Contextos

Cinco lecciones de la guerra siria

Por Husein Abdul Husein 

Homs, Siria, invierno de 2013.
"El mundo cree que EEUU debería ser sometido a juicio, pero a dictadores como Putin, Asad o el régimen iraní les ofrece diplomacia, tratados y acuerdos políticos""A diferencia de Obama, Putin es competente. Mientras que el mandatario estadounidense semeja un gurú que se equivoca en todas sus predicciones, el ruso ha sido el líder que respalda sus palabras con la fuerza, incluso con una fuerza mediocre como la rusa"

En primer lugar, quien tiene la fuerza es quien tiene razón. La ONU es una farsa. Rusia devora la Crimea ucraniana sin que nadie mueva un párpado. En Siria, a Bashar al Asad no le pasa nada por haber cometido una matanza con armas químicas. Hezbolá sigue armada, lo que supone una violación de las resoluciones 1559 y 1701 de Naciones Unidas, y se niega a entregar a cinco agentes suyos acusados por un tribunal de la ONU del asesinato del primer ministro libanés Rafik Hariri.

En semejante mundo sin ley resulta imposible contrarrestar el mensaje del ISIS. No importa lo que se gaste el presidente Obama en propaganda contra el grupo; la injusticia le garantiza un flujo inagotable de reclutas.

Los terroristas no nacen; en general, son personas pacíficas que sienten la necesidad de alzarse contra las injusticias que se encuentran. Mientras dictadores como Asad, el egipcio Abdel Fatah al Sisi o el ruso Vladímir Putin supriman la libertad de expresión, organizaciones violentas como Al Qaeda y el ISIS seguirán ofreciendo instrumentos para que los jóvenes liberen su ira. Esa dinámica fue cierta el 11-S y sigue siéndolo hoy, aun después de que la guerra de Irak acabara con la discusión sobre el nation building.

En segundo lugar, o EEUU es el país más odiado del mundo o concede indebido crédito a un mundo amoral.

Activistas de todo el planeta hacen circular peticiones y organizan manifestaciones para que el expresidente estadounidense George Bush y altos cargos de su Administración sean juzgados por la guerra de Irak. Pero ninguno de esos activistas parece ansioso por que se exijan responsabilidades a Putin, que ha arrasado Chechenia, partes de Georgia, de Ucrania y ahora de Siria. Ninguno de esos activistas con más ética que nadie sale a la calle a protestar por la guerra del dictador sirio contra su propio pueblo como protestaron por la guerra de Estados Unidos contra el dictador iraquí.

El mundo cree que EEUU debería ser sometido a juicio, pero a dictadores como Putin, Asad o el régimen iraní les ofrece diplomacia, tratados y acuerdos políticos.

Tercero, pese a dos exhaustivas guerras en Irak y Afganistán, el poder estadounidense no se ha debilitado; sólo lo ha hecho su autoridad.

En mayo de 2014 el presidente Obama alardeó de su plan genial de aliarse con Gobiernos locales, como los de Irak y el Yemen, en la guerra contra el terrorismo. Un mes después, fuerzas de seguridad iraquíes adiestradas por los norteamericanos se desmoronaron en Mosul y dejaron la ciudad en manos del ISIS. En septiembre de 2014, el Gobierno yemení, socio de EEUU, tuvo que huir de la capital del país, Saná, ante la invasión huzi.

Putin ha hablado poco de su alianza con Asad, pero en realidad ha ayudado al dictador sirio a revertir sus pérdidas. ¿Por qué ellos ganan en Siria mientras que Estados Unidos y sus aliados pierden en Irak y el Yemen?

A diferencia de Obama, Putin es competente. Mientras que el mandatario estadounidense semeja un gurú que se equivoca en todas sus predicciones, el ruso ha sido el líder que respalda sus palabras con la fuerza, incluso con una fuerza mediocre como la rusa.

En cuarto lugar, los ejércitos regulares pueden vencer en guerras asimétricas. Tras las guerras de Estados Unidos en Vietnam, Afganistán e Irak, la guerra de Rusia en Afganistán y las de Israel en el Líbano y los territorios palestinos, los ejércitos regulares parecían incapaces de derrotar a elementos no estatales. Pero Rusia demuestra en Siria que los ejércitos pueden vencer a milicias, siempre que empleen una potencia de fuego inmensa e indiscriminada y que el Gobierno atacante rechace y acose a cualquiera que piense en apoyar a las milicias.

Ahora sabemos que los norteamericanos no fueron demasiado débiles para vencer a Al Qaeda en Irak, sino más bien excesivamente precavidos. También fueron indulgentes con potencias regionales que armaron, entrenaron y financiaron a los insurgentes iraquíes, a menudo enviando a oficiales de rango medio a capitales como Damasco para que rogaran a Asad que pusiera fin al flujo de combatientes extranjeros que entraba en Irak, pero sin resultado alguno.

Y en quinto lugar, adiós al acuerdo Sykes-Picot. El orden mundial y su mapa tras la Segunda Guerra Mundial no están grabados en piedra. Los kurdos pretenden forjar su Estado independiente sobre las ruinas de Irak y Siria. De manera análoga, Asad ha estado labrando un Estado alauita-chií a costa del Líbano y de la Siria occidental, mientras trasladaba a la población suní al este.

Si los kurdos y Asad están creando sus Estados, ¿por qué Israel tiene que conformarse con sus fronteras de 1948, establecidas por Naciones Unidas? Israel puede bombardear a los palestinos en la Margen Occidental y transferirlos al este, y luego anexionarse la Margen, como hiciera con los Altos del Golán en 1981. Si Putin puede quedarse con Crimea y los kurdos pueden limpiar el noreste de Siria, ¿por qué los israelíes no pueden quedarse con el Golán y limpiar la Margen Occidental? Al fin y al cabo, ninguna capital europea de las que regularmente amenaza con detener a representantes israelíes manifiesta un antagonismo similar hacia los representantes rusos, iraníes o de Asad.

El mundo está cambiando. La fuerza es la que prevalece y el orden mundial ha desaparecido. A esto Obama lo llama “un cambio en el que podemos creer”.

© Versión original (en inglés): NOW
© Versión en español: Revista El Medio