Contextos

Carta a los ministros de Exteriores de la UE

 

Para: Los ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.
Cc: D. Herman van Rompuy, presidente del Consejo Europeo.
D. José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea.
Lady Catherine Ashton, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, y vicepresidente de la Comisión Europea.
Dª. Máire Geoghegan-Quinn, comisaria europea de Investigación, Innovación y Ciencia.
D. Štefan Füle, comisario europeo de Ampliación y Política Europea de Vecindad.

Asunto: Asegurar el papel constructivo de la Unión Europea en la promoción de las conversaciones de paz palestino-israelíes.

Sr. ministro de Asuntos Exteriores:

Le escribimos hoy para apoyar que la Unión Europea realice una contribución constructiva al proceso de paz palestino-israelí y, en particular, para que facilite los esfuerzos del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, por el progreso de las actuales negociaciones entre ambas partes. Le instamos a que preste su decisivo apoyo tanto a los destacables esfuerzos del secretario de Estado como al coraje político de los dirigentes y negociadores israelíes y palestinos, que han reanudado las conversaciones de paz tras años de estancamiento. A este respecto, y siguiendo la petición del secretario Kerry, le invitamos a que reconsidere la aplicación de las “Directrices de la Comisión Europea para la financiación de entidades israelíes en los Territorios Ocupados” sin marginar a Israel, sino más bien mediante el compromiso y el apoyo al proceso de paz.

Observamos con consternación los llamamientos que realizan antiguos dignatarios europeos, como los que componen el denominado Grupo de Personalidades Europeas, a rechazar la petición del secretario Kerry. No resulta sorprendente que estos ex representantes parezcan ignorar el tiempo, el esfuerzo y el capital diplomático que han invertido tanto las partes como el secretario de Estado y su equipo. Después de todo, ellos mismos le pidieron, hace sólo cinco meses, que considerara el proceso de paz condenado, y sugerían que, en la práctica, se suspendiera la financiación de la Unión Europea a la Autoridad Palestina. El secretario de Estado Kerry y los dirigentes israelíes y palestinos demostraron que se equivocaban. Su más reciente declaración no es más válida que su anterior llamamiento.

En vez de ello, le pedimos que asegure que se lleva a la práctica de forma completa y efectiva la declaración de la alta representante de la UE tras la reanudación de las negociaciones palestino-israelíes en julio:

 Tanto Israel como los palestinos tienen un amigo y aliado de confianza en la Unión Europea. La reanudación de las conversaciones abre nuevas puertas, tanto para desarrollar más la contribución de la UE a la paz y la seguridad en la región como para estrechar nuestras relaciones con ambas partes. Seguimos estando totalmente comprometidos con ellas y, junto a nuestros socios, no escatimaremos esfuerzos para asegurar que las negociaciones tienen éxito.

Creo firmemente que la conclusión de este conflicto está a nuestro alcance. Invito a todos los que desean ver una solución negociada a que apoyen a quienes ahora están participando en las conversaciones, para que pueda aprovecharse esta oportunidad para la paz.

A este respecto, imponer unilateralmente una postura europea a Israel no es un acto de un “amigo y aliado de confianza”.

No es necesario que le recordemos que, para representar los valores comunes de sus Estados miembros, la UE debe siempre tratar de estar en vanguardia de los esfuerzos internacionales por lograr un orden mundial más equitativo, justo y pacífico. Por desgracia, el último intento de la Comisión Europea de emitir directrices restrictivas a la cooperación con Israel lo que hace en realidad es alejarla de esas metas.

Las directrices publicadas el pasado junio establecen claramente que dicha cooperación, que también puede adoptar la forma de becas o premios, no deberá extenderse geográficamente más allá de las fronteras israelíes anteriores a 1967. Su finalidad, según el documento que contiene dichas directrices, es asegurar que se respetan posturas europeas como “el no reconocimiento por parte de la UE de la soberanía israelí sobre los territorios ocupados por Israel desde junio de 1967”. Desde que se emitieron, algunas voces internacionales, como el Grupo de Personalidades Europeas, han realizado llamamientos públicos para que los Estados miembros respalden a la UE “aplicando plenamente” las directrices.

La Comisión Europea es libre de insistir en cómo deben emplearse y dónde deben invertirse los recursos de la Unión. Es comprensible que Bruselas desee asegurarse de que la cooperación económica de la UE con sus socios extranjeros no se vea envuelta en contenciosos por disputas territoriales. Pero la cuestión que se plantea entonces es si estas nuevas restricciones en el caso israelí son representativas de una política más amplia aplicada universalmente por la UE en decenas de disputas territoriales, algunas de las cuales tienen lugar a las puertas de Europa (ahí están el acuerdo pesquero con Marruecos sobre aguas del Sáhara Occidental o los fondos a la comunidad turca del norte de Chipre), o si, dicho claramente, es sólo una política discriminatoria dirigida exclusivamente contra Israel.

Además, mientras los políticos europeos siguen acertadamente siendo conscientes de los desafíos políticos que afronta el presidente Abás, parece que tienden a ignorar los que afrontan Israel y su primer ministro, Benjamín Netanyahu. Los dirigentes europeos parecen ser poco proclives a apreciar debidamente los complejos y diversos retos estratégicos a los que se enfrenta Israel, o el historial completo del Gobierno israelí en lo relativo a los palestinos, incluida la moratoria de 2010 sobre las construcciones en los asentamientos.

Al reflexionar sobre las actitudes predominantes respecto a Israel y al proceso de paz, Tony Blair, representante del Cuarteto, señalaba en 2010:

Hay una resistencia consciente, o a menudo inconsciente, que a veces raya en el rechazo, a aceptar que Israel tiene un punto de vista legítimo. Nótese que digo rechazo a aceptar que Israel tiene un punto de vista legítimo, no a estar de acuerdo con él. La gente tiene perfecto derecho a estar de acuerdo o no; más bien se trata de una falta de voluntad para escuchar a la otra parte, para reconocer que Israel tiene motivos, para aceptar la idea de que ésta es una cuestión compleja que requiere comprender la otra forma de considerarla.

Quienes defienden que la UE siga adelante con las directivas de la Comisión Europea respecto a Israel casi siempre sugieren que es necesario debido a la actividad israelí en los asentamientos. Ciertamente, los asentamientos israelíes han sido un tema controvertido. El sistema legal israelí, muy respetado internacionalmente, ha argumentado que éstos son legales de acuerdo a su interpretación de la Convención de Ginebra de 1949. Los ministros de Exteriores europeos interpretan de otra forma la Cuarta Convención de Ginebra y afirman que son ilegales. Estados Unidos ha criticado los asentamientos considerándolos un “obstáculo para la paz”, pero no ha declarado que sean ilegales.

En cualquier caso, Israel y los palestinos han encontrado una forma de abordar la cuestión de los asentamientos en sus negociaciones conjuntas. Los Acuerdos de Oslo de 1993 no prohibían a Israel proporcionar asistencia a su población en los asentamientos. Los acuerdos hacían de los asentamientos una de las cuestiones que debían ser negociadas como parte del estatus definitivo de los territorios en disputa. En el curso de posteriores negociaciones, los palestinos, de hecho, accedieron a que Israel conservase algunos asentamientos en cualquier acuerdo definitivo. Ha quedado demostrado que los que no serían conservados por Israel no constituirían un obstáculo para una retirada, pues los israelíes han probado en dos ocasiones -en el Sinaí en 1982 y en la Franja de Gaza en 2005- estar dispuestos a desmantelar asentamientos cuando sea necesario.

Por consiguiente, le pedimos que apoye el establecimiento de un compromiso, acercamiento y esfuerzo por el diálogo con Israel basado en unos valores compartidos, el respeto, los intereses y los beneficios comunes. Ha llegado la hora de que Europa reconozca las extraordinarias circunstancias y desafíos que afronta la única democracia liberal y próspera existente en su vecindario meridional. Eso no quiere decir que los amigos deban evitar criticarse mutuamente, pero Europa tiene la obligación de llevar a cabo su diálogo con Israel de forma más honorable y tolerante.

Al restringir explícitamente la cooperación europea con Israel al territorio situado dentro de los límites de 1967, la Comisión Europea no está salvando en modo alguno el proceso de paz. En muchos aspectos está prejuzgando la cuestión de las futuras fronteras de Israel, y al hacerlo de hecho socava las delicadas negociaciones que tienen lugar actualmente. Al tratar a Israel de forma distinta a la mayoría de las naciones, esta política sólo refuerza la impresión que tienen los israelíes de que Europa es básicamente hostil a Israel y no puede confiarse en ella como antaño. Todo sistema legal avanzado se basa en el principio de igualdad ante la ley. Europa no debería colocarse en una postura en la que, al adoptar una política discriminatoria, niegue al Estado judío el derecho a ser tratado con igualdad dentro de la comunidad internacional.

Europa no le está haciendo ningún favor especial a Israel al afianzar su colaboración bilateral, pues ello va en su propio interés. La exclusión efectiva del Estado israelí de Horizonte 2020 no lo perjudicará tanto como privará a Europa de beneficiarse del liderazgo israelí en la I+D científica. Israel es el único país no europeo invitado a unirse a Horizonte 2020, probablemente debido a la enorme contribución que podría hacer: ha sido un vivero de nuevas ideas para las industrias norteamericanas de alta tecnología. Una de las ideas subyacentes a Horizonte 2020 es mejorar la competitividad de las economías europeas. Además, no es ninguna limosna para Israel, sino un esfuerzo conjunto en I+D sustentado con financiación procedente de ambas partes.

Un nuevo enfoque europeo respecto a Israel podría ser la contribución concreta de Europa a la paz y la seguridad a que aspiraba la alta representante Ashton. En este contexto, damos la bienvenida y fomentamos el actual diálogo entre la UE y altos dignatarios israelíes para resolver los desacuerdos respecto a las directrices de la Comisión Europea. Es un paso en la dirección adecuada, y le pedimos que aproveche esta iniciativa para abrir una nueva página en las relaciones entre la UE e Israel.

Si bien recordamos con orgullo anteriores contribuciones europeas al proceso de paz, evidentes en su papel fundamental para la formulación, en 2002, de la Hoja de Ruta para la paz entre Israel y Palestina, contemplamos con desazón el papel periférico al que se ha relegado a Europa en la actual fase del proceso. Creemos que tiene un papel decisivo que desempeñar en el proceso de paz en Oriente Medio. Para ello, debe convertirse verdaderamente en un “amigo y aliado de confianza” no sólo de una sino de ambas partes: Israel y los palestinos.

Atentamente,

JOSÉ MARÍA AZNAR – Expresidente del Gobierno de España.
LORD DAVID TRIMBLE – Ex primer ministro de Irlanda del Norte. Premio Nobel de la Paz 1998.
LUIS ALBERTO LACALLE – Expresidente de Uruguay.
ALEXANDER DOWNER – Exministro de Asuntos Exteriores de Australia.
BILL RICHARDSON – Exgobernador de Nuevo Mexico.
GEORGE WEIGEL- Miembro Distinguido del Ethics and Public Policy Center.
FIAMMA NIRENSTEIN – Ex vicepresidenta del Comité de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados italiano.
ANDREW ROBERTS – Historiador y escritor británico.
CARLOS BUSTELO – Exministro de Industria de España.
ROBERTO F. AGOSTINELLI – Director ejecutivo del Grupo Rhone.
LORD WEIDENFELD OF CHELSEA – Miembro de la Cámara de los Lores.
CARLOS ALBERTO MONTANER – Periodista y escritor cubano.
Col. RICHARD KEMP – Excomandante británico.