Contextos

Chatah. Carta abierta a Ruhaní

Por José María Marco 

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"La respuesta recibida por Chatah, incluso antes de hacer pública la carta, ha sido la del asesinato. Sin duda, aclara la posición de Hezbolá (y de quienes los sostienen en Irán) ante un nuevo intento de encontrar soluciones pacíficas, moderadas y humanas al conflicto de la zona"

Hace pocos días se dio a conocer uno de los documentos más impresionantes y conmovedores publicados en los últimos tiempos sobre los conflictos en Oriente Medio. Es la carta que escribió Mohamed Chatah a finales de diciembre del año pasado, una carta abierta dirigida a Ruhaní, presidente de Irán. Antes de hacerla pública, Chatah tenía previsto solicitar la firma de otros parlamentarios libaneses. No pudo hacerlo porque el 27 de diciembre, cuando se dirigía a una reunión del Grupo 14 de marzo (del que él mismo formaba parte), una bomba destrozó su coche y acabó con su vida y con las de ocho personas más.

Mohamed Chatah (1951-2013) fue economista, diplomático y asesor de varios gobiernos libaneses. También fue ministro de Hacienda entre 2008 y 2009. Era una figura relativamente conocida en los países democráticos porque sirvió de portavoz del gobierno libanés durante el conflicto del verano de 2006.

Chatah era musulmán, suní y moderado en sus planteamientos políticos. La carta a Ruhaní es una lección de historia, de honradez y de valentía humana y política. Empieza recordando a Ruhaní el momento excepcional en el que se encuentra el Líbano, pero también Irán: el primero por las amenazas que se ciernen sobre él, Irán por las promesas de moderación y apertura que llevaron al propio Ruhaní al poder, así como por el acuerdo alcanzado entre Irán y el grupo del P5+1 sobre el programa nuclear iraní.

Chatah recuerda luego cómo los Guardias Revolucionarios iraníes contribuyeron a establecer el grupo Hezbolá en el Líbano, hace treinta años, y cómo ese apoyo continúa hasta el día de hoy. Con el respaldo de Irán, Hezbolá se ha consolidado como una fuerza militar y política autónoma, que hace imposible el ejercicio de la soberanía por parte del Estado libanés. Aún peor: la participación de Hezbolá en la guerra civil siria está comprometiendo al Líbano en el conflicto que ha destrozado el país vecino.

Chatah se declaraba contrario a la supervivencia del régimen de Asad en Siria, pero no trata de comprometerse en una posición sobre la guerra siria. La carta acababa con una propuesta en cuatro puntos, que, según el autor, debería ser debatida en algún foro internacional o en el Consejo de Seguridad: la neutralización del Líbano (no basta con una declaración de neutralidad por parte del propio gobierno libanés), acabar con la participación de cualquier grupo libanés en Siria, asegurar la frontera sirio-libanesa y promocionar un cese el fuego permanente entre el Líbano e Israel, cese el fuego que cerraría la actual situación provisional de cese de hostilidades.

La respuesta recibida por Chatah, incluso antes de hacer pública la carta, ha sido la del asesinato. Sin duda, aclara la posición de Hezbolá (y de quienes los sostienen en Irán) ante un nuevo intento de encontrar soluciones pacíficas, moderadas y humanas al conflicto de la zona. La respuesta, desde esta perspectiva, ha sido inequívoca.

Es muy posible que tanto en el conflicto sirio como ante el programa nuclear iraní no haya más remedio que pacientar y negociar. El asesinato de Mohamed Chatah recuerda la naturaleza de algunas de las fuerzas con las que se está dialogando y su disposición a utilizar cualquier medio para conseguir los fines que se proponen: por ahora, la continuación, el enquistamiento del conflicto y la generalización de la guerra al conjunto de la región.