Contextos

Cómo debería ser un mejor acuerdo con Irán

Por Husein Abdul Husein 

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"Estados Unidos podría haberle hecho pagar cualquier precio a Irán a cambio de no vetar el levantamiento de sanciones en el Consejo de Seguridad""Como requisito previo para que Irán pudiera mantener un programa nuclear, Teherán tendría que reconocer a todos los demás países miembros de Naciones Unidas, incluido Israel""La política iraní de Obama es errónea. La correcta habría sido obligar a Teherán, de forma pacífica, a cambiar su comportamiento en la región. Entonces cualquier ulterior acuerdo nuclear con los iraníes habría sido un buen acuerdo"

No crean al alarmista presidente Obama cuando afirma que las alternativas al acuerdo nuclear con Irán eran la guerra o acabar de manera inevitable con las sanciones de Naciones Unidas.

Norteamérica tenía a Irán agarrado por el cuello. Sin certificado de cumplimiento del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), los iraníes habrían seguido sometidos a las actuales y agobiantes sanciones de la ONU. Incluso aunque Rusia y China plantearan ante el Consejo de Seguridad una votación para levantar las sanciones, Estados Unidos podría haber ejercido su derecho de veto una, dos o todas las veces que rusos y chinos vetaron las resoluciones del Consejo contra la guerra de Bashar al Asad contra los sirios. Vetar las resoluciones de Naciones Unidas para mantener las sanciones contra Irán habría resultado mucho más sencillo para los estadounidenses que cuando Washington se tuvo que esforzar para lograr que ese mismo organismo las aprobara entre 2008 y 2012.

Por tanto, Estados Unidos podría haber hecho pagar cualquier precio a Irán a cambio de no vetar el levantamiento de sanciones en el Consejo de Seguridad.

Por otra parte, el certificado de cumplimiento del OIEA para Irán no iba a llegar porque, en lo que respecta al programa nuclear, la República Islámica ya había mentido en el pasado. El secretario de Estado Kerry sugirió que Teherán ya experimentó con la obtención de energía nuclear para fines armamentísticos en su base militar de Parchín. El líder supremo Alí Jamenei emitió una fetua en 2003 por la que se prohibía la producción y posesión de armas nucleares. En 2009 el mundo descubrió las instalaciones nucleares secretas iraníes de Fordow.

En la última década, los enviados del OIEA han visitado Teherán y se han ido con las manos vacías. Hasta hace poco, Irán sólo había contestado una de las 12 preguntas formuladas por el organismo responsable acerca de su programa nuclear. Si Teherán hubiera querido ser sincero respecto a su pasado atómico, habría demostrado que la fetua de Jamenei contra las armas nucleares –en la que Obama basó su diplomacia– no tenía valor alguno.

En vez de retorcerle el brazo al OIEA y obligarlo a firmar una hoja de ruta ambigua para salvarle la cara a Teherán, como ha hecho Obama en el “buen acuerdo” que está tratando de vender al pueblo estadounidense, Washington podría haber obligado a Irán a firmar un acuerdo mejor, en el que se habría estipulado lo siguiente:

Como requisito previo para que Irán pudiera mantener un programa nuclear, Teherán tendría que reconocer a todos los demás países miembros de Naciones Unidas, incluido Israel. Eso no significa que tuviera que hacer amistad con Tel Aviv o intercambiar embajadores, pero si bien oponerse a la ocupación israelí de territorios palestinos es una cosa, prometer borrar del mapa a Israel es otra.

Y antes de obligar al OIEA a disimular las ambiciones nucleares iraníes pasadas o presentes, Norteamérica debería haber insistido en que Irán se transformara de revolución en Estado. Las revoluciones carecen de fronteras y ello le da a los iraníes una excusa para intervenir en los asuntos de países vecinos. Bajo la bandera de apoyar a los oprimidos (mostazafin) frente a los arrogantes opresores (mustakbirin), Teherán incita y dirige a los chiíes y a minorías no musulmanas de media docena de países, lo que provoca conflictos civiles en todos ellos.

Si Irán deja de adiestrar, armar y financiar a elementos no estatales que provocan conflictos en todo Oriente Medio, entonces podrá tener el programa nuclear que acuerde con el OIEA, con las bendiciones norteamericanas.

En su esfuerzo por vender el acuerdo con Irán, las afirmaciones de Obama han estado plagadas de contradicciones. Si bien insiste en que el acuerdo sólo es nuclear, a menudo afirma a la vez que espera que el pacto permita ulteriores conversaciones con Irán sobre otras cuestiones, como Siria, y que modere a los radicales iraníes.

Pero es Teherán el que ha estado deseando participar en conversaciones sobre Siria para cimentar su posición como patrocinador oficial de Asad, no sólo militarmente, sino en los pasillos internacionales del poder. La última vez que Teherán quiso asistir a Ginebra II, a principios de 2014, la oposición siria torpedeó su presencia.

Por otra parte, es pura fantasía pensar que entregar 150.000 millones de dólares a los radicales iraníes servirá para moderarlos.

El presidente Obama debe ser sincero con el pueblo norteamericano. Estados Unidos está inmerso con China, Alemania y otros países en una carrera por mercados vírgenes. La apertura de Washington a Cuba, Myanmar e Irán tiene que ver con el comercio más que con otra cosa. Obama quería un acuerdo con los iraníes a cualquier precio. Consiguió uno que no impedirá que el irracional régimen de Teherán se vuelva nuclear ni abrirá el mercado iraní a las empresas norteamericanas, al menos a juzgar por las declaraciones de Jamenei posteriores al acuerdo.

El razonamiento empleado por Obama para el acuerdo con los iraníes es ahora el siguiente: Irán es un adversario, y por eso no debe obtener armas poderosas, como las nucleares. En cambio, Norteamérica le permite a Teherán conseguir armas de tipo medio, como misiles balísticos.

La política iraní de Obama es errónea. La correcta habría sido obligar a Teherán, de forma pacífica, a cambiar su comportamiento en la región. Entonces cualquier ulterior acuerdo nuclear con los iraníes habría sido un buen acuerdo.

Pero ahora es demasiado tarde. Obama ya se ha jugado la granja y la ha perdido. El Consejo de Seguridad ya ha aprobado el mal acuerdo con Irán. Lo demás es historia.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio