Revista de Prensa

Carta de un judío orgullosamente español y sionista

Por Ángel Mas 

banderas-espana-israel
"Los judíos españoles pagamos con nuestros impuestos a organizaciones cuyo único propósito es hostigarnos"

Por su interés, reproducimos buena parte del artículo que, con el título de “Ser judío español y sionista en tiempos de Podemos”, ha publicado Ángel Mas, presidente de ACOM, en el diario digital El Asterisco: 

Me han preguntado estos días qué siente un judío español, uno significado y sionista, ante un nuevo Gobierno en España que podría ser abiertamente hostil a Israel y a todos los que apoyamos al Estado judío.

Para contestar, hay que ofrecer primero un contexto (…) de lo que ha sido la realidad habitual de un ciudadano español amigo de Israel antes de que la moción de censura contra Rajoy triunfara: imagínense que un ciudadano marroquí, o de ascendencia marroquí, o familia marroquí, fuera oficialmente discriminado en España por autoridades locales (mientras el Gobierno central mira para otro lado), bajo la excusa de la “ocupación ilegal del Sahara” por el reino alauita. O que para poder acceder a una actividad social, económica o civil normal en su localidad, a un ciudadano español de ascendencia turca se le exigiese que denunciara públicamente las atrocidades del Estado turco en el norte de Chipre desde su ocupación en 1974. O que el Gobierno de España, gobiernos regionales, diputaciones y ayuntamientos financiaran con millones de euros actividades de grupos abiertamente hostiles contra un país amigo de España, Ucrania por ejemplo, glorificando el terrorismo contra sus ciudadanos y apoyando su destrucción. Inconcebible, ¿no? No si estos abusos kafkianos se aplican a un judío español.

En las últimas dos semanas España ha experimentado una nueva ola de gobiernos locales que declaran su hostilidad hacia Israel y solidaridad con los disturbios palestinos en Gaza. Hasta la fecha, ‪las dos‬ ciudades más grandes de España, Madrid y Barcelona, han aprobado mociones proboicot que, incluso sin nombrar a Hamás o al terrorismo, requieren, entre otras demandas, un embargo de armas español contra Israel. Estas mociones son promovidas por las diferentes franquicias del movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) en España y encuentran un terreno fértil en los ayuntamientos dominados por Podemos, con el entusiasta apoyo del Partido Socialista y el nacionalismo catalán.

Cuando los grupos de BDS se sienten lo suficientemente fuertes, presentan propuestas aún más agresivas para aprobar un boicot total contra Israel, sus ciudadanos y compañías, e incluso contra ciudadanos españoles que simpatizan con el Estado judío.

(…)

¿Por qué son ilegales estos boicots? Es muy sencillo: el artículo 14 de nuestra Constitución dice que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Por tanto, los partidos políticos y sus cargos públicos pueden tener sus opiniones a favor o en contra de un país y su política, pero las Administraciones públicas deben mantener su neutralidad frente al administrado, sin favorecer o penalizar a los ciudadanos por sus opiniones, creencias u origen nacional. (…)

A diferencia de ACOM, el movimiento BDS en España está generosamente respaldado por los subsidios públicos de las Administraciones  (…), de todos los colores políticos. Un informe encargado conjuntamente por NGO Monitor y ACOM el año pasado describió cómo, sólo en 2015, al menos seis millones de euros de subvenciones públicas respaldaron las actividades anti Israel de grupos de BDS, algunos de ellos con vínculos evidentes con organizaciones terroristas como el FPLP [Frente Popular para la Liberación de Palestina]. ACOM ha identificado que, desde 2014, seis de las docenas de organizaciones de BDS que operan en España recibieron más de 33 millones de euros en subvenciones públicas. Los judíos españoles pagamos con nuestros impuestos a organizaciones cuyo único propósito es hostigarnos.

(…)

Ser sionista no es más que reconocer el derecho a existir del Estado de Israel como el Estado Judío. Un Estado democrático y respetuoso con todas sus amplias minorías, que gozan de plenos derechos. Y demonizar, deslegitimar, aplicar doble rasero y deshumanizar al único Estado judío, y sólo a él, no sólo es antisionismo, sino una forma moderna de antisemitismo. En Israel viven la mitad de los judíos del mundo y, aunque no todos los judíos son sionistas, la inmensa mayoría apoyamos a Israel. Los judíos de nuestro país somos orgullosamente españoles, defendemos la democracia constitucional que nos garantizó plenitud ciudadana y creemos que el Estado de Derecho nos protege como minoría de cualquier ataque. (…)