Contextos

Carta abierta a la oposición siria

Por Lee Smith 

Una de las manifestaciones que están sacudiendo los países árabes. Ésta, de detractores del dictador sirio, Bashar al Asad.
"Los estadounidenses están cansados de Oriente Medio, frustrados; y, francamente, también estamos enfadados. Uno esperaba haberse ganado algo de gratitud en la región, en vez de teorías de la conspiración que nos achacan las peores intenciones""Hezbolá asedia ahora sus ciudades y campos: “el Partido de Satán”, lo llaman ahora. ¿Y antes de Qusair? ¿Y hace treinta años, cuando atentó contra la embajada estadounidense en Beirut, y luego contra el cuartel de los marines, donde murieron 241 militares norteamericanos en misión de paz? ¿Pensaron ustedes entonces que Hezbolá era una banda de carniceros?""El discurso de odio que el régimen empleaba para referirse a israelíes y judíos es la misma retórica de exterminio que guía su guerra contra los suníes, contra ustedes"

Como puede que hayan leído, la semana pasada cuatro senadores estadounidenses presentaron un proyecto de ley para bloquear cualquier ayuda militar a aquellos de entre ustedes que están luchando en Siria, sobre el terreno. El proyecto estaba avalado por dos demócratas y dos republicanos, lo que equivale a decir que el sentimiento generalizado, dejarlos a su suerte en el campo de batalla, goza de apoyo bipartidista en Washington.

También hay cierto apoyo a su causa en ambos partidos, sí, pero la verdad es que armar a sus hijos, esposos o hermanos no es algo que goce de popularidad entre el público norteamericano, ni de derechas ni de izquierdas. Los estadounidenses están cansados de Oriente Medio, frustrados; y, francamente, también estamos enfadados.

Durante la última década, Estados Unidos ha derrocado o ayudado a derrocar a cuatro dictadores árabes, con muy pocos resultados positivos. A cambio de gastar billones de dólares en derribar a Sadam Husein, uno esperaba haberse ganado algo de gratitud en la región, en vez de teorías de la conspiración que nos achacan las peores intenciones. Gratitud al menos por los sacrificios realizados por nuestros familiares y amigos de uniforme, por los miles de muertos y decenas de miles de heridos que hemos puesto para que los iraquíes pudieran votar en unas elecciones libres y justas y vivir sin miedo a que las fuerzas de seguridad de Sadam se los lleven para torturarlos, violarlos o asesinarlos.

También contribuimos a derribar a Gadafi, lo que no impidió a los islamistas locales asesinar a nuestro embajador y a otros tres compatriotas en Libia. En Egipto, la Casa Blanca exigió a Hosni Mubarak que dimitiera, lo que dejó un vacío de poder que los egipcios llenaron en las elecciones más libres que hayan celebrado jamás eligiendo a los Hermanos Musulmanes y a otros islamistas con un programa explícitamente antiamericano. Comparado con estos tres casos, Túnez, donde animamos a Zine el Abidine ben Alí a retirarse, es un éxito norteamericano; por ahora.

Por tanto, no es difícil ver por qué no hay mucho apoyo a vuestra causa entre los norteamericanos. Las encuestas muestran que un 25% de la población cree que Estados Unidos debería intervenir en Siria. Estas encuestas, por otro lado, son algo engañosas, en tanto en cuanto los estadounidenses jamás se muestran favorables a las intervenciones en el extranjero. Como los norteamericanos no necesitamos saquear pueblos extranjeros para alimentarnos o equipar nuestros hogares, la opinión pública jamás encabezará una iniciativa para intervenir fuera de nuestras fronteras, ni en Siria ni en ningún otro lugar. Es tarea del presidente explicar al pueblo por qué hay sólidos motivos estratégicos y humanitarios para apoyar a vuestros camaradas, derrocar a Asad y promover los intereses nacionales estadounidenses. El hecho de que los asesores y partidarios de Obama disculpen su inacción amparándose en las encuestas es tan sólo un síntoma más del fracaso el presidente como líder.

Ustedes también tienen un problema de liderazgo. No me refiero a los líderes militares, a los distintos comandantes rebeldes que hay sobre el terreno y a las relaciones que mantienen entre sí, parece que a menudo conflictivas. Tampoco me refiero a su liderazgo político, a cuya atomización se ha referido a menudo la Administración Obama, señalándola cínicamente como una de las causas por las que no apoyaría a la oposición. Hablo de ustedes. Me refiero a su silencio. Quiero saber dónde han estado ustedes estos últimos cuarenta años.

El mundo está asombrado ante el sacrificio, el valor y la fuerza que están desplegando en la lucha contra Asad. Pero el régimen de Damasco que ahora masacra a sus seres queridos ha empleado esos mismos medios contra sus vecinos y contra otras gentes durante cuarenta años. Superaron el miedo a Asad cuando fue a por ustedes, pero cuando eran otros los marcados, nada dijeron. ¿O acaso lo aprobaban?

Durante cuarenta años, el régimen perpetró actos terroristas contra cada uno de sus países vecinos –Jordania, Turquía, el Líbano, Irak, Palestina, Israel–, contra otros Estados de la zona y contra nosotros, contra nuestros familiares y amigos. Durante la guerra de Irak, Asad convirtió el aeropuerto de Damasco en un centro de tránsito para radicales extranjeros que buscaban matar a soldados estadounidenses que combatían a extremistas chiíes y suníes para que los iraquíes pudieran tener una vida mejor. ¿Qué se dicen a sí mismos cuando son sus hijos e hijas los triturados por Asad? 

¿Qué hay de las atrocidades cometidas por el régimen contra árabes y musulmanes? ¿Qué decían ustedes cuando el régimen baazista ocupó el Líbano durante veintinueve años? ¿O cuando Hafez  el Asad enterraba a los libaneses en fosas comunes como las que su hijo ha excavado para los de ustedes? ¿Y los miles de libaneses a los que el régimen hizo desaparecer durante los años de guerra y ocupación, del mismo modo que ha hecho desaparecer a sus hermanos en su revolución? ¿Qué hay de los coches bomba, destinados a matar iraquíes, que Asad ha enviado a Bagdad durante la última década? ¿Qué me dicen de los turcos asesinados por el PKK, otro grupo terrorista respaldado por los Asad? ¿O de los palestinos masacrados por otras facciones palestinas apoyadas por Damasco? ¿Dónde estaban ustedes cuando los combatientes de Hamás, apoyados por Asad, arrojaban a sus hermanos de Fatah desde las azoteas de Gaza? ¿Se despertó su humanidad ante el sufrimiento ajeno, o sus conciencias sólo se han removido cuando han ido a por ustedes?

Hezbolá asedia ahora sus ciudades y campos: “el Partido de Satán”, lo llaman ahora. ¿Y antes de Qusair? ¿Y hace treinta años, cuando atentó contra la embajada estadounidense en Beirut, y luego contra el cuartel de los marines, donde murieron 241 militares norteamericanos en misión de paz? ¿Pensaron ustedes entonces que Hezbolá era una banda de carniceros? ¿Qué dijeron cuando volvió las armas puras de la resistencia contra otros libaneses, al asediar Beirut y los montes Chouf en 2008? ¿O cuando el Tribunal Especial para el Líbano acusó a uno de sus comandos asesinos de matar a Rafiq Hariri en 2005? ¿Influyó todo eso, o el apoyo que Asad le daba, en su consideración de Hezbolá?

Sé lo que dijeron ustedes cuando Hezbolá arrastró el Líbano a la guerra en el verano de 2006, lo que costó a sus vecinos miles de millones de dólares en daños, así como miles de vidas. Yo estuve en Damasco durante la segunda semana de conflicto, y vi cómo celebraban ustedes la guerra de Hezbolá contra los sionistas, así como el apoyo de Asad al grupo libanés. Creían ustedes que, si luchaban contra los judíos, tenían razón. Les tomaron por tontos, señores. Durante cuarenta años el régimen les vendió la idea de que el gran enemigo era la entidad sionista, lo que permitió a los Asad gobernar y mantener unido el Estado sirio. Pero el motivo por el que ahora no pueden ustedes vivir en paz, la causa por la que Siria está en guerra, es que lo que les mantenía unidos era el odio a otro: a Israel, a los judíos.

¿Aún no se han dado cuenta de que todo pende del mismo hilo? El discurso de odio que el régimen empleaba para referirse a israelíes y judíos es la misma retórica de exterminio que guía su guerra contra los suníes, contra ustedes. Ustedes, dice Asad, son “terroristas extranjeros”. Los judíos, según el régimen, son algo exportado por el colonialismo, ajeno a la región. Deben ser destruidos, arrojados al mar, exterminados: los mismos planes que les tiene reservados. Su guerra contra ustedes muestra que la guerra árabe contra Israel no es más que otro aspecto de una característica regional: la incapacidad de aceptar a los otros y de convivir con ellos, sean suníes, alauitas, chiíes, drusos, cristianos, judíos o, por lo que viene al caso, estadounidenses.

Necesitamos una explicación por su parte, especialmente los que apoyamos su causa. Si vacilamos en decir que somos sus amigos es porque no sabemos quiénes son, a dónde van o dónde han estado estos últimos cuarenta años, cuando el régimen que ahora les caza como a animales se dedicaba a matarnos a todos los demás.

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