Revista de Prensa

Chirac, el gran amigo de Sadam Husein, no fue precisamente un líder modélico

 

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"No es agradable hablar mal de los muertos, pero es crucial entender el contexto de la política iraquí de Chirac, aunque sólo sea porque es paradigmático del enfoque europeo respecto a Oriente Medio"

Por su interés, traducimos buena parte del artículo que, con el título de “Jacques Chirac represented cynical corruption on the Iraq war, not restraint”, publicó la semana pasada Michael Rubin en el Washington Examiner con motivo del fallecimiento del controvertido expresidente francés.

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En muchos de los obituarios se elogió la presciencia del líder francés por oponerse a la guerra de Irak. (…) Pero ¿fue el deseo de paz o la conciencia de las dificultades de la posguerra las auténticas razones de que Chirac rompiera con EEUU y el Reino Unido antes de la invasión de 2003? No.

Chirac encarnó a una generación de líderes europeos tremendamente corrompidos por sus manejos en Oriente Medio. (…) las relaciones de Chirac con el dictador iraquí Sadam Husein se remontaban a tres décadas antes de la guerra de Irak. Como primer ministro de Francia entre 1974 y 1976, Chirac acudió a Bagdad a negociar acuerdos comerciales y la compra por parte de Irak de un reactor nuclear francés (que acabaría siendo destruido por un ataque israelí en 1981).

(…) Si bien Sadam Husein rehusaba visitar países occidentales, hacía una excepción con Francia, donde Chirac lo acogía como “mi amigo personal”.

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Francia se benefició asimismo de su condición de principal suministrador de armas del régimen de Husein, al que vendió cazas y misiles por valor de 25.000 millones de dólares. (…)

Cuando Irak se encontraba sometido a sanciones internacionales por haber invadido Kuwait, Chirac hizo lobby para que compañías francesas desarrollaran sus campos petrolíferos. (…) Para cuando comenzó la guerra de 2003, Francia era el principal socio comercial de Irak.

Que la NPR [radio pública norteamericana], la CBS y demás medios dejen de lado las relaciones de Chirac con Sadam Husein y no hagan mención de los esfuerzos del primero por enriquecer a compañías francesas en el marco de la guerra Irán-Irak y de la campaña genocida de Sadam contra los kurdos es preocupante y deshonesto.

No es agradable hablar mal de los muertos, pero resulta crucial entender el contexto de la política iraquí de Chirac, aunque sólo sea porque es paradigmático del enfoque europeo respecto a Oriente Medio.