Contextos

Campos de refugiados palestinos convertidos en arsenales

Por Jaled Abu Toameh 

Kefia palestina.
"Los 120.000 palestinos que viven en Ain al Hilweh son 'desafortunados' porque no están siendo atacados por Israel. De no ser así, cundiría la indignación a escala mundial y el Consejo de Seguridad ya habría celebrado una sesión de emergencia para condenar a Israel y exigir un inmediato cese de las hostilidades""Yarmuk, Nar al Bared y Ain al Hilweh siguen pagando un precio elevadísimo por acceder a convertirse en bases militares. La mayoría de los campamentos palestinos del Líbano y Siria funcionan desde hace tiempo como grandes arsenales controlados por diversas milicias pertenecientes a varios grupos""En vez de admitir su responsabilidad por convertir los campamentos en bases militares, los líderes palestinos suelen preferir culpar a otros del sufrimiento de su pueblo, preferentemente a Israel"

Una vez más, los palestinos están pagando un alto precio por consentir que grupos terroristas y bandas armadas campen a sus anchas en sus comunidades. Pero esta vez no está sucediendo en un campo de refugiados de la Margen Occidental o la Franja de Gaza, sino en el Líbano, uno de los tres países árabes que acogen a cientos de miles de palestinos.

Eso explica por qué los medios y organizaciones humanitarias internacionales han mostrado escaso interés por lo que está ocurriendo en el mayor de los campos de refugiados del Líbano, Ain al Hilweh.

Durante las dos últimas semanas, decenas de familias palestinas de este campamento han abandonado sus hogares tras los violentos enfrentamientos entre milicianos de Fatah y terroristas pertenecientes a un grupo radical islamista afiliado a Al Qaeda y el Estado Islámico. Está claro que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no se ha enterado de dichos enfrentamientos. Por eso ni siquiera ha hecho público un comunicado en el que manifieste su “preocupación” por la difícil situación que atraviesan los palestinos de Ain al Hilweh.

Por su parte, los medios internacionales han mostrado, por el momento, escaso interés en la noticia. ¿Por qué? La respuesta, como siempre, es sencilla: no hay implicación israelí.

Los 120.000 palestinos que viven en Ain al Hilweh son desafortunados porque no están siendo atacados por Israel. De no ser así, cundiría la indignación a escala mundial y el Consejo de Seguridad ya habría celebrado una sesión de emergencia para condenar a Israel y exigir un inmediato cese de las hostilidades. Pero como no puede culparse a Israel, los palestinos que matan a otros palestinos no son algo que interese a los medios y a la comunidad internacional.

Los enfrentamientos en Ain al Ahilweh han ocasionado, hasta ahora, la muerte de cuatro milicianos de Fatah. Al menos 35 personas han resultado heridas en los combates, que han sido descritos como los peores de los últimos años. Según testigos presenciales, los bandos rivales han empleado armas de diversos tipos para atacarse, incluso granadas propulsadas por cohetes.

Los cuatro muertos han sido identificados como Fadi Jdeir, Alá Ozmán, Rabi Mashur y Husein al Saleh.

La última serie de combates en Ain al Hilweh comenzó después de que terroristas islamistas trataran infructuosamente de asesinar a Abu Ashraf al Armushi, un alto mando de las fuerzas de seguridad de Fatah. Anteriormente, los terroristas habían logrado asesinar a otro alto mando de Fatah, Talal al Urduni.

Los campamentos de refugiados palestinos del Líbano siempre han sido considerados zonas extraterritoriales, gestionadas exclusivamente por diversos grupos armados. La Policía y el Ejército libaneses no intervienen en absoluto en el mantenimiento de la ley y el orden. Como sucede en la mayoría de los casos en que se han producido enfrentamientos armados en los campamentos, lo único que puede hacer el Ejército libanés es vigilar la situación desde lejos.

Sin embargo, en 2007 el Ejército libanés se vio obligado a intervenir para detener los choques en otro campo, Nar al Bared. Decenas de personas, muchas de ellas soldados, murieron en los enfrentamientos, que supuso la destrucción casi total del campamento. Cerca de 30.000 personas se vieron desplazadas y Nar al Bared sigue siendo en la actualidad zona militar vedada.

Los habitantes de Ain al Hilweh temen que les ocurra lo mismo que a los refugiados de Yarmuk, en Siria. Dicho campamento llegó a albergar 200.000 palestinos. Actualmente, su número de habitantes ha descendido a 12.000. Cientos de los refugiados han muerto o resultado heridos en los feroces combates entre milicias rivales que se han librado en los últimos cuatro años. El Ejército sirio también ha estado lanzando bombas de barril sobre el campamento casi cada semana.

Yarmuk, Nar al Bared y Ain al Hilweh siguen pagando un precio elevadísimo por acceder a convertirse en bases militares. La mayoría de los campamentos palestinos del Líbano y Siria funcionan desde hace tiempo como grandes arsenales controlados por diversas milicias pertenecientes a varios grupos. Esto ha sucedido mientras la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), que formalmente está a cargo de los campamentos de refugiados, sigue mirando para otro lado.

Como demuestran los enfrentamientos de Ain al Hilweh, los palestinos han vuelto a ser víctimas de lo que muchos describen como el caos de las armas. Fue esta clase de anarquía lo que permitió que Hamás expulsara a la Autoridad Palestina de Gaza en 2007. Los campamentos de refugiados de la Margen Occidental y de la Franja también están repletos de armas y de pistoleros pertenecientes a varios grupos, entre ellos Fatah y Hamás.

Maher al Shawish, un escritor y analista político palestino del Líbano, afirma que Ain al Hilweh afronta una grave crisis humanitaria debido a los enfrentamientos que están teniendo lugar:

Al ver la destrucción que hay en el campamento, uno se da cuenta de que afronta una verdadera catástrofe que debe ser detenida de inmediato. Los enfrentamientos son una vergüenza para la causa palestina.

Pero en vez de admitir su responsabilidad por convertir los campamentos en bases militares, los líderes palestinos suelen preferir culpar a otros del sufrimiento de su pueblo, preferentemente a Israel.

Puede que Ain al Hilweh caiga pronto en manos de los terroristas de Al Qaeda y el Estado Islámico. Pero en vez de hacer frente a esta amenaza y llamar a la comunidad internacional para que ayude a frustrar los planes de los terroristas, el general Subi Abu Arab, un alto mando de las fuerzas de seguridad de Fatah en el Líbano, prefirió hacer responsable a Israel. Ni que decir tiene que los israelíes no tienen nada que ver con la última serie de enfrentamientos en Ain al Hilweh o con el caos de las armas en los campamentos de refugiados palestinos.

Aun así, mandos palestinos como Abu Arab nunca pierden la ocasión de culpar a Israel. Siguen mintiendo a su pueblo, afirmando que Israel está tras el Estado Islámico. Al referirse a los enfrentamientos en Ain al Hilweh, el general no tuvo problema en ofrecer la siguiente explicación:

Es un plan sionista para eliminar el derecho de retorno, desplazar a los palestinos y crear problemas en el campamento mediante una quinta columna.

Mientras los líderes árabes y palestinos sigan creyendo en teorías de la conspiración y se nieguen a abrir los ojos a la realidad de la peligrosa situación existente en los campos de refugiados, los palestinos de Ain al Hilweh, como los de Yarmuk, afrontarán un futuro muy negro, por desgracia.

© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio