Contextos

Canadá se mantiene firme frente a Irán

Por Sheryl Saperia 

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"Ottawa parece decidida a lanzar advertencias realistas sobre la amenaza que un Irán con armas nucleares supone para la seguridad internacional"

Canadá ha adoptado una postura pública firme respecto al acuerdo provisional alcanzado el pasado domingo entre el P5+1 e Irán. El ministro de Exteriores, John Baird, expresó así su gran escepticismo respecto a las intenciones iraníes de abandonar su programa armamentístico nuclear:

Tenemos una política exterior hecha en Canadá. Creemos que las acciones pasadas predicen acciones futuras, e Irán ha desafiado al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y a la Organización Internacional de energía Atómica. Dicho claramente: Irán no se ha ganado el derecho a que se le conceda el beneficio de la duda.

Baird ha anunciado que, hasta que no se verifique que Irán está cumpliendo con sus compromisos internacionales, se mantendrán las sanciones canadienses, aplicadas fundamentalmente en virtud del SEMA, Special Economic Measures Act (“Ley de Medidas Económicas Especiales”) desde 2010.

La decisión de disentir del P5+1 debe considerarse en el contexto más amplio de las políticas del Gobierno conservador de derecha del primer ministro Stephen Harper, que, por lo general, ha adoptado la línea dura en cuestiones de política exterior, seguridad pública y derechos humanos universales. En lo relativo al programa de Seguridad Pública, por ejemplo, el Gobierno Harper ha sido muy decidido en su lucha contra el terrorismo. En particular, aprobó la Ley de Justicia para las Víctimas del Terrorismo, que permite a dichas víctimas presentar demandas civiles contra patrocinadores del terrorismo, tanto local como de Estado, y clasificó a Irán como Estado patrocinador del terrorismo.

A su vez, en los últimos años, Canadá ha mostrado menos fe en la eficacia del sistema de Naciones Unidas. Tenga o no razón, eso demuestra que hay una identidad canadiense que va más allá de seguir a la opinión internacional mayoritaria. Esto puede explicar el comentario inicial de Baird del pasado domingo: “Tenemos una política exterior hecha en Canadá”.

Si el régimen de sanciones internacionales comienza a desmoronarse como consecuencia del acuerdo de Ginebra, las sanciones canadienses, por sí solas, perjudicarán en poco a la economía iraní, está claro. Pero eso no significa que Canadá carezca de voz. Ottawa parece decidida a lanzar advertencias realistas sobre la amenaza que un Irán con armas nucleares supone para la seguridad internacional.

Como advirtió Baird, “eso también dañaría la integridad de décadas de trabajo en pro de la no proliferación nuclear. Provocaría que otros Estados vecinos desarrollaran sus propias [medidas] disuasorias nucleares”.

Y eso es justo lo que Canadá trata de evitar.

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