca de Ramala a finales de 2003 y fue arrestado por el Ejército israelí.

(…)

Algunos expertos atribuyen al aumento de la inmigración musulmana a los países nórdicos esta postura pro-palestina. Pero el odio religioso o étnico inspirado por Israel es sólo una parte de la historia, y ciertamente no es el componente dominante, como aseguran diversos observadores.

Más bien señalan el apoyo tradicional de los países nórdicos a los débiles y oprimidos, a los desvalidos en cualquier conflicto mundial. «Hay un fuerte énfasis en la izquierda europea sobre  quién es fuerte y quién es débil y, en particular, en los países escandinavos», asegura Jonathan Rynhold, un politólogo de la Universidad Bar Ilán. Desde la década de 1970, este sentimiento va acompañado de una fuerte aversión por lo que se percibe como el colonialismo, añadió. «Israel es percibido como fuerte y ‘blanco’, por lo que se percibe como algo malo».